EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

Mateo 1

1  Libro de la generación de Jesucristo,          hijo de David, hijo de Abraham:

2  Abraham engendró a Isaac,      Isaac engendró a Jacob,      Jacob engendró a Judá y a sus hermanos,

3  Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zara,      Fares engendró a Esrom,      Esrom engendró a Aram,

4  Aram engendró a Aminadab,      Aminadab engendró a Naassón,      Naassón engendró a Salmón,

5  Salmón engendró, de Rajab, a Booz,      Booz engendró, de Rut, a Obed,      Obed engendró a Jesé,

6  Jesé engendró al rey David.      David engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón,

7  Salomón engendró a Roboam,      Roboam engendró a Abiá,      Abiá engendró a Asaf,

8  Asaf engendró a Josafat,      Josafat engendró a Joram,      Joram engendró a Ozías,

9  Ozías engendró a Joatam,      Joatam engendró a Acaz,      Acaz engendró a Ezequías,

10 Ezequías engendró a Manasés,      Manasés engendró a Amón,      Amón engendró a Josías,

11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos,          cuando la deportación a Babilonia.

12 Después de la deportación a Babilonia,      Jeconías engendró a Salatiel,      Salatiel engendró a Zorobabel,

13 Zorobabel engendró a Abiud,      Abiud engendró a Eliakim,      Eliakim engendró a Azor,

14 Azor engendró a Sadoq,      Sadoq engendró a Aquim,      Aquim engendró a Eliud,

15 Eliud engendró a Eleazar,      Eleazar engendró a Mattán,      Mattán engendró a Jacob,

16 y Jacob engendró a José, el esposo de María,          de la que nació Jesús, llamado Cristo.

17 Así que el total de las generaciones son: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta la  deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar  a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.

19 Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

20 Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo.

21 Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»

22 Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta:

23 = Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo,          y le pondrán por nombre Emmanuel, =          que traducido significa: «Dios con nosotros.»

24 Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

25 Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

 

Mateo 2

1  Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén,

2  diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido  a adorarle.»

3  En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén.

4  Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo.

5  Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta:

6  = Y tú, Belén, tierra de Judá,          no eres, no, la menor entre los principales clanes de             Judá;          porque de ti saldrá un caudillo          que apacentará a mi pueblo Israel.» =

7  Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella.

8  Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.»

9  Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba  delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.

10 Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.

11 Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y  le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.

12 Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

13 Después que ellos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al  niño para matarle.»

14 El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto;

15 y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: = De Egipto llamé a mi hijo. =

16 Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos  los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos.

17 Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:

18 = Un clamor se ha oído en Ramá,          mucho llanto y lamento:          es Raquel que llora a sus hijos,          y no quiere consolarse,          porque ya no existen. =

19 Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo:

20 «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño.»

21 El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel.

22 Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea,

23 y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: = Será llamado Nazoreo. =

 

Mateo 3

1  Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea:

2  «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.»

3  Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: = Voz del que clama en el desierto:      Preparad el camino del Señor,          enderezad sus sendas. =

4  Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre.

5  Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán,

6  y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

7  Pero viendo él venir muchos fariseos y saduceos al bautismo, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado  a huir de la ira inminente?

8  Dad, pues, fruto digno de conversión,

9  y no creáis que basta con decir en vuestro interior: “Tenemos por padre a Abraham”; porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham.

10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al  fuego.

11 Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de  llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

12 En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.»

13 Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él.

14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?»

15 Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó.

16 Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él.

17 Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

 

Mateo 4

1  Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.

2  Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre.

3  Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.»

4  Mas él respondió: «Está escrito: = No sólo de pan vive el hombre,          sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» =

5  Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo,

6  y le dice: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: = A sus ángeles te encomendará,          y en sus manos te llevarán,          para que no tropiece tu pie en piedra alguna.» =

7  Jesús le dijo: «También está escrito: = No tentarás al Señor tu Dios.» =

8  Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria,

9  y le dice: «Todo esto te daré si postrándote me adoras.»

10 Dícele entonces Jesús: «Apártate, Satanás, porque está escrito: = Al Señor tu Dios adorarás,          y sólo a él darás culto.» =

11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

12 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea.

