ISAÍAS

Isaías 1

1  Visión que Isaías, hijo de Amós, vio tocante a Judá y Jerusalén en tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.

2  Oíd, cielos, escucha, tierra,          que habla Yahveh;          «Hijos crié y saqué adelante,          y ellos se rebelaron contra mí.

3  Conoce el buey a su dueño,          y el asno el pesebre de su amo.      Israel no conoce,          mi pueblo no discierne.»

4  ¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa.          semilla de malvados, hijos de perdición!      Han dejado a Yahveh, han despreciado al Santo de Israel,          se han vuelto de espaldas.

5  ¿En dónde golpearos ya,          si seguís contumaces?      La cabeza toda está enferma, toda entraña doliente.

6  De la planta del pie a la cabeza no hay en él cosa sana:          golpes, magulladuras y heridas frescas,          ni cerradas, ni vendadas,          ni ablandadas con aceite.

7  Vuestra tierra es desolación, vuestras ciudades, hogueras de fuego;          vuestro suelo delante de vosotros extranjeros se lo             comen,          y es una desolación como devastación de extranjeros.

8  Ha quedado la hija de Sión          como cobertizo en viña,          como albergue en pepinar,          como ciudad sitiada.

9  De no habernos dejado Yahveh Sebaot un residuo minúsculo,          como Sodoma seríamos,          a Gomorra nos pareceríamos.

10 Oíd una palabra de Yahveh,          regidores de Sodoma.      Escuchad una instrucción de nuestro Dios,          pueblo de Gomorra.

11 «¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro?          - dice Yahveh -.      Harto estoy de holocaustos de carneros y de sebo de             cebones;          y sangre de novillos y machos cabríos no me agrada,

12 cuando venís a presentaros ante mí.          ¿Quién ha solicitado de vosotros esa pateadura de mis             atrios?

13 No sigáis trayendo oblación vana:          el humo del incienso me resulta detestable.      Novilunio, sábado, convocatoria:          no tolero falsedad y solemnidad.

14 Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma:          me han resultado un gravamen          que me cuesta llevar.

15 Y al extender vosotros vuestras palmas,          me tapo los ojos por no veros.      Aunque menudeéis la plegaria,          yo no oigo.      Vuestras manos están de sangre llenas:

16 lavaos, limpiaos,          quitad vuestras fechorías de delante de mi vista,          desistid de hacer el mal,

17 aprended a hacer el bien,          buscad lo justo,          dad sus derechos al oprimido,          haced justicia al huérfano,          abogad por la viuda.

18 Venid, pues, y disputemos          - dice Yahveh -:      Así fueren vuestros pecados como la grana,          cual la nieve blanquearán.      Y así fueren rojos como el carmesí,          cual la lana quedarán.

 

19 Si aceptáis obedecer,          lo bueno de la tierra comeréis.

20 Pero si rehusando os oponéis,          por la espada seréis devorados,          que ha hablado la boca de Yahveh.

21 ¡Cómo se ha hecho adúltera          la villa leal!      Sión llena estaba de equidad,          justicia se albergaba en ella,          pero ahora, asesinos.

22 Tu plata se ha hecho escoria.      Tu bebida se ha aguado.

23 Tus jefes, revoltosos          y aliados con bandidos.      Cada cual ama el soborno          y va tras los regalos.      Al huérfano no hacen justicia,          y el pleito de la viuda no llega hasta ellos.

24 Por eso - oráculo del Señor Yahveh Sebaot,          el Fuerte de Israel -:          ¡Ay! Voy a desquitarme de mis contrarios,          voy a vengarme de mis enemigos.

25 Voy a volver mi mano contra ti          y purificaré al crisol tu escoria,          hasta quitar toda tu ganga.

26 Voy a volver a tus jueces como eran al principio,          y a tus consejeros como antaño.      Tras de lo cual se te llamará Ciudad de Justicia,      Villa-leal.

27 Sión por la equidad será rescatada,          y sus cautivos por la justicia.

28 Padecerán quebranto rebeldes y pecadores a una,          y los desertores de Yahveh se acabarán.

29 Porque os avergonzaréis de las encinas que anhelabais,          y os afrentaréis de los jardines          que preferíais.

30 Porque seréis como encina          que se le cae la hoja,          y como jardín          que a falta de agua está.

31 El hombre fuerte se volverá estopa,          y su trabajo, chispa:          arderán ambos a una,          y no habrá quien apague.

 

Isaías 2

1  Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.

2  Sucederá en días futuros          que el monte de la Casa de Yahveh          será asentado en la cima de los montes          y se alzará por encima de las colinas.      Confluirán a él todas las naciones,

3  y acudirán pueblos numerosos. Dirán:          «Venid, subamos al monte de Yahveh,          a la Casa del Dios de Jacob,          para que él nos enseñe sus caminos          y nosotros sigamos sus senderos.»      Pues de Sión saldrá la Ley,          y de Jerusalén la palabra de Yahveh.

4  Juzgará entre las gentes,          será árbitro de pueblos numerosos.      Forjarán de sus espadas azadones,          y de sus lanzas podaderas.      No levantará espada nación contra nación,          ni se ejercitarán más en la guerra.

5  Casa de Jacob, andando, y vayamos,          caminemos a la luz de Yahveh.

6  Has desechado a tu pueblo,          la Casa de Jacob,          porque estaban llenos de adivinos          y evocadores, como los filisteos,          y con extraños chocan la mano;

7  se llenó su tierra de plata y oro,          y no tienen límite sus tesoros;          se llenó su tierra de caballos,          y no tienen límite sus carros;

8  se llenó su tierra de ídolos,          ante la obra de sus manos se inclinan,          ante lo que hicieron sus dedos.

9  Se humilla el hombre, y se abaja el varón:          pero no les perdones.

10 Entra en la peña,          húndete en el polvo,          lejos de la presencia pavorosa de Yahveh          y del esplendor de su majestad,          cuando él se alce          para hacer temblar la tierra.

11 Los ojos altivos del hombre serán abajados,          se humillará la altanería humana,          y será exaltado Yahveh solo          en aquel día.

12 Pues será aquel día de Yahveh Sebaot          para toda depresión, que sea enaltecida,          y para todo lo levantado, que será rebajado:

13 contra todos los cedros del Líbano altos y elevados,          contra todas las encinas del Basán,

14 contra todos los montes altos,          contra todos los cerros elevados,

 

15 contra toda torre prominente,          contra todo muro inaccesible,

16 contra todas las naves de Tarsis,          contra todos los barcos cargados de tesoros.

