I MACABEOS

 

I Macabeos   1

         1        Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de Kittim, derrotó a Darío, rey de los persas y los medos, y reinó en su lugar, empezando por la Hélada.

         2        Suscitó muchas guerras, se apoderó de plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra.

         3        Avanzó hasta los confines del mundo y se hizo con el botín de multitud de pueblos. La tierra enmudeció en su presencia  y su corazón se ensoberbeció y se llenó de orgullo.

         4        Juntó un ejército potentísimo y ejerció el mando sobre tierras, pueblos y príncipes, que le pagaban tributo.

 

         5        Después, cayó enfermo y cononció que se moría.

         6        Hizo llamar entonces a sus servidores, a los nobles que con él se habían criado desde su juventud, y antes de morir, repartió entre ellos su reino.

         7        Reinó Alejandro doce años y murió.

         8        Sus servidores entraron en posesión del poder, cada uno en su región.

         9        Todos a su muerte se ciñeron la diadema y sus hijos después de ellos durante largos años; y multiplicaron los males  sobre la tierra.

         10      De ellos surgió un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado como rehén en Roma. Subió al trono el año 137 del imperio de los griegos.

 

         11      En aquellos días surgieron de Israel unos hijos rebeldes que sedujeron a muchos diciendo: «Vamos, concertemos alianza con los pueblos que nos rodean, porque desde que nos separamos de ellos, nos han sobrevenido muchos males.»

         12      Estas palabras parecieron bien a sus ojos,

         13      y algunos del pueblo se apresuraron a acudir donde el rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres  de los gentiles.

         14      En consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos,

 

         15      rehicieron sus prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los gentiles, y se vendieron para obrar el mal.

         16      Antíoco, una vez asentado en el reino, concibió el proyecto de reinar sobre el país de Egipto para ser rey de ambos reinos.

         17      Con un fuerte ejército, con carros, elefantes, (jinetes) y numerosa flota, entró en Egipto

         18      y trabó batalla con el rey de Egipto, Tolomeo. Tolomeo rehuyó su presencia y huyó; muchos cayeron heridos.

 

         19      Ocuparon las ciudades fuertes de Egipto y Antíoco se alzó con los despojos del país.

         20      El año 143, después de vencer a Egipto, emprendió el camino de regreso. Subió contra Israel y llegó a Jerusalén con un fuerte ejército.

         21      Entró con insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz con todos sus accesorios,

         22      la mesa de la proposición, los vasos de las libaciones, las copas, los incensarios de oro, la cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la fachada del Templo.

 

         23      Se apropió también de la plata, oro, objetos de valor y de cuantos tesoros ocultos pudo encontrar.

         24      Tomándolo todo, partió para su tierra después de derramar mucha sangre y de hablar con gran insolencia.

         25      En todo el país hubo gran duelo por Israel.

         26      Jefes y ancianos gimieron,          languidecieron doncellas y jóvenes,          la belleza de las mujeres se marchitó.

         27      El recién casado entonó un canto de dolor,          sentada en el lecho nupcial, la esposa lloraba.

 

         28      Se estremeció la tierra por sus habitantes,          y toda la casa de Jacob se cubrió de vergüenza.

         29      Dos años después, envió el rey a las ciudades de Judá al Misarca, que se presentó en Jerusalén con un fuerte ejército.

         30      Habló dolosamente palabras de paz y cuando se hubo ganado la confianza, cayó de repente sobre la ciudad y le asestó  un duro golpe matando a muchos del pueblo de Israel.

         31      Saqueó la ciudad, la incendió y arrasó sus casas y la muralla que la rodeaba.

 

         32      Sus hombres hicieron cautivos a mujeres y niños y se adueñaron del ganado.

         33      Después reconstruyeron la Ciudad de David con una muralla grande y fuerte, con torres poderosas, y la hicieron su Ciudadela.

