JEREMÍAS 

Jeremías 1

1  Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot, en la tierra de Benjamín,

2  a quien fue dirigida la palabra de Yahveh en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, en el año trece de su reinado,

3  y después en tiempo de Yoyaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, o sea, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto.

4  Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:

5  Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía,           y antes que nacieses, te tenía consagrado:          yo profeta de las naciones te constituí.

6  Yo dije: «¡Ah, Señor Yahveh! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.»

7  Y me dijo Yahveh:      No digas: «Soy un muchacho»,           pues adondequiera que yo te envíe irás,          y todo lo que te mande dirás.

8  No les tengas miedo,          que contigo estoy yo para salvarte          - oráculo de Yahveh -.

9  Entonces alargó Yahveh su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahveh:      Mira que he puesto mis palabras en tu boca.

10 Desde hoy mismo te doy autoridad          sobre las gentes y sobre los reinos          para extirpar y destruir,           para perder y derrocar,          para reconstruir y plantar.

11 Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás viendo, Jeremías?» «Una rama de almendro estoy viendo.»

12 Y me dijo Yahveh: «Bien has visto. Pues así soy yo, velador de mi palabra para cumplirla.»

13 Nuevamente me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos: «¿Qué estás viendo?» «Un puchero hirviendo estoy viendo, que se vuelca de norte a sur.»

14 Y me dijo Yahveh:          «Es que desde el norte se iniciará el desastre          sobre todos los moradores de esta tierra.

15 Porque en seguida llamo yo          a todas las familias reinos del norte          - oráculo de Yahveh -          y vendrán a instalarse          a las mismas puertas de Jerusalén,          y frente a todas sus murallas en torno,          y contra todas las ciudades de Judá,

16 a las que yo sentenciaré          por toda su malicia:          por haberme dejado a mí          para ofrecer incienso a otros dioses,          y adorar la obra de sus propias manos.

17 Por tu parte, te apretarás la cintura,          te alzarás y les dirás          todo lo que yo te mande.      No desmayes ante ellos,          y no te haré yo desmayar delante de ellos;

18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido          en plaza fuerte,          en pilar de hierro,          en muralla de bronce          frente a toda esta tierra,          así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes,          de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.

19 Te harán la guerra,          mas no podrán contigo,          pues contigo estoy yo - oráculo de Yahveh - para             salvarte.»

 

Jeremías 2

1  Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:

2  Ve y grita a los oídos de Jerusalén:      Así dice Yahveh:      De ti recuerdo tu cariño juvenil,          el amor de tu noviazgo;          aquel seguirme tú por el desierto,          por la tierra no sembrada.

3  Consagrado a Yahveh estaba Israel, primicias de su cosecha.          «Quienquiera que lo coma, será reo;          mal le sucederá»          - oráculo de Yahveh -.

4  Oíd la palabra de Yahveh, casa de Jacob,          y todas las familias de la casa de Israel.

5  Así dice Yahveh:          ¿Qué encontraban vuestros padres en mí de torcido,          que se alejaron de mi vera,          y yendo en pos de la Vanidad          se hicieron vanos?

6  En cambio no dijeron: «¿Dónde está Yahveh,          que nos subió de la tierra de Egipto,          que nos llevó por el desierto,          por la estepa y la paramera,          por tierra seca y sombría,          tierra por donde nadie pasa          y en donde nadie se asienta?»

7  Luego os traje a la tierra del vergel,          para comer su fruto y su bien.      Llegasteis y ensuciasteis mi tierra,          y pusisteis mi heredad asquerosa.

8  Los sacerdotes no decían: «¿Dónde está Yahveh?»;          ni los peritos de la Ley me conocían;          y los pastores se rebelaron contra mí,          y los profetas profetizaban por Baal,          y en pos de los Inútiles andaban.

9  Por eso, continuaré litigando con vosotros          - oráculo de Yahveh -          y hasta con los hijos de vuestros hijos litigaré.

10 Porque, en efecto, pasad a las islas de los Kittim y ved,          enviad a Quedar quien investigue a fondo,          pensadlo bien y ved          si aconteció cosa tal:

11 si las gentes cambiaron de dioses          - ¡aunque aquéllos no son dioses! -.      Pues mi pueblo ha trocado su Gloria por el Inútil.

12 Pasmaos, cielos, de ello,          erizaos y cobrad gran espanto          - oráculo de Yahveh -.

13 Doble mal ha hecho mi pueblo:          a mí me dejaron,      Manantial de aguas vivas,          para hacerse cisternas,          cisternas agrietadas,          que el agua no retienen.

14 ¿Es un esclavo Israel,          o nació siervo?      Pues ¿cómo es que ha servido de botín?

15 Contra él rugieron leoncillos,          dieron voces          y dejaron su país hecho una desolación,          sus ciudades incendiadas, sin habitantes.

16 Hasta los hijos de Nof y de Tafnis          te han rapado el cráneo.

17 ¿No te ha sucedido esto          por haber dejado a Yahveh tu Dios          cuando te guiaba en tu camino?

18 Y entonces, ¿qué cuenta te tiene encaminarte a Egipto          para beber las aguas del Nilo?,          o ¿qué cuenta te tiene encaminarte a Asur          para beber las aguas del Río?

19 Que te enseñe tu propio daño,          que tus apostasías te escarmienten;          reconoce y ve          lo malo y amargo que te resulta          el dejar a Yahveh tu Dios          y no temblar ante mí          - oráculo del Señor Yahveh Sebaot -.

20 Oh tú, que rompiste desde siempre el yugo          y, sacudiendo las coyundas,          decías: «¡No serviré!»,          tú, que sobre todo otero prominente          y bajo todo árbol frondoso          estabas yaciendo, prostituta.

21 Yo te había plantado de la cepa selecta,          toda entera de simiente legítima.      Pues ¿cómo te has mudado en sarmiento          de vid bastarda?

22 Porque, así te blanquees con salitre          y te des cantidad de lejía,          se te nota la culpa en mi presencia          - oráculo del Señor Yahveh -.

23 Cómo dices: «No estoy manchada;          en pos de los Baales no anduve?»          ¡Mira tu rastro en el Valle!      Reconoce lo que has hecho,          camellita liviana que trenza sus derroteros,

24 irrumpe en el desierto          y en puro celo se bebe los vientos:          su estro, ¿quién lo calmará?      Cualquiera que la busca la topa,          ¡bien acompañada la encuentra!

25 Guarda tu pie de la descalcez          y tu garganta de la sed.      Pero tú dices: «No hay remedio:          a mí me gustan los extranjeros,          y tras ellos he de ir.»