17 Se humillará la altivez del hombre,          y se abajará la altanería humana;          será exaltado Yahveh solo, en aquel día,

18 y los ídolos completamente abatidos.

19 Entrarán en las grietas de las peñas          y en las hendiduras de la tierra,          lejos de la presencia pavorosa de Yahveh          y del esplendor de su majestad,          cuando él se alce          para hacer temblar la tierra.

20 Aquel día arrojará el hombre a los musgaños y a los topos los ídolos de plata y los ídolos de oro que él se hizo  para postrarse ante ellos,

21 y se meterá en los agujeros de las peñas          y en las hendiduras de las piedras,          lejos de la presencia pavorosa de Yahveh          y del esplendor de su majestad,          cuando él se alce          para hacer temblar la tierra.

22 Desentendeos del hombre,          en cuya nariz sólo hay aliento,          porque ¿qué vale él?

 

Isaías 3

1  Pues he aquí que el Señor Yahveh Sebaot          está quitando de Jerusalén y de Judá          todo sustento y apoyo:          (todo sustento de pan y todo sustento de agua);

2  el valiente y el guerrero, el juez y el profeta,          el augur y el anciano,

3  el jefe de escuadra y el favorito,          el consejero, el sabio hechicero y el hábil             encantador.

4  Les daré mozos por jefes,          y mozalbetes les dominarán.

5  Querrá mandar la gente, cada cual en cada cual, los unos a los otros          y cada cual en su compañero.      Se revolverá el mozo contra el anciano,          y el vil contra el hombre de peso.

6  Pues agarrará uno a su hermano          al de su mismo apellido, diciéndole:          «Túnica gastas: príncipe nuestro seas,          toma a tu cargo esta ruina.»

7  Pero el otro exclamará aquel día:          «No seré vuestro médico;          en mi casa no hay pan ni túnica:          no me pongáis por príncipe del pueblo.» 

8  Así que tropezó Jerusalén,          y Judá ha caído;          pues sus lenguas y sus fechorías a Yahveh han llegado,                      irritando los ojos de su majestad.

9  La expresión de su rostro les denuncia,          y sus pecados como Sodoma manifiestan,          no se ocultan.          ¡Ay de ellos,          porque han merecido su propio mal!

10 Decid al justo que bien,          que el fruto de sus acciones comerá.

11 ¡Ay del malvado! que le irá mal,          que el mérito de sus manos se le dará.

12 A mi pueblo le oprime un mozalbete,          y mujeres le dominan.      Pueblo mío, tus regidores vacilan          y tus derroteros confunden.

13 Se levanta a pleitear Yahveh          y está en pie para juzgar a los pueblos.

14 Yahveh demanda en juicio          a los ancianos de su pueblo y a sus jefes.          «Vosotros habéis incendiado la viña,          el despojo del mísero tenéis en vuestras casas.

15 Pero ¿qué os importa? Machacáis a mi pueblo          y moléis el rostro de los pobres»          - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.

16 Dice Yahveh:          «Por cuanto son altivas          las hijas de Sión,          y andan con el cuello estirado          y guiñando los ojos,          y andan a pasitos menudos,          y con sus pies hacen tintinear las ajorcas»,

17 rapará el Señor el cráneo de las hijas de Sión,          y Yahveh destapará su desnudez.

18 Aquel día quitará el Señor el adorno de las ajorcas, los solecillos y las lunetas;

19 los aljófares, las lentejuelas y los cascabeles;

20 los peinados, las cadenillas de los pies, los ceñidores, los pomos de olor y los amuletos,

21 los anillos y aretes de nariz;

22 los vestidos preciosos, los mantos, los chales, los bolsos,

23 los espejos, las ropas finas, los turbantes y las mantillas.

24 Por debajo del bálsamo habrá hedor,          por debajo de la faja, soga,          por debajo de la peluca, rapadura,          y por debajo del traje, refajo de arpillera.          y por debajo de la hermosura, vergüenza.

25 Tus gentes a espada caerán,          y tus campeones en guerra.

26 Y darán ayes y se dolerán a las puertas,          y tú, asolada, te sentarás por tierra.

 

Isaías 4

1  Asirán siete mujeres          a un hombre en aquel día diciendo:          «Nuestro pan comeremos,          y con nuestras túnicas nos vestiremos.      Tan sólo déjanos llevar tu nombre:          quita nuestro oprobio.»

2  Aquel día el germen de Yahveh          será magnífico y glorioso,          y el fruto de la tierra          será la prez y ornato          de los bien librados de Israel.

3  A los restantes de Sión          y a los que quedaren de Jerusalén,          se les llamará santos:          serán todos los apuntados          como vivos en Jerusalén.

4  Cuando haya lavado el Señor          la inmundicia de las hijas de Sión,          y las manchas de sangre de Jerusalén haya limpiado          del interior de ella con viento justiciero y viento             abrasador,

5  creará Yahveh          sobre todo lugar del monte de Sión          y sobre toda su reunión,          nube y humo de día,          y resplandor de fuego llameante de noche.      Y por encima la gloria de Yahveh          será toldo

6  y tienda          para sombra contra el calor diurno,          y para abrigo y reparo contra el aguacero y la lluvia.

 

Isaías 5

1  Voy a cantar a mi amigo          la canción de su amor por su viña.      Una viña tenía mi amigo          en un fértil otero.

2  La cavó y despedregó,          y la plantó de cepa exquisita.      Edificó una torre en medio de ella,          y además excavó en ella un lagar.      Y esperó que diese uvas,          pero dio agraces.

3  Ahora, pues, habitantes de Jerusalén          y hombres de Judá,          venid a juzgar entre mi viña y yo:

4  ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña,          que no se lo haya hecho yo?      Yo esperaba que diese uvas.          ¿Por qué ha dado agraces?

5  Ahora, pues, voy a haceros saber,          lo que hago yo a mi viña:          quitar su seto, y será quemada;          desportillar su cerca, y será pisoteada.

6  Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde.          crecerá la zarza y el espino,          y a las nubes prohibiré          llover sobre ella.

7  Pues bien, viña de Yahveh Sebaot          es la Casa de Israel,          y los hombres de Judá          son su plantío exquisito.      Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad;          honradez, y hay alaridos.