         34      Establecieron allí una raza pecadora de rebeldes, que en ella se hicieron fuertes.

         35      La proveyeron de armas y vituallas y depositaron en ella el botín que habían reunido del saqueo de Jerusalén. Fue  un peligroso lazo.

         36      Se convirtió en asechanza contra el santuario,          en adversario maléfico para Israel en todo tiempo.

 

         37      Derramaron sangre inocente en torno al santuario y lo profanaron.

         38      Por ellos los habitantes de Jerusalén huyeron;          vino a ser ella habitación de extraños,          extraña para los que en ella nacieron,          pues sus hijos la abandonaron.

         39      Quedó su santuario desolado como un desierto,          sus fiestas convertidas en duelo,          sus sábados en irrisión,          su honor en desprecio.

         40      A medida de su gloria creció su deshonor,          su grandeza se volvió aflicción.

 

         41      El rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo

         42      y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto real

         43      y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado.

         44      También a Jerusalén y a la ciudades de Judá hizo el rey llegar, por medio de mensajeros, el edicto que ordenaba seguir costumbres extrañas al país.

         45      Debían suprimir en el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar sábados y fiestas;

 

         46      mancillar el santuario y lo santo;

         47      levantar altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y animales impuros;

         48      dejar a sus hijos incircuncisos; volver abominables sus almas con toda clase de impurezas y profanaciones,

         49      de modo que olvidasen la Ley y cambiasen todas sus costumbres.

         50      El que no obrara conforme a la orden del rey, moriría.

         51      En el mismo tono escribió a todo su reino, nombró inspectores para todo el pueblo, y ordenó a las ciudades de Judá que en cada una de ellas se ofrecieran sacrificios.

 

         52      Muchos del pueblo, todos los que abandonaban la Ley, se unieron a ellos. Causaron males al país

         53      y obligaron a Israel a ocultarse en toda suerte de refugios.

         54      El día quince del mes de Kisléu del año 145 levantó el rey sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en las ciudades de alrededor de Judá.

         55      A las puertas de las casas y en las plazas quemaban incienso.

         56      Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar.

 

         57      Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, la decisión del rey le condenaba a muerte.

         58      Actuaban violentamente contra los israelitas que sorprendían un mes y otro en las ciudades;

         59      el día veinticinco de cada mes ofrecían sacrificios en el ara que se alzaba sobre el altar de los holocaustos.

         60      A las mujeres que hacían circuncidar a sus hijos las llevaban a la muerte, conforme al edicto,

 

         61      con sus criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y los que habían efectuado la circuncisión.

         62      Muchos en Israel se mantuvieron firmes y se resistieron a comer cosa impura.

         63      Prefirieron morir antes que contaminarse con aquella comida y profanar la alianza santa; y murieron.

         64      Inmensa fue la Cólera que descargó sobre Israel.

 

 

   

 

 

I Macabeos   2

         1        Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.

         2        Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;

         3        Simón, llamado Tasí;

         4        Judas, llamado Macabeo;

         5        Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.

         6        Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,

         7        exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños?

 

         8        Ha quedado su Templo como hombre sin honor,

         9        los objetos que eran su gloria, llevados como botín,          muertos en las plazas sus niños,          y sus jóvenes por espada enemiga.

         10      ¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino

         11      y a entrar en posesión de sus despojos?      Todos sus adornos le han sido arrancados          y de libre que era, ha pasado a ser esclava.

         12      Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto,          miradlo profanado de los gentiles.

 

         13      ¿Para qué vivir más?»

         14      Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un profundo dolor.

         15      Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios.

         16      Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados.

         17      Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad y estás bien apoyado de hijos y hermanos.

 

         18      Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de  Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey, y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y muchas dádivas.»

         19      Matatías contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus padres y acaten sus órdenes,

 

         20      yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros padres.

         21      El Cielo nos guarde de abandonar la Ley y los preceptos.

         22      No obedeceremos las órdenes del rey para desviarnos de nuestro culto ni a la derecha ni a la izquierda.»

         23      Apenas había concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar  en el altar de Modín, conforme al decreto real.