26 Cual se avergüenza el ladrón cuando es sorprendido,          así se ha avergonzado la casa de Israel:          ellos, sus reyes, sus jefes,          sus sacerdotes y sus profetas,

27 los que dicen al madero: «Mi padre eres tú»,          y a la piedra: «Tú me diste a luz.»      Tras de volverme la espalda,          que no la cara,          al tiempo de su mal dice:          «¡Levántate y sálvanos!»

28 Pues ¿dónde están tus dioses, los que tú mismo te hiciste?          ¡Que se levanten ellos, a ver si te salvan en tiempo             de desgracia!      Pues cuantas son tus ciudades,          otros tantos son tus dioses, Judá;          (y cuantas calles cuenta Jerusalén,          otros tantos altares hay de Baal). 

29 ¿Por qué os querelláis conmigo,          si todos vosotros os habéis rebelado contra mí?          - oráculo de Yahveh -.

30 En vano golpeé a vuestros hijos,          pues no aprendieron.      Ha devorado vuestra espada a vuestos profetas,          como el león cuando estraga.

31 ¡Vaya generación la vuestra!; atended a la palabra de Yahveh:         ¿Fui yo un desierto para Israel          o una tierra malhadada?          ¿Por qué, entonces, dice mi pueblo:          «¡Bajemos!      No vendremos más a ti.»?

32 ¿Se olvida la doncella de su aderezo,          la novia de su cinta?      Pues mi pueblo sí que me ha olvidado días sin número.

33 ¡Qué hermoso te parece tu camino          en busca del amor!      A la verdad, hasta con maldades          aprendiste tus caminos.

34 En tus mismas haldas se encontraban          manchas de sangre de las almas de pobres inocentes:          no los sorprendiste en escalo.      Y con todo eso,

35 dices: «Soy inocente;          basta ya de ira contra mí.»      Pues bien, aquí me tienes para discutir contigo          eso que has dicho: «No he pecado.»

36 ¡Cuánta ligereza la tuya          para cambiar de dirección!      También de Egipto te avergonzarás          como te avergonzaste de Asur.

37 También de ésta saldrás          con las manos en la cabeza.      Porque Yahveh ha rechazado aquello en que confías,          y no saldrás bien de ello.

 

Jeremías 3

1  «Supongamos que despide un marido a su mujer;          ella se va de su lado          y es de otro hombre:          ¿podrá volver a él?          ¿no sería como una tierra manchada?»      Pues bien, tú has fornicado con muchos compañeros,          ¡y vas a volver a mí! - oráculo de Yahveh -.

2  Alza los ojos a los calveros y mira:          ¿en dónde no fuiste gozada?      A la vera de los caminos te sentabas para ellos,          como el árabe en el desierto,          y manchaste la tierra          con tus fornicaciones y malicia.

3  Se suspendieron las lloviznas de otoño,          y faltó lluvia tardía;          pero tú tenías rostro de mujer descarada,          rehusaste avergonzarte.

4  ¿Es que entonces mismo no me llamabas: «Padre mío;          el amigo de mi juventud eres tú?;

5  ¿tendrá rencor para siempre?,          ¿lo guardará hasta el fin?»      Ahí tienes cómo has hablado;          las maldades que hiciste las has colmado.

6  Yahveh me dijo en tiempos del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata? Andaba ella sobre cualquier  monte elevado y bajo cualquier árbol frondoso, fornicando allí.

7  En vista de lo que había hecho, dije: «No vuelvas a mí.» Y no volvió. Vio esto su hermana Judá, la pérfida;

8  vio que a causa de todas las fornicaciones de Israel, la apóstata, yo la había despedido dándole su carta de divorcio; pero no hizo caso su hermana Judá, la pérfida, sino que fue y fornicó también ella,

9  tanto que por su liviandad en fornicar manchó la tierra, y fornicó con la piedra y con el leño.

10 A pesar de todo, su hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino engañosamente - oráculo de Yahveh.

11 Y me dijo Yahveh: Más justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida.

12 Anda y pregona estas palabras al Norte y di:      Vuelve, Israel apóstata, - oráculo de Yahveh -;          no estará airado mi semblante contra vosotros,          porque piadoso soy - oráculo de Yahveh -          no guardo rencor para siempre.

13 Tan sólo reconoce tu culpa,          pues contra Yahveh tu Dios te rebelaste,          frecuentaste a extranjeros bajo todo árbol frondoso,          y mi voz no oísteis - oráculo de Yahveh -.

14 Volved, hijos apóstatas - oráculo de Yahveh - porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y os traeré a Sión.

15 Os pondré pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia.

16 Y luego, cuando seáis muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días - oráculo de Yahveh - no se hablará más del arca de la alianza de Yahveh, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás.

17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono de Yahveh» y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahveh, en Jerusalén, sin seguir más la dureza de sus perversos corazones.

18 En aquellos días, andará la casa de Judá al par de Israel, y vendrán juntos desde tierras del norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres.

19 Yo había dicho: «Sí,          te tendré como a un hijo          y te daré una tierra espléndida,          flor de las heredades de las naciones.»      Y añadí: «Padre me llamaréis          y de mi seguimiento no os volveréis.»

20 Pues bien, como engaña una mujer a su compañero,          así me ha engañado la casa de Israel,          oráculo de Yahveh.

21 Voces sobre los calveros se oían:          rogativas llorosas de los hijos de Israel,          porque torcieron su camino,          olvidaron a su Dios Yahveh.

22 - Volved, hijos apóstatas;          yo remediaré vuestras apostasías.          - Aquí nos tienes de vuelta a ti,          porque tú, Yahveh, eres nuestro Dios.

23 ¡Luego eran mentira los altos,          la barahúnda de los montes!          ¡Luego por Yahveh, nuestro Dios,          se salva Israel!

24 La Vergüenza se comió la laceria de nuestros padres          desde nuestra mocedad:          sus ovejas y vacas, sus hijos e hijas.

25 Acostémonos en nuestra vergüenza, y que nos cubra nuestra propia confusión,          ya que contra Yahveh nuestro Dios hemos pecado          nosotros como nuestros padres desde nuestra mocedad             hasta hoy, y no escuchamos la voz de Yahveh             nuestro Dios.

 

Jeremías 4

1  ¡Si volvieras, Israel!, oráculo de Yahveh,          ¡si a mí volvieras!,          si quitaras tus Monstruos abominables,          y de mí no huyeras!

2  Jurarías: «¡Por vida de Yahveh!»          con verdad, con derecho y con justicia,          y se bendecirían por él las naciones,          y por él se alabarían.

3  Porque así dice Yahveh          al hombre de Judá y a Jerusalén:          - Cultivad el barbecho          y no sembréis sobre cardos.