8  ¡Ay, los que juntáis casa con casa,          y campo a campo anexionáis,          hasta ocupar todo el sitio          y quedaros solos en medio del país!

9  Así ha jurado a mis oídos Yahveh Sebaot:          «¡Han de quedar desiertas muchas casas;          grandes y hermosas,          pero sin moradores!

10 Porque diez yugadas de viña darán sólo una medida,          y una carga de simiente producirá una medida.»

11 ¡Ay, los que despertando por la mañana          andan tras el licor;          los que trasnochan,          encandilados por el vino!

12 Sólo hay arpas y cítaras,          pandero y flauta en sus libaciones,          y no contemplan la obra de Yahveh,          no ven la acción de sus manos.

13 Por eso fue deportado mi pueblo          sin sentirlo,          sus notables estaban muertos de hambre,          y su plebe se resecaba de sed.

14 Por eso ensanchó el seol su seno          dilató su boca sin medida,          y a él baja su nobleza y su plebe          y su turba gozosa.

15 Se humilla el hombre, se abaja el varón,          los ojos de los altivos son abajados;

16 es ensalzado Yahveh Sebaot en juicio,          el Dios Santo muestra su santidad por su justicia.

17 Pacerán los corderos como en su pastizal,          y entre las ruinas gordos cabritos ramonearán.

18 ¡Ay, los que arrastran la culpa          con coyundas de engaños          y el pecado          como con bridas de novilla!

19 Los que dicen: «¡Listo, apresure su acción,          de modo que la veamos.      Acérquese          y venga el plan del Santo de Israel,          y que lo sepamos!»

20 ¡Ay, los que llaman al mal bien,          y al bien mal;          que dan oscuridad por luz,          y luz por oscuridad;          que dan amargo por dulce,          y dulce por amargo!

21 ¡Ay, los sabios a sus propios ojos,          y para sí mismos discretos!

22 ¡Ay, los campeones en beber vino,          los valientes para escanciar licor,

23 los que absuelven al malo por soborno          y quitan al justo su derecho.

24 Tal devora las espigas una lengua de fuego          y el heno en llamas se derrumba:          la raíz de ellos será como podre,          y su flor subirá como tamo.      Pues recusaron la enseñanza de Yahveh Sebaot          y despreciaron el dicho del Santo de Israel.

25 Por eso se ha encendido la ira de Yahveh contra su pueblo,          extendió su mano sobre él y le golpeó.      Y mató a los príncipes: sus cadáveres yacían          como basura en medio de las calles.      Con todo eso, no se ha calmado su ira,          y aún sigue extendida su mano.

26 Iza bandera a un pueblo desde lejos          y le silba desde los confines de la tierra:          vedlo aquí, rápido, viene ligero.

27 No hay en él quien se canse y tropiece,          quien se duerma y se amodorre;          nadie se suelta el cinturón de los lomos,          ni se rompe la correa de su calzado.

28 Sus saetas son agudas          y todos sus arcos están tensos.      Los cascos de sus caballos semejan pedernal          y sus ruedas, torbellino.

29 Tiene un rugido como de leona,          ruge como los cachorros,          brama y agarra la presa,          la arrebata, y no hay quien la libre.

30 Bramará contra él aquel día          como el bramido del mar,          y oteará la tierra, y habrá densa oscuridad,          pues la luz se habrá oscurecido en la espesa tiniebla.

 

Isaías 6

1  El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado, y sus haldas llenaban el templo.

2  Unos serafines se mantenían erguidos por encima de él; cada uno tenía seis alas: con un par se cubrían la faz,  con otro par se cubrían los pies, y con el otro par aleteaban,

3  Y se gritaban el uno al otro:          «Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot:          llena está toda la tierra de su gloria.».

4  Se conmovieron los quicios y los dinteles a la voz de los que clamaban, y la Casa se llenó de humo.

5  Y dije:          «¡Ay de mí, que estoy perdido,          pues soy un hombre de labios impuros,          y entre un pueblo de labios impuros habito:          que al rey Yahveh Sebaot han visto mis ojos!»

6  Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar,

7  y tocó mi boca y dijo:          «He aquí que esto ha tocado tus labios:          se ha retirado tu culpa,          tu pecado está expiado.»

8  Y percibí la voz del Señor que decía:          «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de parte nuestra»?                  Dije: «Heme aquí: envíame.»

9  Dijo: «Ve y di a ese pueblo:          “Escuchad bien, pero no entendáis,          ved bien, pero no comprendáis.”

10 Engorda el corazón de ese pueblo          hazle duro de oídos,          y pégale los ojos,          no sea que vea con sus ojos.          y oiga con sus oídos,          y entienda con su corazón,          y se convierta y se le cure.»

11 Yo dije: «¿Hasta dónde, Señor?»      Dijo:          «Hasta que se vacíen las ciudades y queden sin             habitantes,          las casas sin hombres,          la campiña desolada,

12 y haya alejado Yahveh a las gentes,          y cunda el abandono dentro del país.

13 Aun el décimo que quede en él          volverá a ser devastado como la encina o el roble,          en cuya tala queda un tocón:          semilla santa será su tocón.»

 

Isaías 7

1  En tiempo de Ajaz, hijo de Jotam, hijo de Ozías, rey de Judá, subió Rasón, rey de Aram, con Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, a Jerusalén para atacarla, más no pudieron hacerlo.

2  La casa de David había recibido este aviso: «Aram se ha unido con Efraím», y se estremeció el corazón del rey y  el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del bosque por el viento.

3  Entonces Yahveh dijo a Isaías: «Ea, sal con tu hijo Sear Yasub al final del caño de la alberca superior, por la calzada del campo del Batanero, al encuentro de Ajaz,

4  y dile:          «¡Alerta, pero ten calma! No temas,          ni desmaye tu corazón          por ese par de cabos de tizones humeantes,

5  ya que Aram, Efraím y el hijo de Remalías          han maquinado tu ruina diciendo:

6  Subamos contra Judá y desmembrémoslo,          abramos brecha en él          y pongamos allí por rey          al hijo de Tabel.”

7  Así ha dicho el Señor Yahveh:      No se mantendrá, ni será así;

8  porque la capital de Aram es Damasco,          y el cabeza de Damasco, Rasón;      Pues bien: dentro de sesenta y cinco años,      Efraím dejará de ser pueblo.

9  La capital de Efraím es Samaría,          y el cabeza de Samaría, el hijo de Remalías.      Si no os afirmáis en mí          no seréis firmes.»

