SABIDURÍA

 

Sabiduría   1

         1        Amad la justicia, los que juzgáis la tierra,          pensad rectamente del Señor          y con sencillez de corazón buscadle.

         2        Porque se deja hallar de los que no le tientan,          se manifesta a los que no desconfían de él.

         3        Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios          y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos.            

         4        En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría,          no habita en cuerpo sometido al pecado;

 

         5        pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño,          se aleja de los pensamientos necios          y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad.

         6        La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre,          pero no deja sin castigo los labios del blasfemo;          que Dios es testigo de sus riñones,          observador veraz de su corazón          y oye cuanto dice su lengua.

         7        Porque el espíritu del Señor llena la tierra          y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento             de toda palabra.

 

         8        Nadie, pues, que profiera iniquidades quedará oculto,          ni le pasará por alto la Justicia vengadora.

         9        Las deliberaciones del impío serán examinadas;          el eco de sus palabras llegará hasta el Señor          para castigo de sus maldades.

         10      Un oído celoso lo escucha todo,          no se le oculta ni el rumor de la murmuración.

         11      Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles,          preservad vuestra lengua de la maledicencia;          que la palabra más secreta no se pronuncia en vano,          y la boca mentirosa da muerte al alma.

 

         12      No os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra, vida,          no os atraigáis la ruina con las obras de vuestras             manos;

         13      que no fue Dios quien hizo la muerte          ni se recrea en la destrucción de los vivientes;

         14      él todo lo creó para que subsistiera,          las criaturas del mundo non saludables,          no hay en ellas veneno de muerte          ni imperio del Hades sobre la tierra,

         15      porque la justicia es inmortal.

         16      Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte;          teniéndola por amiga, se desviven por ella,          y con ella conciertan un pacto,          pues bien merecen que les tenga por suyos.

 

 

 

   

 

 

Sabiduría   2

         1        Porque se dicen discurriendo desacertadamente:          «Corta es y triste nuestra vida;          no hay remedio en la muerte del hombre          ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades.

         2        Por azar llegamos a la existencia          y luego seremos como si nunca hubiéramos sido.      Porque humo es el aliento de nuestra nariz          y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro             corazón;

         3        al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente.

 

         4        Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido,          nadie se acordará de nuestras obras;          pasará nuestra vida como rastro de nube,          se disipará como niebla          acosada por los rayos del sol          y por su calor vencida.

         5        Paso de una sombra es el tiempo que vivimos,          no hay retorno en nuestra muerte;          porque se ha puesto el sello y nadie regresa.

         6        Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes,          gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud.

 

         7        Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes,          no se nos pase ninguna flor primaveral,

         8        coronémonos de rosas antes que se marchiten;

         9        ningún prado quede libre de nuestra orgía,          dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo;          que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia.

         10      Oprimamos al justo pobre,          no perdonemos a la viuda,          no respetemos las canas llenas de años del anciano.

         11      Sea nuestra fuerza norma de la justicia,          que la debilidad, como se ve, de nada sirve.

 

         12      Tendamos lazos al justo, que nos fastidia,          se enfrenta a nuestro modo de obrar,          nos echa en cara faltas contra la Ley          y nos culpa de faltas contra nuestra educación.

         13      Se gloría de tener el conocimiento de Dios          y se llama a sí mismo hijo del Señor.

         14      Es un reproche de nuestros criterios,          su sola presencia nos es insufrible,

         15      lleva una vida distinta de todas          y sus caminos son extraños.

         16      Nos tiene por bastardos,          se aparta de nuestros caminos como de impurezas;          proclama dichosa la suerte final de los justos          y se ufana de tener a Dios por padre.

 

         17      Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito.

         18      Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá          y le librará de las manos de sus enemigos.

         19      Sometámosle al ultraje y al tormento          para conocer su temple          y probar su entereza.

         20      Condenémosle a una muerte afrentosa,          pues, según él, Dios le visitará.»

         21      Así discurren, pero se equivocan;          los ciega su maldad;

         22      no conocen los secretos de Dios,          no esperan recompensa por la santidad          ni creen en el premio de las almas intachables.