4  Circuncidaos para Yahveh y extirpad los prepucios de vuestros corazones,          hombres de Judá y habitantes de Jerusalén;          no sea que brote como fuego mi saña,          y arda y no haya quien la apague,          en vista de vuestras perversas acciones.

5  Avisad en Judá          y que se oiga en Jerusalén.      Tañed el cuerno por el país,          pregonad a voz en grito:          ¡Juntaos,          vamos a las plazas fuertes!

6  ¡Izad bandera hacia Sión!          ¡Escapad, no os paréis!      Porque yo traigo una calamidad del norte          y un quebranto grande.

7  Se ha levantado el león de su cubil,          y el devorador de naciones se ha puesto en marcha:          salió de su lugar          para dejar la tierra desolada.      Tus ciudades quedarán arrasadas, sin habitantes.

8  Por ende, ceñíos de sayal,          endechad y plañid:          - «¡No; no se va de nosotros          la ardiente ira de Yahveh!»

9  Sucederá aquel día - oráculo de Yahveh -          que se perderá el ánimo del rey          y el de los príncipes,          se pasmarán los sacerdotes,          y los profetas se espantarán.

10 Y yo digo: «¡Ay, Señor Yahveh!          ¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén          diciendo: “Paz tendréis”,          y ha penetrado la espada          hasta el alma!»

11 En aquella sazón se dirá a este pueblo y a Jerusalén:          - Un viento ardiente          viene por el desierto, camino de la hija de mi pueblo,                      no para beldar, ni para limpiar.

12 Un viento lleno de amenazas viene de mi parte.      Ahora me toca a mí alegar mis razones respecto a ellos.

13 Ved cómo se levanta cual las nubes,          como un huracán sus carros,          y ligeros más que águilas sus corceles.          - ¡Ay de nosotros, estamos perdidos!

14 - Limpia de malicia tu corazón, Jerusalén,          para que seas salva.          ¿Hasta cuándo durarán en ti          tus pensamientos torcidos?

15 Una voz avisa desde Dan          y da la mala nueva desde la sierra de Efraím.

16 Pregonad: «¡Los gentiles! ¡Ya están aquí!»;          hacedlo oír en Jerusalén.      Los enemigos vienen de tierra lejana          y dan voces contra las ciudades de Judá.

17 Como guardas de campo se han puesto frente a ella en torno,          porque contra mí se rebelaron - oráculo de Yahveh -.

18 Tu proceder y fechorías          te acarrearon esto;          esto tu desgracia te ha penetrado hasta el corazón          porque te rebelaste contra mí.

19 - ¡Mis entrañas, mis entrañas!,          ¡me duelen las telas del corazón,          se me salta el corazón del pecho!      No callaré,          porque mi alma ha oído sones de cuerno,          el clamoreo del combate.

20 Se anuncia quebranto sobre quebranto,          porque es saqueada toda la tierra.      En un punto son saqueadas mis tiendas,          y en un cerrar de ojos mis toldos.

21 ¿Hasta cuándo veré enseñas,          y oiré sones de cuerno?

22 - Es porque mi pueblo es necio:      A mí no me conocen.      Criaturas necias son,          carecen de talento.      Sabios son para lo malo,          ignorantes para el bien.

23 Miré a la tierra, y he aquí que era un caos;          a los cielos, y faltaba su luz.

24 Miré a los montes, y estaban temblando,          y todos los cerros trepidaban.

25 Miré, y he aquí que no había un alma,          y todas las aves del cielo se habían volado.

26 Miré, y he aquí que el vergel era yermo,          y todas las ciudades estaban arrasadas delante de             Yahveh          y del ardor de su ira.

27 Porque así dice Yahveh:      Desolación se volverá toda la tierra,          aunque no acabaré con ella.

28 Por eso ha de enlutarse la tierra,          y se oscurecerán los cielos arriba;          pues tengo  resuelta mi decisión          y no me pesará ni me volveré atrás de ella.

29 Al ruido de jinetes y flecheros          huía toda la ciudad.      Se metían por los bosques          y trepaban por las peñas.      Toda ciudad quedó abandonada,          sin quedar en ellas habitantes.

30 Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer?      Aunque te vistas de grana,          aunque te enjoyes con joyel de oro,          aunque te pintes con polvos los ojos,          en vano te hermoseas:          te han rechazado tus amantes:          ¡tu muerte es lo que buscan!

31 Y entonces oí una voz como de parturienta,          gritos como de primeriza:          era la voz de la hija de Sión,          que gimiendo extendía sus palmas:          «¡Ay, pobre de mí, que mi alma desfallece          a manos de asesinos!»

 

Jeremías 5

1  Recorred las calles de Jerusalén,          mirad bien y enteraos;          buscad por sus plazas,          a ver si topáis con alguno          que practique la justicia,          que busque la verdad,          y yo la perdonaría.

2  Pues, si bien dicen: «¡Por vida de Yahveh!»,          también juran en falso.

3  - ¡Oh Yahveh! tus ojos, ¿no son para la verdad?      Les heriste, mas no acusaron el golpe;          acabaste con ellos, pero no quisieron aprender.      Endurecieron sus caras más que peñascos,          rehusaron convertirse.

4  Yo decía: «Naturalmente, el vulgo es necio,          pues ignora el camino de Yahveh,          el derecho de su Dios.

5  Voy a acudir a los grandes          y a hablar con ellos,          porque ésos conocen el camino de Yahveh,          el derecho de su Dios.»      Pues bien, todos a una habían quebrado el yugo          y arrancado las coyundas.

6  Por eso los herirá el león de la selva,          el lobo de los desiertos los destrozará,          el leopardo acechará sus ciudades:          todo el que saliere de ellas será despedazado.          - Porque son muchas sus rebeldías,          y sus apostasías son grandes.

7  ¿Cómo te voy a perdonar por ello?      Tus hijos me dejaron          y juraron por el no - dios.      Yo los harté, y ellos se hicieron adúlteros,          y el lupanar frecuentaron.

8  Son caballos lustrosos y vagabundos:          cada cual relincha por la mujer de su prójimo.

9  ¿Y de esto no pediré cuentas?          - oráculo de Yahveh -,          ¿de una nación así          no se vengará mi alma?

10 Escalad sus murallas, destruid,          mas no acabéis con ella.      Quitad sus sarmientos          porque no son de Yahveh.

11 Porque bien me engañaron,          la casa de Judá y la casa de Israel          - oráculo de Yahveh -.

12 Renegaron de Yahveh          diciendo: «¡El no cuenta!,          ¡no nos sobrevendrá daño alguno,          ni espada ni hambre veremos!