10 Volvió Yahveh a hablar a Ajaz diciendo:

11 «Pide para ti una señal de Yahveh tu Dios          en lo profundo del seol o en lo más alto.»

12 Dijo Ajaz: «No la pediré, no tentaré a Yahveh.»

13 Dijo Isaías:          «Oíd, pues, casa de David:          ¿Os parece poco cansar a los hombres,          que cansáis también a mi Dios?

14 Pues bien, el Señor mismo          va a daros una señal:      He aquí que una doncella está encinta          y va a dar a luz un hijo,          y le pondrá por nombre Emmanuel.

15 Cuajada y miel comerá          hasta que sepa rehusar lo malo          y elegir lo bueno.

16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo          y elegir lo bueno,          será abandonado el territorio          cuyos dos reyes te dan miedo.

17 Yahveh atraerá sobre ti y sobre tu pueblo          y sobre la casa de tu padre,          días cuales no los hubo          desde aquel en que se apartó Efraím de Judá (el rey de             Asur).

18 Aquel día silbará Yahveh al enjambre          que hay en los confines de los ríos de Egipto,          y a las abejas que hay en tierra de Asur;

19 vendrán y se posarán todas ellas          en las quebradas, en los resquicios de las peñas,          en todas las corrientes y en todos los arroyos.

20 Aquel día rapará el Señor          con navaja alquilada allende el Río,          con el rey de Asur,          la cabeza y el vello de las piernas          y también la barba afeitará,

 

21 Aquel día criará cada uno          una novilla y un par de ovejas.

22 Y así de tanto dar leche,          comerá cuajada,          porque «cuajada y miel comerá          todo el que quedare dentro del país».

23 Aquel día, cualquier lugar donde antes hubo mil cepas          por valor de mil piezas de plata,          será de la zarza y el abrojo.

24 Con flechas y arco se entrará allí,          pues zarza y abrojo será toda la tierra,

25 y en ninguno de los montes que se desbrozan con la azada          se podrá entrar          por temor de las zarzas y abrojos;          será dehesa de bueyes y pastizal de ovejas.»

 

Isaías 8

1  Yahveh me dijo: «Toma una placa grande, escribe en ella con buril: de Maher Salal Jas Baz,

2  y toma por fieles testigos míos al sacerdote Urías y a Zacarías, hijo de Baraquías.»

3  Me acerqué a la profetisa, que concibió y dio a luz un hijo, Yahveh me dijo: «Llámale Maher Salal Jas Baz,

4  pues antes que sepa el niño decir “papá” y “mamá”, la riqueza de Damasco y el botín de Samaría serán llevados ante el rey de Asur.»

5  Volvió Yahveh a hablarme de nuevo:

6  «Porque ha rehusado ese pueblo las aguas de Siloé          que van de vagar          y se ha desmoralizado ante Rasón y el hijo de             Remalías,

7  por lo mismo, he aquí que el Señor hace subir contra ellos          las aguas del Río embravecidas y copiosas.      Desbordará por todos sus cauces,          (el rey de Asur y todo su esplendor)          invadirá todas sus riberas.

8  Seguirá por Judá anegando a su paso,          hasta llegar al cuello.      Y la envergadura de sus alas          abarcará la anchura de tu tierra,      Emmanuel.

9  Sabedlo, pueblos: seréis destrozados;          escuchad, confines todos de la tierra;          en guardia: seréis destrozados;          en guardia: seréis destrozados.

10 Trazad un plan: fracasará.      Decid una palabra: no se cumplirá.      Porque con nosotros está Dios.

11 Pues así me ha dicho Yahveh          cuando me tomó de la mano          y me apartó de seguir por el camino de ese pueblo:

12 No llaméis conspiración          a lo que ese pueblo llama conspiración,          ni temáis ni tembléis          de lo que él teme.

13 A Yahveh Sebaot,          a ése tened por santo,          sea él vuestro temor          y él vuestro temblor.

14 Será un santuario          y piedra de tropiezo          y peña de escándalo          para entrambas Casas de Israel;          lazo y trampa          para los moradores de Jerusalén.

15 Allí tropezarán muchos,          caerán, se estrellarán          y serán atrapados y presos.

16 Envuelve el testimonio,          sella la enseñanza          entre mis discípulos.

17 Aguardaré por Yahveh,          el que vela su faz de la casa de Jacob,          y esperaré por él.

18 Aquí estamos yo y los hijos que me ha dado Yahveh,          por señales y pruebas en Israel,          de parte de Yahveh Sebaot,          el que reside en el monte Sión.

19 Y cuando os dijeren: «Consultad a los nigromantes          y a los adivinos que bisbisean y murmujean;          ¿es que no consulta un pueblo a sus dioses,          por los vivos a los muertos?»:

20 en pro de la enseñanza y el testimonio          ¡Vaya si dirán cosa tal!      Lo que no tiene provecho.

21 Pasará por allí          lacerado y hambriento,          y así que le dé el hambre, se enojará          y faltará a su rey y a su Dios.      Volverá el rostro a lo alto,

22 la tierra oteará,          y sólo habrá cerrazón y negrura,          lobreguez prieta y tiniebla espesa.

23 Pues, ¿no hay lobreguez para quien tiene apretura?      Como el tiempo primero ultrajó a la tierra de Zabulón y a             la tierra de Neftalí, así el postrero honró el             camino  del mar, allende el Jordán, el distrito de             los Gentiles.

 

Isaías 9

1  El pueblo que andaba a oscuras

2  vio una luz grande.      Los que vivían en tierra de sombras,          una luz brilló sobre ellos.      Acrecentaste el regocijo,          hiciste grande la alegría.      Alegría por tu presencia,          cual la alegría en la siega,          como se regocijan          repartiendo botín.

3  Porque el yugo que les pesaba          y la pinga de su hombro          - la vara de su tirano -          has roto, como el día de Madián.

4  Porque toda bota que taconea con ruido,          y el manto rebozado en sangre          serán para la quema,          pasto del fuego.

5  Porque una criatura nos ha nacido,          un hijo se nos ha dado.      Estará el señorío sobre su hombro,          y se llamará su nombre          «Maravilla de Consejero»,          «Dios Fuerte»,          «Siempre Padre»,          «Príncipe de Paz».