         24      Al verle Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en justa cólera, corrió y le degolló sobre el altar.

 

         25      Al punto mató también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.

         26      Emuló en su celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.

         27      Luego, con fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la alianza, que me siga.»

         28      Y dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.

         29      Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí

 

         30      con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males duramente les oprimían.

         31      La gente del rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que unos  hombres que habían rechazado el mandato del rey habían bajado a los lugares ocultos del desierto.

         32      Muchos corrieron tras ellos y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del sábado.

         33      Les dijeron: «Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»

 

         34      Ellos les contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día de sábado.»

         35      Asaltados al instante,

         36      no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:

         37      «Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra nos son testigos de que nos matáis injustamente.»

         38      Les atacaron, pues, en sábado y murieron ellos, sus mujeres, hijos y ganados: unas mil personas.

         39      Lo supieron Matatías y sus amigos y sintieron por ellos gran pesar.

 

         40      Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.»

         41      Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «A todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado, le haremos frente para no morir todos como murieron nuestros hermanos en las cuevas.»

         42      Se les unió por entonces el grupo de los asideos, israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley.

 

         43      Además, todos aquellos que querían escapar de los males, se les juntaron y les ofrecieron su apoyo.

         44      Formaron así un ejército e hirieron en su ira a los pecadores, y a los impíos en su furor. Los restantes tuvieron que huir a tierra de gentiles buscando su salvación.

         45      Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares,

         46      obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel

         47      y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:

 

         48      arrancaron la Ley de mano de gentiles y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera.

         49      Los días de Matatías se acercaban a su fin. Dijo entonces a sus hijos: «Ahora reina la insolencia y la reprobación,          es tiempo de ruina y de violenta Cólera.

         50      Ahora, hijos, mostrad vuestro celo por la Ley;          dad vuestra vida por la alianza de nuestros padres.

         51      Recordad las gestas que en su tiempo nuestros padres realizaron;          alcanzaréis inmensa gloria, inmortal nombre.

 

         52      ¿No fue hallado Abraham fiel en la prueba          y se le reputó por justicia?

         53      José, en el tiempo de su angustia, observó la Ley          y vino a ser señor de Egipto.

         54      Pinjás, nuestro padre, por su ardiente celo,          alcanzó la alianza de un sacerdocio eterno.

         55      Josué, por cumplir su mandato,          llegó a ser juez en Israel.

         56      Caleb, por su testimonio en la asamblea,          obtuvo una herencia en esta tierra.

         57      David, por su piedad,          heredó un trono real para siempre.

 

         58      Elías, por su ardiente celo por la Ley,          fue arrebatado al cielo.

         59      Ananías, Azarías, Misael, por haber tenido confianza,          se salvaron de las llamas.

         60      Daniel por su rectitud,          escapó de las fauces de los leones.

         61      Advertid, pues, que de generación en generación          todos los que esperan en El jamás sucumben.

         62      No temáis amenazas de hombre pecador:          su gloria parará en estiércol y gusanos;

         63      estará hoy encumbrado y mañana no se le encontrará:          habrá vuelto a su polvo          y sus maquinaciones se desvanecerán.

 

         64      Hijos, sed fuertes y manteneos firmes en la Ley,          que en ella hallaréis gloria.

         65      Ahí tenéis a Simeón, vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él será vuestro padre.

         66      Tenéis a Judas Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y dirigirá la guerra contra  los pueblos.

         67      Vosotros, atraeos a cuantos obervan la Ley, vengad a vuestro pueblo,

         68      devolved a los gentiles el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»

 

         69      A continuación, les bendijo y fue a reunirse con sus padres.

         70      Murió el año 146 y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo gran duelo por él.

 

 

    

 

 

I Macabeos   3

         1        Se levantó en su lugar su hijo Judas, llamado Macabeo.

         2        Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le ofrecieron apoyo y sostuvieron con entusiasmo la guerra de Israel.