13 Cuanto a los profetas, el viento se los lleve,          pues carecen de Palabra.»          - Así les será hecho.

14 Por tanto, así dice Yahveh,          el Dios Sebaot:      Por haber hablado ellos tal palabra,          he aquí que yo pongo las mías          en tu boca como fuego,          y a este pueblo como leños,          y los consumirá.

15 He aquí que yo traigo sobre vosotros,          una nación de muy lejos,          ¡oh casa de Israel! - oráculo de Yahveh -;          una nación que no mengua,          nación antiquísima aquélla,          nación cuya lengua ignoras          y no entiendes los que habla;

16 cuyo carcaj es como tumba abierta:          todos son valientes.

17 Comerá tu mies y tu pan,          comerá a tus hijos e hijas,          comerá tus ovejas y vacas,          comerá tus viñas e higueras;          con la espada destruirá tus plazas fuertes          en que confías.

18 Por lo demás, en los días aquellos - oráculo de Yahveh - todavía no acabaré con vosotros.

19 - Y cuando dijereis: «¿Por qué nos hace Yahveh nuestro Dios todo esto?», les dirás: «Lo mismo que me dejasteis  a mí y servisteis a dioses extraños en vuestra tierra, así serviréis a extraños en una tierra no vuestra.»

20 Anunciad esto a la casa de Jacob          y hacedlo oír en Judá:

21 - Ea, oíd esto,          pueblo necio y sin seso          - tienen ojos y no ven,          orejas y no oyen -:

22 ¿A mí no me temeréis? - oráculo de Yahveh -,          ¿delante de mí no temblaréis,          que puse la arena por término al mar,          límite eterno, que no traspasará?      Se agitará, mas no lo logrará;          mugirán sus olas, pero no pasarán.

23 Pero este pueblo tiene          un corazón traidor y rebelde:          traicionaron llegando hasta el fin.

24 Y no se les ocurrió decir:          «Ea, temamos a Yahveh nuestro Dios,          que da la lluvia tempranera          y la tardía a su tiempo;          que nos garantiza las semanas          que regulan la siega.»

25 Todo esto lo trastornaron vuestras culpas          y vuestros pecados os privaron del bien.

26 Porque se encuentran en mi pueblo malhechores:          preparan la red,          cual paranceros montan celada:          ¡hombres son atrapados!

27 Como jaula llena de aves,          así están sus casas llenas de fraudes.      Así se engrandecieron y se enriquecieron,

28 engordaron, se alustraron.      Ejecutaban malas acciones.      La causa del huérfano no juzgaban          y el derecho de los pobres no sentenciaban.

29 ¿Y de esto no pediré cuentas?          - oráculo de Yahveh -,          ¿de una nación así          no se vengará mi alma?

30 Algo pasmoso y horrendo          se ha dado en la tierra:

31 los profetas profetizaron con mentira,          y los sacerdotes dispusieron a su guisa.      Pero mi pueblo lo prefiere así.          ¿A dónde vais a parar?

 

Jeremías 6

1  Escapad, hijos de Benjamín,          de dentro de Jerusalén,          en Técoa tañed el cuerno,          y sobre Bet Hakkérem izad bandera,          porque una desgracia amenaza del norte          y un quebranto grande.

2  ¿Acaso a una deliciosa pradera          te comparas, hija de Sión?

3  A ella vienen pastores          con sus rebaños,          han montado las tiendas,          junto a ella en derredor,          y apacientan cada cual su manada.

4  - «¡Declaradle la guerra santa!          ¡En pie y subamos contra ella a mediodía!...          ¡Ay de nosotros, que el día va cayendo,          y se alargan las sombras de la tarde!...

5  ¡Pues arriba y subamos de noche          y destruiremos sus alcázares!»

6  Porque así dice Yahveh Sebaot:          «Talad sus árboles          y alzad contra Jerusalén un terraplén.»      Es la ciudad de visita.      Todo el mundo se atropella en su interior.

7  Cual mana un pozo sus aguas,          tal mana ella su malicia.          «¡Atropello!», «¡despojo!» - se oye decir en             ella;          ante mí de continuo heridas y golpes.

8  Aprende, Jerusalén,          no sea que se despegue mi alma de ti,          no sea que te convierta en desolación,          en tierra despoblada.

9  Así dice Yahveh Sebaot:      Busca, rebusca como en una cepa          en el resto de Israel;          vuelve a pasar tu mano          como el vendimiador por los pámpanos.

10 - ¿A quiénes que me oigan voy a hablar y avisar?      He aquí que su oído es incircunciso          y no pueden entender.      He aquí que la palabra de Yahveh se les ha vuelto oprobio:                      no les agrada.

11 También yo estoy lleno de la saña de Yahveh          y cansado de retenerla.      La verteré sobre el niño de la calle          y sobre el grupo de mancebos juntos.      También el hombre y la mujer serán apresados,          el viejo con la anciana.

12 Pasarán sus casas a otros,          campos y mujeres a la vez,          cuando extienda yo mi mano          sobre los habitantes de esta tierra - oráculo de             Yahveh -.

13 Porque desde el más chiquito de ellos hasta el más grande,          todos andan buscando su provecho,          y desde el profeta hasta el sacerdote,          todos practican el fraude.

14 Han curado el quebranto de mi pueblo          a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!»,          cuando no había paz.

15 ¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron?      Avergonzarse, no se avergonzaron;          sonrojarse, tampoco supieron;          por tanto caerán con los que cayeren;          tropezarán cuando se les visite          - dice Yahveh.

16 Así dice Yahveh:      Paraos en los caminos y mirad,          y preguntad por los senderos antiguos,          cuál es el camino bueno, y andad por él,          y encontraréis sosiego para vuestras almas.      Pero dijeron: «No vamos.»

17 Entonces les puse centinelas:          «¡Atención al toque de cuerno!»      Pero dijeron: «No atendemos.»

18 Por tanto, oíd, naciones,          y conoce, asamblea,          lo que vendrá sobre ellos;

19 oye, tierra:      He aquí que traigo desgracia a este pueblo,          como fruto de sus pensamientos,          porque a mis razones no atendieron,          y por lo que respecta a mi Ley, la desecharon.

20 - ¿A qué traerme incienso de Seba          y canela fina de país remoto?      Ni vuestros holocaustos me son gratos,          ni vuestros sacrificios me complacen.

21 Por tanto, así dice Yahveh:      Mirad que pongo a este pueblo tropiezos          y tropezarán en ellos          padres e hijos a una,          el vecino y su prójimo perecerán.

22 Así dice Yahveh:      Mirad que un pueblo viene de tierras del norte          y una gran nación se despierta de los confines de la             tierra.

23 Arco y lanza blanden,          crueles son y sin entrañas.      Su voz como la mar muge,          y a caballo van montados,          ordenados como un solo hombre para la guerra          contra ti, hija de Sión.