6  Grande es su señorío y la paz no tendrá fin          sobre el trono de David y sobre su reino,          para restaurarlo y consolidarlo          por la equidad y la justicia,      Desde ahora y hasta siempre,          el celo de Yahveh Sebaot hará eso.

 

7  Una palabra ha proferido el Señor en Jacob,          y ha caído en Israel.

8  Sabedla, pueblo todo,      Efraím y los habitantes de Samaría,          los que con arrogancia y engreimiento dicen:

9  «Los ladrillos han caído,          pero de sillar edificaremos;          los sicómoros fueron talados,          pero por cedros los cambiaremos.»

10 Pues bien, Yahveh ha dado ventaja          a su adversario, Rasón,          y azuzó a sus enemigos:

11 Aram por delante          y los filisteos por detrás,          devoraron a Israel a boca llena.      Con todo eso no se ha calmado su ira,          y aún sigue su mano extendida.

12 Pero el pueblo no se volvió hacia el que le castigaba,          no buscaron a Yahveh Sebaot.

13 Por eso ha cercenado Yahveh a Israel cabeza y cola,          palmera y junco, en un mismo día.

14 El anciano y honorable es la cabeza,          y el profeta impostor es la cola.

15 Los directores de este pueblo han resultado desviadores,          y sus dirigidos, extraviados.

16 Por eso, de sus jóvenes no se apiadará el Señor,          con sus huérfanos y viudas no tendrá misericordia,          pues todos son impíos y malvados,          y toda boca profiere majadería      Con todo eso no se ha calmado su ira,          y aún sigue su mano extendida.

17 Porque ha ardido como fuego la maldad,          zarza y espino devora,          y va a prender en las espesuras del bosque:          ya se estiran en columna de humo.

18 Por el arrebato de Yahveh la tierra ha sido quemada,          y es el pueblo como pasto de fuego;          nadie tiene piedad de su hermano,

19 Corta a diestra y queda con hambre,          come a siniestra y no se sacia;          cada uno se come la carne de su brazo.

20 Manasés devora a Efraím      Efraím a Manasés,          y ambos a una van contra Judá.      Con todo eso no se ha calmado su ira,          y aún sigue su mano extendida.

 

Isaías 10

1  ¡Ay! los que decretan decretos inicuos, y los escribientes que escriben vejaciones,

2  excluyendo del juicio a los débiles,          atropellando el derecho de los míseros de mi pueblo,          haciendo de las viudas su botín,          y despojando a los huérfanos.

3  Pues ¿qué haréis para el día de la cuenta          y la devastación que de lontananza viene?          ¿a quién acudiréis para pedir socorro?          ¿dónde dejaréis vuestra gravedad?

4  Con tal de no arrodillarse entre los prisioneros,          entre los muertos caerían.      Con todo eso no se ha calmado su ira,          y aún sigue su mano extendida.

5  ¡Ay, Asur,          bastón de mi ira,          vara que mi furor maneja!

6  Contra gente impía voy a guiarlo,          contra el pueblo de mi cólera voy a mandarlo,          a saquear saqueo y pillar pillaje,          y hacer que lo pateen como el lodo de las calles.

7  Pero él no se lo figura así,          ni su corazón así lo estima,          sino que su intención es arrasar          y exterminar gentes no pocas.

 

8  Pues dice:          «¿No son mis jefes todos ellos reyes?

9  ¿No es Kalnó como Karkemis?          ¿No es Jamat como Arpad?          ¿No es Samaría como Damasco?

10 Como alcanzó mi mano          a los reinos de los ídolos          - cuyas estatuas eran más que las de Jerusalén y             Samaría -

11 como hice con Samaría y sus ídolos,          ¿no haré asimismo con Jerusalén y sus simulacros?»

12 Pues bien, cuando hubiere dado remate el Señor a todas sus empresas en el monte Sión y en Jerusalén, pasará revista  al fruto del engreimiento del rey de Asur y al orgullo altivo de sus ojos.

13 Porque dijo:          «Con el poder de mi mano lo hice,          y con mi sabiduría, porque soy inteligente,          he borrado las fronteras de los pueblos,          sus almacenes he saqueado,          y he abatido como un fuerte a sus habitantes.

14 Como un nido ha alcanzado mi mano          la riqueza de los pueblos,          y como se recogen huevos abandonados,          he recogido yo toda la tierra,          y no hubo quien aleteara          ni abriera el pico ni piara.»

15 ¿Acaso se jacta el hacha          frente al que corta con ella?          ¿o se tiene por más grande          la sierra que el que la blande?          ¡como si la vara moviera al que la levanta!          ¡como si a quien no es madera el bastón alzara!

16 Por eso enviará Yahveh Sebaot          entre sus bien comidos, enflaquecimiento,          y, debajo de su opulencia,          encenderá un incendio          como de fuego.

17 La luz de Israel vendrá a ser fuego,          y su Santo, llama;          arderá y devorará su espino          y su zarza en un solo día,

18 y el esplendor de su bosque y de su vergel          en alma y en cuerpo será consumido:          será como el languidecer de un enfermo.

19 Lo que quede de los árboles de su bosque          será tan poco,          que un niño los podrá contar.

20 Aquel día          no volverán ya el resto de Israel          y los bien librados de la casa de Jacob          a apoyarse en el que los hiere,          sino que se apoyarán con firmeza en Yahveh.

21 Un resto volverá, el resto de Jacob,          al Dios poderoso.

22 Que aunque sea tu pueblo, Israel,          como la arena del mar,          sólo un resto de él volverá.      Exterminio decidido, rebosante de justicia.

23 Porque es un exterminio decidido          lo que Yahveh Sebaot realizará en medio de toda la             tierra.

24 Por tanto, así dice el Señor Yahveh Sebaot:           «No temas, pueblo mío que moras en Sión,          a Asur que con la vara te da golpes          y su bastón levanta contra ti (en el camino de             Egipto).

25 Porque un poquito más y se habrá consumado el furor,          y mi ira los consumirá.»

26 Despertará contra él Yahveh Sebaot un azote,          como cuando la derrota de Madián en la peña de Horeb,          o cuando levantó su bastón contra el mar          en el camino de Egipto.

27 Aquel día          te quitará su carga de encima del hombro          y su yugo de sobre tu cerviz será arrancado. Y el yugo             será destruido (...)