         3        El dilató la gloria de su pueblo;          como gigante revistió la coraza          y se ciñó sus armas de guerra.      Empeñó batallas,          protegiendo al ejército con su espada,

         4        semejante al león en sus hazañas,          como cachorro que ruge sobre su presa.

 

         5        Persiguió a los impíos hasta sus rincones,          dio a las llamas a los perturbadores de su pueblo.

         6        Por el miedo que les infundía, se apocaron los impíos,          se sobresaltaron todos los que obraban la iniquidad;          la liberación en su mano alcanzó feliz éxito.

         7        Amargó a muchos reyes,          regocijó a Jacob con sus hazañas;          su recuerdo será eternamente bendecido.

         8        Recorrió las ciudades de Judá,          exterminó de ellas a los impíos          y apartó de Israel la Cólera.

 

         9        Su nombre llegó a los confines de la tierra          y reunió a los que estaban perdidos.

         10      Apolonio reunió gentiles y una numerosa fuerza de Samaría para llevar la guerra a Israel.

         11      Judas, al tener noticia de ello, salió a su encuentro, le venció y le mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a la fuga.

         12      Recogido el botín, Judas tomó para sí la espada de Apolonio y en adelante entró siempre en combate con ella.

         13      Serón, general del ejército de Siria, al saber que Judas había congregado en torno suyo una multitud de fieles  y gente de guerra,

 

         14      se dijo: «Conseguiré un nombre y alcanzaré gloria en el reino atacando a Judas y a los suyos, que desprecian las  órdenes del rey.»

         15      Partió, pues, a su vez, y subió con él una poderosa tropa de impíos para ayudarle a tomar venganza de los hijos  de Israel.

         16      Cuando se aproximaba a la subida de Bet Jorón, le salió al encuentro Judas con unos pocos hombres.

         17      Al ver éstos el ejército que se les venía encima, dijeron a Judas: «¿Cómo podremos combatir, siendo tan pocos,  con una multitud tan poderosa? Además estamos extenuados por no haber comido hoy en todo el día.»

 

         18      Judas respondió: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos;

         19      que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo.

         20      Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruirnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos;

         21      nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes;

 

         22      El les quebrantará ante nosotros; no les temáis.»

         23      Cuando acabó de hablar, se lanzó de improviso sobre ellos y Serón y su ejército fueron derrotados ante él.

         24      Les persiguieron por la pendiente de Bet Jorón hasta la llanura. Unos ochocientos sucumbieron y los restantes huyeron al país de los filisteos.

         25      Comenzó a cundir el miedo a Judas y sus hermanos y el espanto se apoderó de los gentiles circunvecinos.

         26      Su nombre llegó hasta el rey y en todos los pueblos se comentaban las batallas de Judas.

 

         27      El rey Antíoco, al oír esto, se encendió en violenta ira; mandó juntar las fuerzas todas de su reino, un ejército poderosísimo;

         28      abrió su tesoro y dio a las tropas la soldada de un año con la orden de que estuviesen preparadas a todo evento.

         29      Entonces advirtió que se le había acabado el dinero del tesoro y que los tributos de la región eran escasos, debido a las revueltas y calamidades que él había provocado en el país al suprimir las leyes en vigor desde los primeros tiempos.

 

         30      Temió no tener, como otras veces, para los gastos y para los donativos que solía antes prodigar con larga mano, superando en ello a los reyes que le precedieron.

         31      Hallándose, pues, en tan grave aprieto, resolvió ir a Persia a recoger los tributos de aquellas provincias y reunir  mucho dinero.