24 - Oímos su fama,          flaquean nuestras manos,          angustia nos asalta,          dolor como de parturienta.

25 No salgáis al campo,          no andéis por el camino,          que el enemigo lleva espada:          terror por doquier.

26 - Hija de mi pueblo, cíñete de sayal y revuélcate en ceniza,          haz por ti misma un duelo de hijo único,          una endecha amarguísima,          porque en seguida viene          el saqueador sobre nosotros.

27 - A ti te puse en mi pueblo por inquisidor sagaz          para que examinaras y probaras su conducta.

28 - Todos ellos son rebeldes que andan difamando;          bronce y hierro;          todos son degenerados.

29 Jadeó el fuelle,          el plomo se consumió por el fuego.      En vano afinó el afinador,          porque la ganga no se desprendió.

30 Serán llamados «plata de desecho»,          porque Yahveh los desechó.

 

Jeremías 7

1  Palabra que llegó de parte de Yahveh a Jeremías:

2  Párate en la puerta de la Casa de Yahveh y proclamarás allí esta palabra. Dirás: Oíd la palabra de Yahveh, todo  Judá, los que entráis por estas puertas a postraros ante Yahveh.

3  Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar.

4  No fiéis en palabras engañosas diciendo: «¡Templo de Yahveh, Templo de Yahveh, Templo de Yahveh es éste!»

5  Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua

6  y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño,

7  entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres desde siempre hasta siempre.

8  Pero he aquí que vosotros fiáis en palabras engañosas que de nada sirven,

9  para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais.

10 Luego venís y os paráis ante mí en esta Casa llamada por mi Nombre y decís: «¡Estamos seguros!», para seguir haciendo todas esas abominaciones.

11 ¿En cueva de bandoleros se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que se llama por mi Nombre? ¡Que bien visto lo tengo! - oráculo de Yahveh -.

12 Pues andad ahora a mi lugar de Silo, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él ante la maldad  de mi pueblo Israel.

13 Y ahora, por haber hecho vosotros todo esto - oráculo de Yahveh - por más que os hablé asiduamente, aunque no me  oísteis, y os llamé, mas no respondisteis,

14 yo haré con la Casa que se llama por mi Nombre, en la que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros  padres, como hice con Silo,

15 y os echaré de mi presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraím.

16 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo ni eleves por ellos plegaria ni oración, ni me insistas, porque no te oiré.

17 ¿Es que no ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén?

18 Los hijos recogen leña, los padres prenden fuego, las mujeres amasan para hacer tortas a la Reina de los Cielos, y se liba en honor de otros dioses para exasperarme.

19 ¿A mí me exasperan ésos? - oráculo de Yahveh -, ¿no es a sí mismos, para vergüenza de sus rostros?

20 Por tanto, así dice el Señor Yahveh: He aquí que mi ira y mi saña se vuelca sobre este lugar, sobre hombres y bestias  bestias, sobre los árboles del campo y el fruto del suelo; arderá y no se apagará.

21 Así dice Yahveh Sebaot, el Dios de Israel. Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comeos la carne.

22 Que cuando yo saqué a vuestros padres del país de Egipto, no les hablé ni les mandé nada tocante a holocausto y  sacrificio.

23 Lo que les mandé fue esto otro: «Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y seguiréis todo camino que yo os mandare, para que os vaya bien.»

24 Mas ellos no escucharon ni prestaron el oído, sino que procedieron en sus consejos según la pertinacia de su mal  corazón, y se pusieron de espaldas, que no de cara;

25 desde la fecha en que salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos, los profetas, cada día puntualmente.

26 Pero no me escucharon ni aplicaron el oído, sino que atiesando la cerviz hicieron peor que sus padres.

27 Les dirás, pues, todas estas palabras, mas no te escucharán. Les llamarás y no te responderán.

28 Entonces les dirás: Esta es la nación que no ha escuchado la voz de Yahveh su Dios, ni ha querido aprender. Ha perecido la lealtad, ha desaparecido de su boca.

29 Córtate tus guedejas y tíralas,          y entona por los calveros una elegía;          que Yahveh ha desechado y repudiado          a la generación objeto de su cólera.

30 Los hijos de Judá han hecho lo que me parece malo - oráculo de Yahveh -: han puesto sus Monstruos abominables en la Casa que llaman por mi Nombre profanándola,

31 y han construido los altos de Tófet - que está en el valle de Ben Hinnom - para quemar a sus hijos e hijas en el fuego, cosa que nos les mandé ni me pasó por las mientes.

32 Por tanto, he aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que no se hablará más de Tófet, ni del valle de Ben  Hinnom, sino del “valle de la Matanza”. Se harán enterramientos en Tófet por falta de sitio,

33 y los cadáveres de este pueblo servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, sin que haya quien las espante.

34 Suspenderé en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén toda voz de gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque toda la tierra quedará desolada.

 

Jeremías 8

1  En aquel tiempo - oráculo de Yahveh - sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus  príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los moradores de Jerusalén,

2  y los dispersarán ante el sol, la luna y todo el ejército celeste a quienes amaron y sirvieron, a quienes siguieron, consultaron y adoraron, para no ser recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la haz de la tierra.

3  Y será preferible la muerte a la vida para todo el resto que subsistiere de este linaje malo adondequiera que yo les relegue - oráculo de Yahveh Sebaot -.

4  Les dirás: Así dice Yahveh:      Los que caen ¿no se levantan?          y si uno se extravía ¿no cabe tornar?

5  Pues ¿por qué este pueblo sigue apostatando,      Jerusalén con apostasía perpetua?      Se aferran a la mentira,          rehúsan convertirse.

6  He escuchado atentamente:          no hablan a derechas.      Nadie deplora su maldad          diciendo: «¿Qué he hecho?»      Todos se extravían, cada cual en su carrera,          cual caballo que irrumpe en la batalla.

7  Hasta la cigüeña en el cielo          conoce su estación,          y la tórtola, la golondrina o la grulla          observan la época de sus migraciones.      Pero mi pueblo ignora          el derecho de Yahveh.

8  ¿Cómo decís: «Somos sabios,          y poseemos la Ley de Yahveh?»      Cuando es bien cierto que en mentira la ha cambiado          el cálamo mentiroso de los escribas.

9  Los sabios pasarán vergüenza,          serán abatidos y presos.      He aquí que han desechado la palabra de Yahveh,          y su sabiduría ¿de qué les sirve?

10 Así que yo daré sus mujeres a otros,          sus campos a nuevos amos,          porque del más chiquito al más grande          todos andan buscando su provecho,          y desde el profeta hasta el sacerdote,          todos practican el fraude.