28 Vino sobre Ayyat,          pasó por Migrón,          en Mikmás pasó revista.

29 Han pasado el Vado:          «Haremos noche en Gueba.»      Temblaba Ramá,      Guibeá de Saúl huía.

30 ¡Da gritos de júbilo, Bat Gallim,          escucha Laisa!          ¡Respóndele, Anatot!

31 Se desbandó Madmená.      Los habitantes de Guebim se han puesto a salvo.

32 Hoy mismo en Nob haciendo alto          menea su mano contra el Monte de la hija de Sión,          la colina de Jerusalén.

33 He aquí que el Señor Yahveh Sebaot          sacude el ramaje con estrépito;          las guías más altas están partidas          y las elevadas van a caer.

34 Golpeará las espesuras del bosque con el hierro,          y por los golpes de un Poderoso, caerá.

 

Isaías 11

1  Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.

2  Reposará sobre él el espíritu de Yahveh:          espíritu de sabiduría e inteligencia,          espíritu de consejo y fortaleza,          espíritu de ciencia y temor de Yahveh.

3  Y le inspirará en el temor de Yahveh.      No juzgará por las apariencias,          ni sentenciará de oídas.

4  Juzgará con justicia a los débiles,          y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra.      Herirá al hombre cruel con la vara de su boca,          con el soplo de sus labios matará al malvado.

5  Justicia será el ceñidor de su cintura,          verdad el cinturón de sus flancos.

6  Serán vecinos el lobo y el cordero,          y el leopardo se echará con el cabrito,          el novillo y el cachorro pacerán juntos,          y un niño pequeño los conducirá.

7  La vaca y la osa pacerán,          juntas acostarán sus crías,          el león, como los bueyes, comerá paja.

8  Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid,          y en la hura de la víbora          el recién destetado meterá la mano.

9  Nadie hará daño, nadie hará mal          en todo mi santo Monte,          porque la tierra estará llena de conocimiento de             Yahveh,          como cubren las aguas el mar.

10 Aquel día la raíz de Jesé          que estará enhiesta para estandarte de pueblos,          las gentes la buscarán,          y su morada será gloriosa.

11 Aquel día volverá el Señor a mostrar su mano          para recobrar el resto de su pueblo          que haya quedado de Asur y de Egipto,          de Patrós, de Kus, de Elam,          de Senaar, de Jamat y de las islas del mar.

12 Izará bandera a los gentiles,          reunirá a los dispersos de Israel,          y a los desperdigados de Judá agrupará          de los cuatro puntos cardinales.

13 Cesará la envidia de Efraím,          y los opresores de Judá serán exterminados.      Efraím no envidiará a Judá          y Judá no oprimirá a Efraím.

14 Ellos se lanzarán sobre la espalda de Filistea Marítima,          a una saquearán a los hijos de Oriente.      Edom y Moab bajo el dominio de su mano,          y los ammonitas bajo su obediencia.

15 Secará Yahveh el golfo del mar de Egipto          y agitará su mano contra el Río.      Con la violencia de su soplo          lo partirá en siete arroyos,          y hará posible pasarlo en sandalias;

16 habrá un camino real para el resto de su pueblo          que haya sobrevivido de Asur,          como lo hubo para Israel,          cuando subió del país de Egipto.

 

Isaías 12

1  Y dirás aquel día:          «Yo te alabo, Yahveh,          pues aunque te airaste contra mí,          se ha calmado tu ira          y me has compadecido.

2  He aquí a Dios mi Salvador:          estoy seguro y sin miedo,          pues Yahveh es mi fuerza y mi canción,          él es mi salvación,»

3  Sacaréis agua con gozo          de los hontanares de salvación.»

4  y diréis aquel día:          «Dad gracias a Yahveh,          aclamad su nombre,          divulgad entre los pueblos sus hazañas,          pregonad que es sublime su nombre.

5  Cantad a Yahveh, porque ha hecho algo sublime,          que es digno de saberse en toda la tierra.

6  Dad gritos de gozo y de júbilo,          moradores de Sión,          que grande es en medio de ti el Santo de Israel.»

 

Isaías 13

1  Oráculo contra Babilonia, que contempló Isaías, hijo de Amós.

2  Sobre el monte pelado izad la bandera,          levantad la voz a ellos,          agitad la mano y que entren          por las puertas de los nobles.

3  Yo he mandado a mis consagrados          y también he llamado a mis valientes,          para ejecutar mi ira          a mis gallardos.

4  ¡Ruido estruendoso en los montes,          como de mucha gente!          ¡Ruido estrepitoso de reinos,          naciones reunidas!      Yahveh Sebaot pasa revista          a su tropa de combate.

5  Vienen de tierra lejana,          del cabo de los cielos,      Yahveh y los instrumentos de su enojo          para arrasar toda la tierra.

6  Ululad, que cercano está el Día de Yahveh,          como la destrucción de Sadday viene.

7  Por eso todos los brazos decaen          y todo corazón humano se derrite.

8  Se empavorecen,          angustias y apuros les sobrecogen,          cual parturienta se duelen.      Cada cual se asusta de su prójimo.      Son los suyos rostros llameantes.

9  He aquí que el Día de Yahveh viene implacable,          el arrebato, el ardor de su ira,          a convertir la tierra en yermo          y exterminar de ella a los pecadores.

10 Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión          no alumbren ya,          esté oscurecido el sol en su salida          y no brille la luz de la luna,

11 pasaré revista al orbe por su malicia          y a los malvados por su culpa.      Haré cesar la arrogancia de los insolentes,          y la soberbia de los desmandados humillaré.

12 Haré que el hombre sea más escaso que el oro fino,          y la humanidad más que metal de Ofir.

13 Por eso haré temblar los cielos,          y se removerá la tierra de su sitio,          en el arrebato de Yahveh Sebaot,          en el día de su ira hirviente.

14 Será como gacela acosada,          como ovejas cuando no hay quien las reúna:          cada uno enfilará hacia su pueblo,          cada uno huirá hacia su tierra.

15 Todo el que fuere descubierto será traspasado,          y todo el que fuere apresado caerá por la espada.

16 Sus párvulos serán estrellados ante sus ojos,          serán saqueadas sus casas,          y sus mujeres violadas.

17 He aquí que yo despierto contra ellos a los medos,          que no estiman la plata,          ni desean el oro.

18 Machacarán a todos sus muchachos,          estrellarán a todas sus muchachas,          del fruto del vientre no se apiadarán          ni de las criaturas tendrán lástima sus ojos.