 

         23      Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad,          le hizo imagen de su misma naturaleza;

         24      mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo,          y la experimentan los que le pertenecen.

 

 

   

 

 

Sabiduría   3

         1        En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios          y no les alcanzará tormento alguno.

         2        A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto;          se tuvo por quebranto su salida,

         3        y su partida de entre nosotros por completa destrucción;          pero ellos están en la paz.

         4        Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos,          su esperanza estaba llena de inmortalidad;

         5        por una corta corrección recibirán largos beneficios.          pues Dios los sometió a prueba          y los halló dignos de sí;

 

         6        como oro en el crisol los probó          y como holocausto los aceptó.

         7        El día de su visita resplandecerán,          y como chispas en rastrojo correrán.

         8        Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos          y sobre ellos el Señor reinará eternamente.

         9        Los que en él confían entenderán la verdad          y los que son fieles permanecerán junto a él en el             amor,          porque la gracia y la misericordia son para sus santos                      y su visita para sus elegidos.

 

         10      En cambio, los impíos tendrán la pena que sus pensamientos merecen,          por desdeñar al justo y separarse del Señor.

         11      Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción;         vana es su esperanza,          sin provecho sus fatigas,          inútiles sus obras;

         12      sus mujeres son insensatas,          malvados sus hijos,          maldita su posteridad.

         13      Dichosa la estéril sin mancilla,          la que no conoce lecho de pecado;          tendrá su fruto en la visita de las almas.

 

         14      Dichoso también el eunuco que con sus manos no obra iniquidad          ni fomenta pensamientos perversos contra el Señor;          por su fidelidad se le dará una escogida recompensa,          una herencia muy agradable en el Santurario del Señor.            

         15      Que el fruto de los esfuerzos nobles es glorioso,          imperecedera la raíz de la prudencia.

         16      En cambio los hijos de adúlteros no llegarán a sazón,          desaparecerá la raza nacida de una unión culpable.

 

         17      Si viven largos años, no alcanzarán estima alguna          y al fin su ancianidad carecerá de honor.

         18      Y si mueren pronto, no tendrán esperanza          ni consuelo en el día de la sentencia,

         19      pues duro es el fin de una raza inicua.

 

 

   

 

 

Sabiduría   4

         1        Mejor es carencia de hijos acompañada de virtud,          pues hay inmortalidad en su recuerdo,          porque es conocida por Dios y por los hombres;

         2        presente, la imitan,          ausente, la añoran;          en la eternidad, ceñida de una corona, celebra su             triunfo          porque venció en la lucha por premios incorruptibles.

         3        En cambio, la numerosa prole de los impíos será inútil;          viniendo de renuevos bastardos, no echará raíces             profundas          ni se asentará sobre fundamento sólido.

 

         4        Aunque despliegue por su tiempo su ramaje,          precariamente arraigada, será sacudida por el viento,          arrancada de raíz por la furia del vendaval;

         5        se quebrarán sus ramas todavía tiernas,          inútiles serán sus frutos,          sin sazón para comerlos,          para nada servirán.

         6        Que los hijos nacidos de sueños culpables          son testigos, en su examen, de la maldad de los             padres.

         7        El justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso.

 

         8        La ancianidad venerable no es la de los muchos días          ni se mide por el número de años;

         9        la verdadera canicie para el hombre es la prudencia,          y la edad provecta, una vida inmaculada.

         10      Agradó a Dios y fue amado,          y como vivía entre pecadores, fue trasladado.

         11      Fue arrebatado para que la maldad no pervitiera su inteligencia          o el engaño sedujera su alma;

         12      pues la fascinación del mal empaña el bien          y los vaivenes de la concupiscencia corrompen el             espíritu ingenuo.

 

         13      Alcanzando en breve la perfección, llenó largos años.

         14      Su alma era del agrado del Señor,          por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad.      Lo ven las gentes y no comprenden,          ni caen en cuenta

         15      que la gracia y la misericordia son para sus elegidos          y su visita para sus santos.