11 Han curado el quebranto de la hija de mi pueblo          a la ligera, diciendo: «¡Paz, paz!»,          cuando no había paz.

12 ¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron?          ¡Avergonzarse, no se avergonzaron;          sonrojarse, tampoco supieron!      Por tanto caerán con los que cayeren;          tropezarán cuando se les visite          - dice Yahveh -.

13 Quisiera recoger de ellos alguna cosa          - oráculo de Yahveh -          pero no hay racimos en la vid          ni higos en la higuera,          y están mustias sus hojas.      Es que yo les he dado          quien les despoje.

14 - «¿Por qué nos quedamos tranquilos?          ¡Juntaos,          vamos a las plazas fuertes          para enmudecer allí,          pues Yahveh nuestro Dios nos hace morir          y nos propina agua envenenada,          porque hemos pecado contra Yahveh!

15 Esperábamos paz, y no hubo bien alguno;          el tiempo de la cura, y se presenta el miedo.

16 Desde Dan se deja oír.          el resuello de sus caballos.      Al relincho sonoro de sus corceles          tembló la tierra toda.      Vendrán y comerán el país y sus bienes,          la ciudad y sus habitantes.»

17 - Sí, he aquí que yo envío contra vosotros          sierpes venenosas          contra las que no existe encantamiento,          y os picarán - oráculo de Yahveh -.

 

18 Sin remedio el dolor me acomete,          el corazón me falla;

19 he aquí el grito lastimero de la hija de mi pueblo          desde todos los rincones del país:          «¿No está Yahveh en Sión?          ¿su Rey no mora ya en ella?          (¿Por qué me han irritado con sus ídolos,          con esas Vanidades traídas del extranjero?)

20 La siega pasó, el verano acabó,          mas nosotros no estamos a salvo.»

21 Me duele el quebranto de la hija de mi pueblo;          estoy abrumado, el pánico se apodera de mí.

22 ¿No hay sandáraca en Galaad?,          ¿no quedan médicos allí?      Pues ¿cómo es que no llega el remedio          para la hija de mi pueblo?

23 ¡Quién convirtiera mi cabeza en llanto,          mis ojos en manantial de lágrimas          para llorar día y noche          a los muertos de la hija de mi pueblo!

 

Jeremías 9

1  ¡Quién me diese en el desierto          una posada de caminantes,          para poder dejar a mi pueblo          y alejarme de su compañía!      Porque todos ellos son adúlteros,          un hatajo de traidores

2  que tienden su lengua como un arco.      Es la mentira, que no la verdad,          lo que prevalece en esta tierra.      Van de mal en peor,          y a Yahveh desconocen.

3  ¡Que cada cual se guarde de su prójimo!,          ¡desconfiad de cualquier hermano!,          porque todo hermano pone la zancadilla,          y todo prójimo propala la calumnia.

4  Se engañan unos a otros,          no dicen la verdad;          han avezado sus lenguas a mentir,          se han pervertido, incapaces

5  de convertirse.      Fraude por fraude, engaño por engaño,          se niegan a reconocer a Yahveh.

6  Por ende, así dice Yahveh Sebaot:      He aquí que yo voy a afinarlos y probarlos;          mas ¿cómo haré para tratar a la hija de mi pueblo?

7  Su lengua es saeta mortífera,          las palabras de su boca, embusteras.      Se saluda al prójimo,          pero por dentro se le pone celada.

8  Y por estas acciones, ¿no les he de castigar?          - oráculo de Yahveh -,          ¿de una nación así          no se vengará mi alma?

9  Alzo sobre los montes lloro y lamento,          y una elegía por las dehesas del desierto,          porque han sido incendiadas; nadie pasa por allí,          y no se oyen los gritos del ganado.      Desde las aves del cielo hasta las bestias,          todas han huido, se han marchado.

10 Voy a hacer de Jerusalén un montón de piedras,          guarida de chacales,          y de las ciudades de Judá haré una soledad          sin ningún habitante.

11 ¿Quién es el sabio?, pues que entienda esto; a quién ha hablado la boca de Yahveh?, pues que lo diga;          ¿por qué el país se ha perdido,          incendiado como el desierto donde no pasa nadie?

12 Yahveh lo ha dicho: Es que han abandonado mi Ley que yo les propuse, y no han escuchado mi voz ni la han seguido;

13 sino que han ido en pos de la inclinación de sus corazones tercos, en pos de los Baales que sus padres les enseñaron.

14 Por eso, así dice Yahveh Sebaot, el dios de Israel: He aquí que voy a dar de comer a este pueblo ajenjo y les voy  a dar de beber agua emponzoñada.

15 Les voy a dispersar entre las naciones desconocidas de ellos y de sus padres, y enviaré detrás de ellos la espada hasta exterminarlos.

16 Así habla Yahveh Sebaot:          ¡Hala! Llamad a las plañideras, que vengan:          mandad por las más hábiles, que vengan.

17 ¡Pronto! que entonen por nosotros una lamentación.      Dejen caer lágrimas nuestros ojos,          y nuestros párpados den curso al llanto.

18 Sí, una lamentación se deja oír desde Sión:          «¡Ay, que somos saqueados!,          ¡qué vergüenza tan grande,          que se nos hace dejar nuestra tierra,          han derruido nuestros hogares!»

19 Oíd, pues, mujeres, la palabra de Yahveh;          reciba vuestro oído la palabra de su boca:      Enseñad a vuestras hijas esta lamentación,          y las unas a las otras esta elegía:

20 «La muerte ha trepado por nuestras ventanas,          ha entrado en nuestros palacios,          barriendo de la calle al chiquillo,          a los mozos de las plazas.

21 ¡Habla! Tal es el oráculo de Yahveh:      Los cadáveres humanos yacen          como boñigas por el campo,          como manojos detrás del segador,          y no hay quien los reúna.»

22 Así dice Yahveh:      No se alabe el sabio por su sabiduría,          ni se alabe el valiente por su valentía,          ni se alabe el rico por su riqueza;

23 mas en esto se alabe quien se alabare:          en tener seso y conocerme,           por que yo soy Yahveh, que hago merced,          derecho y justicia sobre la tierra,          porque en eso me complazco          - oráculo de Yahveh -.

24 He aquí que vienen días - oráculo de Yahveh - en que he de visitar a todo circuncidado que sólo lo sea en su carne:

25 a Egipto, Judá, Edom y a los hijos de Ammón, a Moab, y a todos los de sien rapada, los que moran en el desierto. Porque todas estas gentes lo son. Pero también los de la casa de Israel son incircuncisos de corazón.

 

Jeremías 10

1  Oíd la palabra que os dedica Yahveh, oh casa de Israel.

2  Así dice Yahveh:      Al proceder de los gentiles no os habituéis,          ni de los signos celestes os espantéis.          ¡Que se espanten de ellos los gentiles!