19 Babilonia, la flor de los reinos,          prez y orgullo de Caldea,          será semejante a Sodoma y Gomorra,          destruidas por Dios.

20 No será habitada jamás ni poblada          en generaciones y generaciones,          ni pondrá tienda allí el árabe,          ni pastores apacentarán allí.

21 Allí tendrán aprisco bestias del desierto          y se llenarán sus casas de mochuelos.      Allí morarán las avestruces          y los sátiros brincarán allí.

22 Se responderán las hienas en sus alcázares          y los chacales en sus palacios de recreo.      Su hora está para llegar          y sus días no tendrán prórroga.

 

Isaías 14

1  Cuando se compadezca Yahveh de Jacob y prefiera todavía a Israel, los afincará en el solar de ellos, y se les juntarán forasteros, que serán incorporados a la casa de Jacob.

2  Tomarán a otros pueblos y, llevándoselos a su lugar, se los apropiará la casa de Israel sobre el solar de Yahveh como esclavos y esclavas. Harán cautivos a sus cautivadores, y dominarán sobre sus tiranos.

3  Entonces, cuando te haya calmado Yahveh de tu disgusto y tu desazón y de la dura servidumbre a que fuiste sometido,

4  dirigirás esta sátira al rey de Babilonia. Dirás: ¡Cómo ha acabado el tirano,          cómo ha cesado su arrogancia!

5  Ha quebrado Yahveh la vara de los malvados,          el bastón de los déspotas,

6  que golpeaba a los pueblos con saña golpes sin parar,          que dominaba con ira a las naciones          acosándolas sin tregua.

7  Está tranquila y quieta la tierra toda,          prorrumpe en aclamaciones.

8  Hasta los cipreses se alegran por ti,          los cedros del Líbano:          «Desde que tú has caído en paz,          no sube el talador a nosotros.»

9  El seol, allá abajo, se estremeció por ti          saliéndote al encuentro;          por ti despierta a las sombras,          a todos los jerifaltes de la tierra;          hace levantarse de sus tronos          a los reyes de todas las naciones.

10 Todos ellos responden          y te dicen:          «¡También tú te has vuelto débil como nosotros,          y a nosotros eres semejante!

11 Ha sido precipitada al seol tu arrogancia          al son de tus cítaras.      Tienes bajo ti una cama de gusanos,          tus mantas son gusanera.

12 ¡Cómo has caído de los cielos,      Lucero, hijo de la Aurora!          ¡Has sido abatido a tierra,          dominador de naciones!

13 Tú que habías dicho en tu corazón:          «Al cielo voy a subir,          por encima de las estrellas de Dios          alzaré mi trono,          y me sentaré en el Monte de la Reunión,          en el extremo norte.

14 Subiré a las alturas del nublado,          me asemejaré al Altísimo.

15 ¡Ya!: al seol has sido precipitado,          a lo más hondo del pozo.»

16 Los que te ven, en ti se fijan;          te miran con atención:          «¿Ese es aquél,          el que hacía estremecer la tierra,          el que hacía temblar los reinos,

17 el que puso el orbe como un desierto,          y asoló sus ciudades,          el que a sus prisioneros          no abría la cárcel?»

18 Todos los reyes de las naciones,          todos ellos yacen con honor,          cada uno en su morada.

19 Pero tú has sido arrojado fuera de tu sepulcro,          como un brote abominable,          recubierto de muertos acuchillados,          arrojados sobre las piedras de la fosa,          como cadáver pisoteado.

20 No tendrás con ellos sepultura,          porque tu tierra has destruido,          a tu pueblo has asesinado.      No se nombrará jamás          la descendencia de los malhechores.

21 Preparad a sus hijos degollina          por la culpa de sus padres:          no sea que se levanten y se apoderen de la tierra,          y llenen de ciudades la haz del orbe.

22 Yo me alzaré contra ellos - oráculo de Yahveh Sebaot - y suprimiré en Babilonia el nombre y resto, hijos y nietos  - oráculo de Yahveh.

23 La convertiré en patrimonio de erizos y tierra pantanosa, la barreré con escoba exterminadora - oráculo de Yahveh  Sebaot.

24 Ha jurado Yahveh Sebaot diciendo:          «Tal como lo había ideado, así fue.      Y como lo planeé, así se cumplirá:

25 Quebrantaré a Asur en mi tierra,          sobre mis montes le pisotearé.      Se apartará su yugo de sobre ellos,          su fardo de sobre sus hombros se apartará.»

26 Este es el plan          tocante a toda la tierra,          y ésta la mano extendida          sobre las naciones.

27 Si Yahveh Sebaot toma una decisión,          ¿quién la frustrará?      Si él extiende su mano,          ¿quién se la hará retirar?

28 El año en que murió el rey Ajaz hubo esta oráculo:

29 No te alegres, Filistea toda,          porque se haya quebrado la vara del que te hería;          pues de raíz de culebra saldrá víbora,          y su fruto será dragón volador.

30 Los débiles pacerán en mis pastos          y los pobres en seguro se acostarán,          mientras que haré morir de hambre tu posteridad,          y mataré lo que de ti reste

31 ¡Ulula, puerta! ¡grita, ciudad!          ¡derrítete, Filistea toda,          que del norte una humareda viene,          y nadie deserta en sus columnas!

32 ¿Y qué se responderá          a los mensajeros de esa gente?:          «Que Yahveh fundó a Sión,          y en ella se refugiarán los pobres de su pueblo.»

 

Isaías 15

1  Oráculo sobre Moab.      Porque de noche ha sido saqueada,      Ar Moab ha perecido      Porque de noche ha sido saqueada,      Quir Moab ha perecido.

2  Subía la hija de Dibbón          a los oteros llorando:          sobre el Nebo y sobre Medba      Moab ulula.      En todas sus cabezas, calvicie;          toda barba, raída.

3  En sus calles se han ceñido sayal,          sobre sus azoteas          y en sus plazas todo el mundo ulula,          baja llorando.

4  Gritaban Jesbón y Elalé,          hasta Yahas se oía su voz.      Por eso los guerreros de Moab tiemblan,          su alma le tiembla dentro.

5  Su corazón por Moab clama,          sus fugitivos van hasta Soar (Eglat Selisiyyá).          ¡La cuesta de Lujit          la suben llorando,          y por el camino de Joronáyim          dan gritos desgarrados!

6  ¡Las aguas de Nimrim          son un sequedal,          y se ha secado la hierba, se agostó el césped,          no hay verdor!