         16      El justo muerto condena a los impíos vivos,          y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad             del inicuo.

         17      Ven la muerte del sabio,          mas no comprenden los planes del Señor sobre él          ni por qué le ha puesto en seguridad;

 

         18      lo ven y lo desprecian,          pero el Señor se reirá de ellos.

         19      Después serán cadáveres despreciables,          objeto de ultraje entre los muertos para siempre.      Porque el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza, sin             habla,          los sacudirá de sus cimientos;          quedarán totalmentes asolados,          sumidos en el dolor,          y su recuerdo se perderá.

         20      Al tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados,          y sus iniquidades se les enfrentarán acusándoles.

 

 

 

 

 

Sabiduría   5

         1        Estará entonces el justo en pie con gran confianza          en presencia de los que le afligieron y despreciaron             sus trabajos.

         2        Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto,          estupefactos por lo inesperado de su salvación.

         3        Se dirán mudando de parecer,          gimiendo en la angustia de su espíritu:

         4        «Este es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas,          a quien dirigíamos, insensatos, nuestros insultos.      Locura nos pareció su vida          y su muerte, una ignominia.

 

         5        ¿Cómo, pues, ha sido contado entre los hijos de Dios          y tiene su herencia entre los santos?

         6        Luego vagamos fuera del camino de la verdad;          la luz de la justicia no nos alumbró,          no salió el sol para nosotros.

         7        Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición,          atravesamos desiertos intransitables;          pero el camino del Señor, no lo conocimos.

         8        ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo?          ¿De qué la riqueza y la jactancia?

 

         9        Todo aquello pasó como una sombra,          como noticia que va corriendo;

         10      como nave que atraviesa las aguas agitadas,          y no es posible descubrir la huella de su paso          ni el rastro de su quilla en las olas;

         11      como pájaro que volando atraviesa el aire,          y de su vuelo no se encuentra vestigio alguno;          con el golpe de sus remos azota el aire ligero,          lo corta con agudo silbido,          se abre camino batiendo las alas          y después, no se descubre señal de su paso;

 

         12      como flecha disparada al blanco;          el aire hendido refluye al instante sobre sí          y no sabe el camino que la flecha siguió.

         13      Lo mismo nosotros: apenas nacidos, dejamos de existir,          y no podemos mostrar vestigio alguno de virtud;          nos gastamos en nuestra maldad.»

         14      En efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento,          como espuma ligera acosada por el huracán,          se desvanece como el humo con el viento;          pasa como el recuerdo del huésped de un día.

 

         15      Los justos, en cambio, viven eternamente;          en el Señor está su recompensa,          y su cuidado a cargo del Altísimo.

         16      Recibirán por eso de mano del Señor          la corona real del honor y la diadema de la hermosura;                      pues con su diestra los protegerá          y los escudará con su brazo.

         17      Tomará su celo como armadura,          y armará a la creación para rechazar a sus enemigos;

         18      por coraza vestirá la justicia,          se pondrá por casco un juicio sincero,

 

         19      tomará por escudo su santidad invencible,

         20      afilará como espada su cólera inexorable,          y el universo saldrá con él a pelear contra los             insensatos.

         21      Partirán certeros los tiros de los rayos,          de las nubes, como de arco bien tendido, saltarán al             blanco,

         22      de una ballesta se disparará furioso granizo;          las olas del mar se encresparán contra ellos,          los ríos los anegarán sin piedad;

         23      se levantará contra ellos un viento poderoso          y como huracán los aventará.      Así la iniquidad asolará la tierra entera          y la maldad derribará los tronos de los que están en             el poder.

 

 

 

 

Sabiduría   6

         1        Oíd, pues, reyes, y enteded.      Aprended, jueces de los confines de la tierra.

         2        Estad atentos los que gobernáis multitudes          y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros             pueblos.