         32      Dejó a Lisias, personaje de la nobleza y de la familia real, al frente de los negocios del rey desde el río Eufrates hasta la frontera de Egipto;

         33      le confió la tutela de su hijo Antíoco hasta su vuelta;

 

         34      puso a su disposición la mitad de sus tropas y los elefantes, y le dio orden de ejecutar cuanto había resuelto. En lo que tocaba a los habitantes de Judea y Jerusalén,

         35      debía enviar contra ellos un ejército que quebrantara y deshiciera las fuerzas de Israel y lo que quedaba de Jerusalén hasta borrar su recuerdo del lugar.

         36      Luego establecería extranjeros en todo su territorio y repartiría entre ellos sus tierras.

         37      El rey, tomando consigo la otra mitad del ejército, partió de Antioquía, capital de su reino, el año 147. Atravesó el río Eufrates y prosiguió su marcha a través de la región alta.

 

         38      Lisias eligió a Tolomeo, hijo de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, hombres poderosos entre los amigos del rey,

         39      y les envió con 40.000 infantes y 7.000 de a caballo a invadir el país de Judá y arrasarlo, como lo había mandado  el rey.

         40      Partieron con todo su ejército, llegaron y acamparon cerca de Emaús, en la Tierra Baja.

         41      Los mercaderes de la región, que oyeron hablar de ellos, tomaron grandes sumas de plata y oro, además de grilletes, y se fueron al campamento con intención de adquirir como esclavos a los hijos de Israel. Se les unió también una fuerza de Idumea y del país de los filisteos.

 

         42      Judas y sus hermanos comprendieron que la situación era grave: el ejército estaba acampado dentro de su territorio  y conocían la consigna del rey de destruir el pueblo y acabar con él.

         43      Y se dijeron unos a otros: «Levantemos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por nuestro pueblo y por el Lugar  Santo.»

         44      Se convocó la asamblea para prepararse a la guerra, hacer oración y pedir piedad y misericordia.

         45      Pero Jerusalén estaba despoblada como un desierto,          ninguno de sus hijos entraba ni salía;          conculcado el santuario,          hijos de extraños en la Ciudadela,          convertida en albergue de gentiles.      Había desaparecido la alegría de Jacob,          la flauta y la lira habían enmudecido.

 

         46      Por eso, una vez reunidos, se fueron a Masfá, frente a Jerusalén, porque tiempos atrás había habido en Masfá un lugar de oración para Israel.

         47      Ayunaron aquel día, se vistieron de sayal, esparcieron ceniza sobre la cabeza y rasgaron sus vestidos.

         48      Desenrollaron el libro de la Ley para buscar en él lo que los gentiles consultan a las imágenes de sus ídolos.

         49      Trajeron los ornamentos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron comparecer a los nazireos que habían  cumplido el tiempo de su voto.

 

         50      Levantaron sus clamores al Cielo diciendo: «¿Qué haremos con éstos? ¿A dónde los llevaremos?

         51      Tu Lugar Santo está conculcado y profanado, tus sacerdotes en duelo y humillación,

         52      y ahí están los gentiles coligados contra nosotros para exterminarnos. Tú conoces lo que traman contra nosotros.

         53      ¿Cómo podremos resistir frente a ellos si no acudes en nuestro auxilio?»

         54      Hicieron sonar las trompetas y prorrumpieron en grandes gritos.

         55      A continuación, Judas nombró jefes del pueblo: jefes de mil hombres, de cien, de cincuenta y de diez.

 

         56      A los que estaban construyendo casas, a los que acababan de casarse o de plantar viñas y a los cobardes, les mandó, conforme a la Ley, que se volvieran a sus casas.

         57      Luego, se puso en marcha el ejército y acamparon al sur de Emaús.

         58      Judas les dijo: «Preparaos, revestíos de valor y estad dispuestos mañana temprano para entrar en batalla con estos  gentiles que se han coligado contra nosotros para destruirnos y destruir nuestro Lugar Santo.