3  Porque las costumbres de los gentiles son vanidad:          un madero del bosque,          obra de manos del maestro          que con el hacha lo cortó,

4  con plata y oro lo embellece,          con clavos y a martillazos se lo sujeta          para que no se menee.

5  Son como espantajos de pepinar, que ni hablan.      Tienen que ser transportados, porque no andan.      No les tengáis miedo, que no hacen ni bien ni mal.

6  No hay como tú, Yahveh;          grande eres tú,          y grande tu Nombre en poderío.

7  ¿Quién no te temerá, Rey de las naciones?      Porque a ti se te debe eso.      Porque entre todos los sabios de las naciones          y entre todos sus reinos          no hay nadie como tú.

8  Todos a la par son estúpidos y necios:          lección de madera la que dan los ídolos.

9  Plata laminada,          de Tarsis importada,          y oro de Ofir;          hechura de maestro          y de manos de platero          (de púrpura violeta y escarlata es su vestido):          todos son obra de artistas.

10 Pero Yahveh es el Dios verdadero;          es el Dios vivo          y el Rey eterno.      Cuando se irrita, tiembla la tierra,          y no aguantan las naciones su indignación.

11 (Así les diréis: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra, perecerán de la tierra y de debajo del cielo.»)

12 El es quien hizo la tierra con su poder,          el que estableció el orbe con su saber,          y con su inteligencia expandió los cielos.

13 Cuando da voces,          hay estruendo de aguas en los cielos,          y hace subir las nubes desde el extremo de la tierra.      El hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de             sus depósitos.

14 Todo hombre es torpe para comprender,          se avergüenza del ídolo todo platero,          porque sus estatuas son una mentira          y no hay espíritu en ellas.

 

15 Vanidad son, cosa ridícula;          al tiempo de su visita perecerán.

16 No es así la «Parte de Jacob»,          pues él es el plasmador del universo,          y aquel cuyo heredero es Israel;      Yahveh Sebaot es su nombre.

17 Recoge del suelo tu mercancía,          oh tú, que estás sitiada:

18 porque así dice Yahveh:      He aquí que yo voy a hondear          a los moradores del país          - ¡esta vez va de veras! -          y les apremiaré          de modo que den conmigo.

19 - «¡Ay de mí, por mi quebranto!          ¡me duele la herida!      Y yo que decía:          “Ese es un sufrimiento,          pero me lo aguantaré”...

20 Mi tienda ha sido saqueada,          y todos mis tensores arrancados.      Mis hijos me han sido quitados y no existen.      No hay quien despliegue ya mi tienda          ni quien ice mis toldos.»

21 - Es que han sido torpes los pastores          y no han buscado a Yahveh;          así no obraron cuerdamente,          y toda su grey fue dispersada.

22 ¡Se oye un rumor! ¡ya llega!:          un gran estrépito del país del norte,          para trocar las ciudades de Judá          en desolación, guarida de chacales.

23 Yo sé, Yahveh,          que no depende del hombre su camino,          que no es del que anda          enderezar su paso.

24 Corrígeme, Yahveh, pero con tino,          no con tu ira, no sea que me quede en poco.

25 Vierte tu cólera sobre las naciones          que te desconocen,          y sobre los linajes          que no invocan tu Nombre.      Porque han devorado a Jacob hasta consumirle,          lo han devorado y su mansión han desolado.

 

Jeremías 11

1  Palabra que llegó de parte de Yahveh a Jeremías:

2  Oíd los términos de esta alianza y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén,

3  y diles: Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Maldito el varón que no escuche los términos de esta alianza

4  que mandé a vuestros padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro, diciéndoles: «Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios,

5  en orden a cumplir el juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel - como se cumple hoy.» Respondí y dije: ¡Amén, Yahveh!

6  Y me dijo Yahveh: Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén: «Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos:

7  que bien advertí a vuestros padres el día que les hice subir de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz!

8  Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de su corazón malo. Y así he aplicado contra ellos todos los términos de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron.»

9  Y me dijo Yahveh: Se ha descubierto una conjura entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén.

10 Han reincidido en las culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar mis palabras: se han ido en pos de otros dioses para servirles; han violado la casa de Israel y la casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres.

11 Por ende, así dice Yahveh: He aquí que yo les traigo una desgracia a la que no podrán hurtarse; y aunque se me  quejaren, no les oiré.

12 ¡Que vayan las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y que se quejen a los dioses a quienes inciensan!, que lo que es salvarles, no les salvarán al tiempo de su desgracia.

13 Pues cuantas son tus ciudades,          otros tantos son tus dioses, Judá;          y cuantas calles cuenta Jerusalén,          otros tantos altares a la Vergüenza,          otros tantos altares hay de Baal.

14 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo, ni eleves por ellos plegaria ni oración, porque no he de oír cuando clamen  a mí por su desgracia.

15 ¿Qué hace mi amada en mi Casa?;          su obrar ¿no es pura doblez?          ¿Es que los votos y la carne consagrada          harán pasar de ti tu desgracia?      Entonces sí que te regocijarías.

16 «Olivo frondoso, lozano, de fruto hermoso»          te había puesto Yahveh por nombre.      Pero con gran estrépito          le ha prendido fuego,          y se han quemado sus guías.

17 Yahveh Sebaot, que te plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la casa de Israel y la casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal.

18 Yahveh me lo hizo saber, y me enteré de ello. Entonces me descubriste, Yahveh, sus maquinaciones.

19 Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mí tramaban maquinaciones: «Destruyamos  el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»

20 ¡Oh Yahveh Sebaot, juez de lo justo,          que escrutas los riñones y el corazón!,          vea yo tu venganza contra ellos,          porque a ti he manifestado mi causa.

21 Y en efecto, así dice Yahveh tocante a los de Anatot, que buscan mi muerte diciendo: «No profetices en nombre de  Yahveh, y no morirás a nuestras manos».

22 Por eso así dice Yahveh Sebaot: He aquí que yo les voy a visitar. Sus mancebos morirán por la espada, sus hijos e hijas morirán de hambre,

23 y no quedará de ellos ni reliquia cuando yo traiga la desgracia a los de Anatot, el año en que sean visitados.

 

Jeremías 12

1  Tu llevas la razón, Yahveh,          cuando discuto contigo,          no obstante, voy a tratar contigo un punto de             justicia.          ¿Por qué tienen suerte los malos,          y son felices todos los felones?

2  Los plantas, y enseguida arraigan,          van a más y dan fruto.      Cerca estás tú de sus bocas,          pero lejos de sus riñones.