         3        Porque del Señor habéis recibido el poder,          del Altísimo, la soberanía;          él examinará vuestras obras y sondeará vuestras             intenciones.

         4        Si, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente,          ni observado la ley,          ni caminado siguiendo la voluntad de Dios,

 

         5        terrible y repentino se presentará ante vosotros.      Porque un juicio implacable espera a los que están en lo             alto;

         6        al pequeño, por piedad, se le perdona,          pero los poderosos serán poderosamente examinados.

         7        Que el Señor de todos ante nadie retrocede,          no hay grandeza que se le imponga;          al pequeño como al grande él mismo los hizo          y de todos tiene igual cuidado,

         8        pero una investigación severa aguarda a los que están en el poder.

 

         9        A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras          para que aprendaís sabiduría y no faltéis;

         10      porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos,          y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán             defensa.

         11      Desead, pues, mis palabras;          ansiadlas, que ellas os instruirán.

         12      Radiante e inmarcesible es la Sabiduría.      Fácilmente la contemplan los que la aman          y la encuentran los que la buscan.

 

         13      Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan.

         14      Quien madruge para buscarla, no se fatigará,          que a su puerta la encontrará sentada.

         15      Pensar en ella es la perfección de la prudencia,          y quien por ella se desvele, pronto se verá sin             cuidados.

         16      Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella:          se les muestra benévola en los caminos          y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.

 

         17      Pues su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción,          la preocupación por la instrucción es el amor,

         18      el amor es la observancia de sus leyes,          la atención a las leyes es la garantía de la             incorruptibilidad

         19      y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios;

         20      por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza.

         21      Si, pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los pueblos,          apreciad la Sabiduría para reinéis eternamente.

 

         22      Qué es la Sabiduría y cómo ha nacido lo voy a declarar;          no os ocultaré los misterios,          sino que seguiré sus huellas desde el comienzo de su             existencia,          pondré su conocimiento al descubierto          y no me apartaré de la verdad.

         23      Tampoco me acompañará en mi camino la envidia mezquina,          que nada tiene que ver con la Sabiduría.

         24      Pues la abundancia de sabios es la salvación del mundo          y un rey prudente, la estabilidad del pueblo.

 

         25      Dejaos, pues, instruir por mis palabras: os serán útiles.

 

 

 

Sabiduría   7

         1        Yo también soy un hombre mortal como todos,          un descendiente del primero que fue formado de la             tierra.      En el seno de una madre fui hecho carne;

         2        durante diez meses fui modelado en su sangre,          de una semilla de hombre y del placer que acompaña al             sueño.

         3        Yo también, una vez nacido, aspiré el aire común,          caí en la tierra que a todos recibe por igual          y mi primera voz fue la de todos: lloré.

 

         4        Me crié entre pañales y cuidados.

         5        Pues no hay rey que haya tenido otro comienzo de su existencia;

         6        una es la entrada en la vida para todos y una misma la salida.

         7        Por eso pedí y se me concedió la prudencia;          supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría.

         8        Y la preferí a cetros y tronos          y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella.

         9        Ni a la piedra más preciosa la equiparé,          porque todo el oro a su lado es un puñado de arena          y barro parece la plata en su presencia.

 

         10      La amé más que la salud y la hermosura          y preferí tenerla a ella más que a la luz,          porque la claridad que de ella nace no conoce noche.

         11      Con ella me vinieron a la vez todos los bienes,          y riquezas incalculables en sus manos.

         12      Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae,          aunque ignoraba que ella fuese su madre.

         13      Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico;          no me guardo ocultas sus riquezas

 

         14      porque es para los hombres un tesoro inagotable          y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios          recomendados por los dones que les trae la             instrucción.

         15      Concédame Dios hablar según él quiere          y concebir pensamientos dignos de sus dones,          porque él es quien guía a la Sabiduría y quien dirige             a los sabios;

         16      que nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos          con toda nuestra prudencia y destreza en el obrar.