13 Y dejando Nazará, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí;

14 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:

15 = ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,          camino del mar, allende el Jordán,      Galilea de los gentiles! =

16 = El pueblo que habitaba en tinieblas          ha visto una gran luz;          a los que habitaban en paraje de sombras de muerte          una luz les ha amanecido. =

17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»

18 Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores,

19 y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.»

20 Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron.

21 Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó.

22 Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.

23 Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

24 Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó.

25 Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.

 

Mateo 5

1  Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron.

2  Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

3  «Bienaventurados los pobres de espíritu,          porque de ellos es el Reino de los Cielos.

4  Bienaventurados = los mansos =,          porque = ellos poseerán en herencia la tierra. =

5  Bienaventurados los que lloran,          porque ellos serán consolados.

6  Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,          porque ellos serán saciados.

7  Bienaventurados los misericordiosos,          porque ellos alcanzarán misericordia.

8  Bienaventurados los limpios de corazón,          porque ellos verán a Dios.

9  Bienaventurados los que trabajan por la paz,          porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,          porque de ellos es el Reino de los Cielos.

11 Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

12 Alegráos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron  a los profetas anteriores a vosotros.

13 «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.

14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.

15 Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos  los que están en la casa.

16 Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

17 «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

18 Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda.

19 Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los  Cielos.

20 «Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

21 «Habéis oído que se dijo a los antepasados: = No matarás; = y aquel que mate será reo ante el tribunal.

22 Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.

23 Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,

24 deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas  tu ofrenda.

25 Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.

26 Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

27 «Habéis oído que se dijo: = No cometerás adulterio. =

28 Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

29 Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.

30 Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

31 «También se dijo: = El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. =

32 Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.

33 «Habéis oído también que se dijo a los antepasados: = No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. =

34 Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el = Cielo =, porque es = el trono de Dios, =

35 ni por = la Tierra, = porque es = el escabel de sus pies; = ni por = Jerusalén =, porque es = la ciudad del gran rey. =

36 Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro.

37 Sea vuestro lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno.

38 «Habéis oído que se dijo: = Ojo por ojo y diente por diente. =

39 Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra:

40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;

41 y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.

42 A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

43 «Habéis oído que se dijo: = Amarás a tu prójimo = y odiarás a tu enemigo.

44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,

45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.

46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?

47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles?

48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.

 

Mateo 6

1  «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

2  Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.

3  Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha;

4  así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

5  «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.

6  Tú, en cambio, cuando vayas a orar, = entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora = a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

7  Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados.

8  No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

9  «Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos,          santificado sea tu Nombre;

10 venga tu Reino;          hágase tu Voluntad          así en la tierra como en el cielo.

11 Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;

12 y perdónanos nuestras deudas,          así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;            

 

13 y no nos dejes caer en tentación,          mas líbranos del mal.

14 «Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;

15 pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

16 «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga.

17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,

18 para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

19 «No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban.

20 Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven  y roben.

21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

22 «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;

23 pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad  habrá!

24 Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

25 «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

26 Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?

27 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan.

29 Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.

30 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con  vosotros, hombres de poca fe?

31 No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?

32 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.

33 Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.

34 Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

 

Mateo 7

1  «No juzguéis, para que no seáis juzgados.

2  Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá.

3  ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo?

4  ¿O cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que te saque la brizna del ojo”, teniendo la viga en el tuyo?

5  Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.

6  «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen.

7  «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.

8  Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá.

9  ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra;

10 o si le pide un pez, le dé una culebra?

11 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!

12 «Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la  Ley y los Profetas.

13 «Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son  muchos los que entran por ella;

14 mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran.

15 «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?

17 Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.

18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos.

19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego.

20 Así que por sus frutos los reconoceréis.

21 «No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.

22 Muchos me dirán aquel Día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”

23 Y entonces les declararé: “¡Jamás os conocí; = apartaos de mí, agentes de iniquidad!” =

24 «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca:

25 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.

26 Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena:

27 cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»

28 Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina;

29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

 

Mateo 8

1  Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre.

2  En esto, un leproso se acercó y se postró ante él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.»

3  El extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante quedó limpio de su lepra.

4  Y Jesús le dice: «Mira, no se los digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.

5  Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó

6  diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.»

7  Dícele Jesús: «Yo iré a curarle.»

8  Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado  quedará sano.

9  Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro:  “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.»

10 Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande.

11 Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino  de los Cielos,

12 mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.»

13 Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.

14 Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.

15 Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle.