         59      Porque es mejor morir combatiendo que estarnos mirando las desdichas de nuestra nación y del Lugar Santo.

 

         60      Lo que el Cielo tenga dispuesto, lo cumplirá.»

 

 

   

 

 

I Macabeos   4

         1        Gorgias, tomando 5.000 hombres y mil jinetes escogidos, partió con ellos de noche

         2        para caer sobre el campamento de los judíos y vencerles por sopresa. La gente de la Ciudadela los guiaba.

         3        Pero lo supo Judas y salió él a su vez con sus guerreros con intención de batir al ejército real que quebada en Emaús

         4        mientras estaban todavía dispersas las tropas fuera del campamento.

         5        Gorgias llegó de noche al campamento de Judas y al no encontrar a nadie, los estuvo buscando por las montañas,  pues decía: «Estos van huyendo de nosotros.»

 

         6        Al rayar el día, apareció Judas en la llanura con 3.000 hombres. Sólo que no tenían las armas defensivas y las  espadas que hubiesen querido,

         7        mientras veían el campamento de los gentiles fuerte, bien atrincherado, rodeado de la caballería y todos diestros  en la guerra.

         8        Judas entonces dijo a los que con él iban: «No temáis a esa muchedumbre ni su pujanza os acobarde.

         9        Recordad cómo se salvaron nuestros padres en el mar Rojo, cuando Faraón les perseguía con su ejército.

 

         10      Clamemos ahora al Cielo, a ver si nos tiene piedad, recuerda la alianza de nuestros padres y quebranta hoy este  ejército ante nosotros.

         11      Entonces reconocerán todas las naciones que hay quien rescata y salva a Israel.»

         12      Los extranjeros alzaron los ojos y, viendo a los judíos que venían contra ellos,

         13      salieron del campamento a presentar batalla. Los soldados de Judas hicieron sonar la trompeta

         14      y entraron en combate. Salieron derrotados los gentiles y huyeron hacia la llanura.

 

         15      Los rezagados cayeron todos a filo de espada. Los persiguieron hasta Gázara y hasta las llanuras de Idumea, Azoto y Yamnia. Cayeron de ellos al pie de 3.000 hombres.

         16      Judas, al volver con su ejército de la persecución,

         17      dijo a su gente: «Contened vuestros deseos de botín, que otra batalla nos amenaza;

         18      Gorgias y su ejército se encuentran cerca de nosotros en la montaña. Haced frente ahora a nuestros enemigos y combatid con ellos; después podréis con tranquilidad haceros con el botín.»

 

         19      Apenas había acabado Judas de hablar, cuando se dejó ver un destacamento que asomaba por la montaña.

         20      Advirtieron éstos que los suyos habían huido y que el campamento había sido incendiado, como se lo daba a entender  el humo que divisaban.

         21      Viéndolo se llenaron de pavor y al ver por otro lado en la llanura el ejército de Judas dispuesto para el combate,

         22      huyeron todos al país de los filisteos.

         23      Judas se volvió entonces al campamento para saquearlo. Recogieron mucho oro y plata, telas teñidas en púrpura marina, y muchas otras riquezas.

 

         24      De regreso cantaban y bendecían al Cielo: "Porque es bueno, porque es eterno su amor."

         25      Hubo aquel día gran liberación en Israel.

         26      Los extranjeros que habían podido escapar se fueron donde Lisias y le comunicaron todo lo que había pasado.

         27      Al oírles quedó consternado y abatido porque a Israel no le había sucedido lo que él quería ni las cosas habían  salido como el rey se lo tenía ordenado.

         28      Al año siguiente, reunió Lisias 60.000 hombres escogidos y 5.000 jinetes para combatir contra ellos.

 

         29      Llegaron a Idumea y acamparon en Bet Sur. Judas fue a su encuentro con 10.000 hombres

         30      y cuando vio aquel poderoso ejército, oró diciendo: «Bendito seas, Salvador de Israel, que quebraste el ímpetu del poderoso guerrero por mano de tu siervo David y entregaste el ejército de los filisteos en manos de  Jonatán, hijo de Saúl, y de su escudero.