 

         17      Fue él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres,          para conocer la estructura del mundo y la actividad de             los elementos,

         18      el principio, el fin y el medio de los tiempos,          los cambios de los solsticios y la sucesión de las             estaciones,

         19      los ciclos del año y la posición de las estrellas,

         20      la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras,          el poder de los espíritus y los pensamientos de los             hombres, las variedades de las plantas y las             virtudes de las raíces.

 

         21      Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí,          porque el artífice de todo, la Sabiduría, me lo             enseñó.

         22      Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo,          único, múltiple, sutil,          ágil, perspicaz, inmaculado,          claro, impasible, amante del bien, agudo,

         23      incoercible, bienhechor, amigo del hombre,          firme, seguro, sereno,          que todo lo puede, todo lo observa,          penetra todos los espíritus,          los inteligentes, los puros, los más sutiles.

 

         24      Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría,          todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza.

         25      Es un hálito del poder de Dios,          una emanación pura de la gloria del Omnipotente,          por lo que nada manchado llega a alcanzarla.

         26      Es un reflejo de la luz eterna,          un espejo sin mancha de la actividad de Dios,          una imagen de su bondad.

         27      Aun siendo sola, lo puede todo;          sin salir de sí misma, renueva el universo;          en todas las edades, entrando en las almas santas,          forma en ellas amigos de Dios y profetas,

 

         28      porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría.

         29      Es ella, en efecto, más bella que el sol,          supera a todas las constelaciones;          comparada con la luz, sale vencedora,

         30      porque a la luz sucede la noche,          pero contra la Sabiduría no prevalece la maldad.

 

 

 

 

Sabiduría   8

         1        Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo          y gobierna de excelente manera el universo.

         2        Yo la amé y la pretendí desde mi juventud;          me esforcé por hacerla esposa mía          y llegué a ser un apasionado de su belleza.

         3        Realza su nobleza por su convivencia con Dios,          pues el Señor de todas las cosas la amó.

         4        Pues está iniciada en la ciencia de Dios          y es la que elige sus obras.

         5        Si en la vida la riqueza es una posesión deseable,          ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que todo lo hace?            

 

         6        Si la inteligencia es creadora,          ¿quién sino la Sabiduría es el artífice de cuanto             existe?

         7        ¿Amas la justicia?      Las virtudes son sus empeños,          pues ella enseña la templanza y la prudencia,          la justicia y la fortaleza:          lo más provechoso para el hombre en la vida.

         8        ¿Deseas además gran experiencia?      Ella conoce el pasado y conjetura el porvenir,          sabe interpretar las máximas y resolver los enigmas,          conoce de antemano las señales y los prodigios,          así como la sucesión de épocas y tiempos.

 

         9        Decidí, pues, tomarla por compañera de mi vida,          sabiendo que me sería una consejera para el bien          y un aliento en las preocupaciones y penas:

         10      «Tendré gracias a ella gloria entre la gente,          y, aunque joven, honor ante los ancianos.

         11      Apareceré agudo en el juicio          y en presencia de los poderosos seré admirado.

         12      Si callo, esperarán;          si hablo, prestarán atención;          si me alargo hablando, pondrán la mano en su boca.

 

         13      Gracias a ella tendré la inmortalidad          y dejaré recuerdo eterno a los que después de mí             vengan.

         14      Gobernaré a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas.

         15      Oyendo hablar de mí, soberanos terribles temerán.      Me mostraré bueno entre las multitudes y valiente en la             guerra.

         16      Vuelto a casa, junto a ella descansaré,          pues no causa amargura su compañía          ni tristeza la convivencia con ella,          sino satisfacción y alegría».

 

         17      Pensando esto conmigo mismo          y considerando en mi corazón          que se encuentra la inmortalidad en emparentar con la             Sabiduría,

         18      en su amistad un placer bueno,          en los trabajos de sus manos inagotables riquezas,          prudencia en cultivar su trato          y prestigio en conversar con ella,          por todos los medios buscaba la manera de hacérmela             mía.