16 Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos,

17 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: = El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades. =

18 Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla.

19 Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.»

20 Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.»

21 Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.»

22 Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

23 Subió a la barca y sus discípulos le siguieron.

24 De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero él estaba dormido.

25 Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!»

26 Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.

27 Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

28 Al llegar a la otra orilla, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie era capaz de pasar por aquel camino.

29 Y se pusieron a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes  de tiempo?»

30 Había allí a cierta distancia una gran piara de puercos paciendo.

31 Y le suplicaban los demonios: «Si nos echas, mándanos a esa piara de puercos.»

32 El les dijo: «Id.» Saliendo ellos, se fueron a los puercos, y de pronto toda la piara se arrojó al mar precipicio abajo, y perecieron en las aguas.

33 Los porqueros huyeron, y al llegar a la ciudad lo contaron todo y también lo de los endemoniados.

34 Y he aquí que toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, en viéndole, le rogaron que se retirase de su término.

 

Mateo 9

1  Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad.

2  En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡ Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados.»

3  Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Este está blasfemando.»

4  Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir:

5  “Levántate y anda”?

6  Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice entonces al paralítico -: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.»

7  El se levantó y se fue a su casa.

8  Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

9  Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le  dice: «Sígueme.» El se levantó y le siguió.

10 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa  con Jesús y sus discípulos.

11 Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?»

12 Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal.

13 Id, pues, a aprender qué significa aquello de: = Misericordia quiero, que no sacrificio. = Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»

14 Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?»

15 Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

16 Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce  un desgarrón peor.

17 Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»

18 Así les estaba hablando, cuando se acercó un magistrado y se postró ante él diciendo: «Mi hija acaba de morir,  pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá.»

19 Jesús se levantó y le siguió junto con sus discípulos.

20 En esto, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años se acercó por detrás y tocó la orla de su manto.

21 Pues se decía para sí: «Con sólo tocar su manto, me salvaré.»

22 Jesús se volvió, y al verla le dijo: «¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado.» Y se salvó la mujer desde aquel momento.

23 Al llegar Jesús a casa del magistrado y ver a los flautistas y la gente alborotando,

24 decía: «¡Retiraos! La muchacha no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él.

25 Mas, echada fuera la gente, entró él, la tomó de la mano, y la muchacha se levantó.

26 Y la noticia del suceso se divulgó por toda aquella comarca.

27 Cuando Jesús se iba de allí, al pasar le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!»

28 Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.»

29 Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.»

30 Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!»

31 Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

32 Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado.

33 Y expulsado el demonio, rompió a hablar el mudo. Y la gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.»

34 Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»

35 Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y  sanando todo enfermedad y toda dolencia.

36 Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen  pastor.

37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos.

38 Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»

 

Mateo 10

1  Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda  enfermedad y toda dolencia.

2  Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan;

3  Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo;

4  Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le entregó.

5  A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos;

6  dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

7  Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.

8  Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.

9  No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras fajas;

10 ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento.

11 «En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de quién hay en él digno, y quedaos allí  hasta que salgáis.

12 Al entrar en la casa, saludadla.

13 Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.

14 Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de vuestros pies.

15 Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.

16 «Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas.

17 Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas;

18 y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento.

20 Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.

21 «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán.

22 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

23 «Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.

24 «No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo.

25 Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus domésticos!

26 «No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse.

27 Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.

28 «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.

29 ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro  Padre.

30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.

31 No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.

32 «Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos;

33 pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

34 «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.

35 Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra;

36 y enemigos de cada cual serán los que conviven con él.

37 «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a  mí, no es digno de mí.

38 El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.

39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

40 «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado.

41 «Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá.

42 «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»

 

Mateo 11

1  Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

2  Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:

3  «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»

4  Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis:

5  los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;

6  ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»

7  Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?

8  ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes.

9  Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.

10 Este es de quien está escrito: = He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti,          que preparará por delante tu camino. =

11 «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

13 Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.

14 Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.

15 El que tenga oídos, que oiga.

16 «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:

17 “Os hemos tocado la flauta,          y no habéis bailado,          os hemos entonado endechas,          y no os habéis lamentado.”

18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.”

19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»

20 Entonces se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:

21 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.

22 Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.

23 Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? = ¡Hasta el Hades te hundirás! = Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.

24 Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.»

25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque  has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.

26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.

27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie  sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y hallaréis descanso para vuestras almas. =

30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

 

Continua…