         31      Pon de la misma manera este ejército en manos de tu pueblo Israel y queden corridos de sus fuerzas y de su caballería.

 

         32      Infúndeles miedo, rompe la confianza que en su fuerza ponen y queden abatidos con su derrota.

         33      Hazles sucumbir bajo la espada de los que te aman, y entonen himnos en tu alabanza todos los que conocen tu nombre.»

         34      Vinieron a las manos y cayeron en el combate unos 5.000 hombres del ejército de Lisias.

         35      Al ver Lisias la derrota sufrida por su ejército y la intrepidez de los soldados de Judas, y cómo estaban resueltos a vivir o morir valerosamente, partió para Antioquía, donde reclutó mercenarios con ánimo de presentarse de nuevo en Judea con fuerzas más numerosas.

 

         36      Judas y sus hermanos dijeron: «Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el Lugar Santo y a  celebrar su dedicación.»

         37      Se reunió todo el ejército y subieron al monte Sión.

         38      Cuando vieron el santuario desolado, el altar profanado, las puertas quemadas, arbustos nacidos en los atrios como en un bosque o en un monte cualquiera, y las salas destruidas,

         39      rasgaron sus vestidos, dieron muestras de gran dolor y pusieron ceniza sobre sus cabezas.

 

         40      Cayeron luego rostro en tierra y a una señal dada por las trompetas, alzaron sus clamores al Cielo.

         41      Judas dio orden a sus hombres de combatir a los de la Ciudadela hasta terminar la purificación del Lugar Santo.

         42      Luego eligió sacerdotes irreprochables, celosos de la Ley,

         43      que purificaron el Lugar Santo y llevaron las piedras de la contaminación a un lugar inmundo.

         44      Deliberaron sobre lo que había de hacerse con el altar de los holocaustos que estaba profanado.

 

         45      Con buen parecer acordaron demolerlo para evitarse un oprobio, dado que los gentiles lo habían contaminado. Lo  demolieron, pues,

         46      y depositaron sus piedras en el monte de la Casa, en un lugar conveniente, hasta que surgiera un profeta que diera  respuesta sobre ellas.

         47      Tomaron luego piedras sin labrar, como prescribía la Ley, y contruyeron un nuevo altar como el anterior.

         48      Repararon el Lugar Santo y el interior de la Casa y santificaron los atrios.

 

         49      Hicieron nuevos objetos sagrados y colocaron dentro del templo el candelabro, el altar del incienso y la mesa.

         50      Quemaron incienso sobre el altar y encendieron las lámparas del candelabro, que lucieron en el Templo.

         51      Pusieron panes sobre la mesa, colgaron las cortinas y dieron fin a la obra que habían emprendido.

         52      El día veinticinco del noveno mes, llamado Kisléu, del año 148, se levantaron al romper el día

         53      y ofrecieron sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían construido un sacrificio conforme a la Ley.

 

         54      Precisamente fue inaugurado el altar, con cánticos, cítaras, liras y címbalos, en el mismo tiempo y el mismo día en que los gentiles la habían profanado.

         55      El pueblo entero se postró rostro en tierra, y adoró y bendijo al Cielo que los había conducido al triunfo.

         56      Durante ocho días celebraron la dedicación del altar y ofrecieron con alegría holocaustos y el sacrificio de comunión y acción de gracias.

         57      Adornaron la fachada del Templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las entradas y las salas y les pusieron puertas.

 

         58      Hubo grandísima alegría en el pueblo, y el ultraje inferido por los gentiles quedó borrado.

         59      Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, decidió que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Kisléu, se celebrara con alborozo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar.

         60      Por aquel tiempo, levantaron en torno al monte Sión altas murallas y fuertes torres, no fuera que otra vez se presentaran como antes los gentiles y lo pisotearan.

 

         61      Puso Judas allí una guarnición que lo defendiera y para que el pueblo tuviese una fortaleza frente a Idumea, fortificó Bet Sur.

 

Continua…