7  Por eso hicieron ahorros...          y sus reservas          allende el arroyo de los Sauces          se las llevan.

8  ¡Los gritos han rodeado          las fronteras de Moab;          hasta Egláyim llega su ulular,          en Beer Elim su ulular!

9  ¡Las aguas de Dimón van llenas de sangre!          ¡Aún más añadiré sobre Dimón!          ¡Contra los escapados de Moab,          y contra los que queden en su suelo un león!

 

Isaías 16

1  Enviad corderos          al señor del país          desde la Roca del Desierto          al monte de la hija de Sión.

2  Como aves espantadas,          nidada dispersa,          serán las hijas de Moab          cabe los vados del Arnón.

3  Presenta algún plan,          toma una decisión.      Haz tu sombra como la noche          en pleno mediodía;          esconde a los acosados,          al fugitivo no delates.

4  Acójanse en ti          los acosados de Moab;          sé para ellos cobijo          ante el devastador.      Cuando no queden tiranos,          acabe la devastación,          y desaparezcan del país los opresores,

5  será establecido sobre la piedad el trono,          y se sentará en él con lealtad          - en la tienda de David -          un juez que busque el derecho,          y sea presto a la justicia.

6  Hemos oído la arrogancia de Moab:          ¡una gran arrogancia!      Su altanería, su arrogancia y su furor          y sus bravatas sin fuerza.

7  Por eso, que ulule Moab por Moab;          ulule todo él.      Por los panes de uvas de Quir Jaréset          gimen: «¡Ay, abatidos!»

8  Pues la campiña de Jesbón se ha marchitado,          el viñedo de Sibmá,          cuyas cepas majaron los señores de las gentes.      Hasta Yazer alcanzaban,          se perdían por el desierto,          sus frondas se extendían, pasaban la mar.

9  Por eso voy a llorar como llora Yazer,          viña de Sibmá.      Te regaré con mis lágrimas,      Jesbón y Elalé,          porque sobre tu  cosecha y sobre tu segada          se ha extinguido el clamor,

10 y se retira del vergel          alegría y alborozo,          y en las viñas no se lanzan cantos de júbilo,          ni gritos.      Vino en los lagares no pisa el pisador:          el clamor ha cesado.

11 Por eso mis entrañas por Moab          como el arpa resuenan,          y mi interior por Quir Jeres.

12 Luego, cuando vea Moab que se cansa          sobre el alto,          entrará a su santuario a orar,          pero nada podrá.

13 Esta es la palabra que en un tiempo pronunció Yahveh acerca de Moab.

14 Y ahora ha hablado Yahveh diciendo: «Dentro de tres años, como años de jornalero, será despreciada la gloria de Moab con toda su numerosa muchedumbre, y el resto será pequeñísimo, insignificante.»

 

Isaías 17

1  Oráculo contra Damasco.      He aquí que Damasco deja de ser ciudad,          y va a ser montón de derribo.

2  Abandonadas sus ciudades para siempre,          serán para los ganados;          se acostarán allí          y no habrá quien los espante.

3  Dejará de existir el baluarte de Efraím          y el reinado de Damasco,          y el resto de Aram vendrá a ser          como la gloria de los israelitas          - oráculo de Yahveh Sebaot -.

4  Aquel día, será debilitada la gloria de Jacob,          y su gordura enflaquecerá.

5  Será como cuando apuña un segador la mies,          y su brazo las espigas siega;          será como espigador en el valle de Refaím,

6  - que quedan en él rebuscos -;          como en el vareo del olivo:          dos, tres bayas en la punta de la guía;          cuatro, cinco en sus ramas fructíferas          - oráculo de Yahveh, el Dios de Israel -.

7  Aquel día se dirigirá el hombre a su Hacedor, y sus ojos hacia el Santo de Israel mirarán.

8  No se fijará en los altares, obras de sus manos, ni lo que hicieron sus dedos mirará: los cipos y las estelas solares.

9  Aquel día estarán tus ciudades abandonadas,          como cuando el abandono de los bosques y matorrales,          ante los hijos de Israel:          habrá desolación.

10 Porque olvidaste a Dios tu salvador,          y de la Roca de tu fortaleza no te acordaste.      Por eso plantabas plantíos deleitosos,          y de mugrón extranjero los sembraste.

11 Hoy tu plantío veías crecer,          y florecer desde la mañana tu simiente.      Pero desaparecerá la mies el día de la enfermedad,          y el dolor será incurable.

12 ¡Ay!, bramar de muchos pueblos,           como bramar de mares braman.      Retumbar de naciones que retumban          como retumbo de crecidas aguas.

13 (De naciones que retumban          como retumbo de crecidas aguas.)      Pero él las increpa,          y de lejos huyen,          y son perseguidas como el tamo de los montes por el             viento,          y como torbellino por el huracán.

14 A la hora del atardecer se presenta el miedo,          antes de la mañana ya no existen.      Esea sea la parte de nuestros despojadores,          la suerte de nuestros saqueadores.

 

Isaías 18

1  ¡Ay, tierra de susurro de alas,          la de allende los ríos de Kus,

2  la que envía por mar embajadores,          y en barcos de juncos sobre la haz de las aguas!      Id, mensajeros ligeros,          a la nación esbelta y de brillante piel,          al pueblo temible desde siempre,          nación vigorosa y dominadora,          cuya tierra surcan ríos.

3  Todos los moradores del orbe          y habitantes de la tierra,          al izarse pendón en los montes, mirad,          al tañerse el cuerno, escuchad;

4  que así me ha dicho Yahveh:      Estaré quedo y observaré desde mi puesto,          como calor ardiente al brillar la luz,          como nube de rocío en el calor de la siega.

5  Pues antes de la siega, al acabar la floración,          cuando su fruto en cierne comience a madurar,          cortará los sarmientos con la podadera          y los pámpanos viciosos arrancará y podará.

6  Serán dejados juntamente          a merced de las aves rapaces de los montes          y de las bestias de la tierra;          pasarán allí el verano las rapaces          y toda bestia terrestre allí invernará.

7  En aquel tiempo se presentará un obsequio a Yahveh Sebaot, al lugar del nombre de Yahveh Sebaot, el monte Sión, de parte de un pueblo esbelto y de brillante piel, y de parte de un pueblo temible desde siempre, nación  vigorosa y dominadora, cuya tierra surcan ríos.

 

Continua…