3  En cambio a mí ya me conoces, Yahveh; me has visto          y has comprobado que mi corazón está contigo.      Llévatelos como ovejas al matadero,          y conságralos para el día de la matanza.

4  (¿Hasta cuándo estará de luto la tierra y la hierba de todo el campo estará seca? Por la maldad de los que moran  en ella han desaparecido bestias y aves.) Porque han dicho:          «No ve Dios nuestros senderos.»

5  - Si con los de a pie corriste y te cansaron,          ¿cómo competirás con los de a caballo?      Y si en tierra abierta te sientes seguro.          ¿qué harás entre el boscaje del Jordán?

6  Porque incluso tus hermanos y la casa de tu padre, ésos también te traicionarán y a tus espaldas gritarán. No te  fíes de ellos cuando te digan hermosas palabras.

7  Dejé mi casa,          abandoné mi heredad,          entregué el cariño de mi alma          en manos de sus enemigos.

8  Se ha portado conmigo mi heredad          como un león en la selva:          me acosaba con sus voces; por eso la aborrecí.

9  ¿Es por ventura un pájaro pinto mi heredad?      Las rapaces merodean sobre ella.          ¡Andad, juntaos, fieras todas del campo:          id al yantar!

10 Entre muchos pastores destruyeron mi viña,          hollaron mi heredad,          trocaron mi mejor campa          en un yermo desolado.

11 La convirtieron en desolación lamentable,          en inculta para mí.      Totalmente desolado está todo el país          porque no hay allí nadie que lo sienta.

12 Sobre todos los calveros del desierto          han venido saqueadores          (porque una espada tiene Yahveh devorada),          de un cabo al otro de la tierra          no hubo cuartel para alma viviente.

13 Sembraron trigo, y espinos segaron,          se afanaron sin provecho.      Vergüenza les dan sus cosechas,          por causa de la ira ardiente de Yahveh.

14 Así dice Yahveh: En cuanto a todos los malos vecinos que han tocado la heredad que di en precio a mi pueblo Israel, he aquí que yo los arranco de su solar. (Y a la casa de Judá voy a arrancarla de en medio de ellos.)

15 Pero luego de haberlos arrancado, me volveré y les tendré lástima, y les haré retornar, cada cual a su heredad y a su tierra.

16 Y entonces, si de veras aprendieron el camino de mi pueblo jurando en mi Nombre: «¡Por vida de Yahveh!» - lo mismo  que ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal - serán restablecidos a la par de mi pueblo.

17 Mas si no obedecen, arrancaré a aquella gente y arrancada quedará y la haré perecer - oráculo de Yahveh -.

 

Jeremías 13

1  Yahveh me dijo así: «Anda y cómprate una faja de lino y te la pones a la cintura, pero no la metas en agua.»

2  Compré la faja, según la orden de Yahveh, y me la puse a la cintura.

3  Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh por la segunda vez:

4  «Toma la faja que has comprado y que llevas a la cintura, levántate y vete al Eufrates y la escondes allí en un  resquicio de la peña.»

5  Yo fui y la escondí en el Eufrates como me había mandado Yahveh.

6  Al cabo de mucho tiempo me dijo Yahveh: «Levántate, vete al Eufrates y recoges de allí la faja que te mandé que escondieras allí.»

7  Yo fui al Eufrates, cavé, recogí la faja del sitio donde la había escondido y he aquí que se había echado a perder la faja: no valía para nada.

8  Entonces me fue dirigida la palabra de Yahveh en estos términos:

9  «Así dice Yahveh: Del mismo modo echaré a perder la mucha soberbia de Judá y de Jerusalén.

10 Ese pueblo malo que rehúsa oír mis palabras, que caminan según la terquedad de sus corazones y han ido en pos de otros dioses a servirles y adorarles, serán como esta faja que no vale para nada.

11 Porque así como se pega la faja a la cintura de uno, de igual modo hice apegarse a mí a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá - oráculo de Yahveh - con idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía, mi loor y mi prez, pero ellos no me oyeron.

12 Diles este refrán: Así dice Yahveh, el Dios de Israel: «Todo cántaro se puede llenar de vino.» Ellos te dirán: «¿No sabemos de sobra que todo cántaro se puede llenar de vino?»

13 Entonces les dices: «Pues así dice Yahveh: He aquí que yo lleno de borrachera a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes sucesores de David en el trono, a los sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de Jerusalén,

14 y los estrellaré, a cada cual contra su hermano, padres e hijos a una - oráculo de Yahveh - sin que piedad, compasión  y lástima me quiten de destruirlos.»

15 Oíd y escuchad, no seáis altaneros,          porque habla Yahveh.

16 Dad gloria a vuestro Dios Yahveh          antes que haga oscurecer,          y antes que se os vayan los pies          sobre la sierra oscura,          y esperéis la luz,          y él la haya convertido en negrura,          la haya trocado en tiniebla densa.

17 Pero si no le oyereis, en silencio          llorará mi alma por ese orgullo,          y dejarán caer mi ojos lágrimas,          y verterán copiosas lágrimas,          porque va cautiva la grey de Yahveh.

18 Di al rey y a la Gran Dama:      Humillaos, sentaos,          porque ha caído de vuestras cabezas          vuestra diadema preciosa.

19 Las ciudades del Négueb están cercadas,          y no hay quien abra.      Todo Judá es deportado,          deportado en masa.

20 Alza tus ojos, Jerusalén, y mira          a los que vienen del norte.          ¿Dónde está la grey que se te dio,          tus preciosas ovejas?

21 ¿Qué dirás cuando te visiten          con autoridad sobre ti?      Pues lo que tú les enseñabas a hacer sobre ti          eran caricias.          ¿No te acometerán dolores          como de parturienta?

22 Pero acaso digas en tus adentros:          «¿Por qué me ocurren estas cosas?»      Por tu gran culpa han sido alzadas tus faldas          y han sido forzados tus calcañales.

23 ¿Muda el kusita su piel,          o el leopardo sus pintas?          ¡También vosotros podéis entonces hacer el bien,          los avezados a hacer el mal!

24 Por eso os esparcí como paja liviana          al viento de la estepa.

25 Esa es tu suerte, el tanto por tu medida          que te toca de mi parte - oráculo de Yahveh -:          por cuanto que me olvidaste          y te fiaste de la Mentira.

26 Pues también yo te he levantado las faldas sobre tu rostro,          y se ha visto tu indecencia.

27 ¡Ah, tus adulterios y tus relinchos,          la bajeza de tu prostitución!      Sobre los altos, por la campiña          he visto tus Monstruos abominables.          ¡Ay de ti, Jerusalén, que no estás pura!          ¿Hasta cuándo todavía...?

 

Continua…