         19      Era yo un muchacho de buen natural,          me cupo en suerte un alma buena,

 

         20      o más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo incontaminado;

         21      pero, comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba,          - y ya era un fruto de la prudencia saber de quién             procedía esta gracia -          recurrí al Señor y le pedí,          y dije con todo mi corazón:

 

 

 

Sabiduría   9

         1        «Dios de los Padres, Señor de la misericordia,          que hiciste el universo con tu palabra,

         2        y con tu Sabiduría formaste al hombre          para que dominase sobre los seres por ti creados,

         3        administrase el mundo con santidad y justicia          y juzgase con rectitud de espíritu,

         4        dame la Sabiduría, que se sienta junto a tu trono,          y no me excluyas del número de tus hijos.

         5        Que soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva,          un hombre débil y de vida efímera,          poco apto para entender la justicia y las leyes.

 

         6        Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres,          si le falta la Sabiduría que de ti procede, en nada             será tenido.

         7        Tú me elegiste como rey de tu pueblo,          como juez de tus hijos y tus hijas;

         8        tú me ordenaste edificar un santuario en tu monte santo          y un altar en la ciudad donde habitas,          imitación de la Tienda santa que habías preparado             desde el principio.

         9        Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras,          que estaba presente cuando hacías el mundo,          que sabe lo que es agradable a tus ojos,          y lo que es conforme a tus mandamientos.

 

         10      Envíala de los cielos santos,          mándala de tu trono de gloria          para que a mi lado participe en mis trabajos          y sepa yo lo que te es agradable,

         11      pues ella todo lo sabe y entiende.      Ella me guiará prudentemente en mis empresas          y me protegerá con su gloria.

         12      Entonces mis obras serán aceptables,          juzgaré a tu pueblo con justicia          y seré digno del trono de mi padre.

         13      ¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios?          ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere?

 

         14      Los pensamientos de los mortales son tímidos          e inseguras nuestras ideas,

         15      pues un cuerpo corruptible agobia el alma          y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de             preocupaciones.

         16      Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra          y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance;          ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los             cielos?

         17      Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría          y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo?            

 

         18      Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra,          así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada          y gracias a la Sabiduría se salvaron.»

 

 

 

 

Sabiduría  10

         1        Ella protegió al primer modelado, padre del mundo,          que había sido creado solo;          ella le sacó de su caída

         2        y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas.

         3        Pero cuando un injusto, en su cólera, se apartó de ella,          pereció por su furor fraticida.

         4        Cuando por su causa la tierra se vio sumergida, de nuevo la Sabiduría la salvó          conduciendo al justo en un vulgar leño.

         5        En la confusión que siguió a la común perversión de las naciones,          ella conoció al justo, le conservó irreprochable ante             Dios          y le mantuvo firme contra el entrañable amor a su             hijo.

 

         6        Ella, en el exterminio de los impíos, libró al justo          cuando escapaba del fuego que bajaba sobre Pentápolis.             

         7        Como testimonio de aquella maldad          queda todavía una tierra desolada humeando,          unas plantas cuyos frutos no alcanzan sazón a su             tiempo,          y, como monumento de un alma incrédula, se alza una             columna de sal.

         8        Pues, por haberse apartado del camino de la Sabiduría,          no sólo sufrieron la desgracia de no conocer el bien,          sino que dejaron además a los vivientes un recuerdo de             su insensatez,          para que ni sus faltas pudieran quedar ocultas.

 

         9        En cambio, a sus servidores la Sabiduría los libró de sus fatigas.

         10      Ella al justo que huía de la cólera de su hermano          le guió por caminos rectos;          le mostró el reino de Dios          y le dio el conocimiento de cosas santas;          le dio éxito en sus duros trabajos          y multiplicó el fruto de sus fatigas;

         11      le asistió contra la avaricia de sus opresores          y le enriqueció;

         12      le preservó de sus enemigos          y le protegió de los que le tendían asechanzas;          y le concedió la palma en un duro combate          para enseñarle que la piedad contra todo prevalece.

 

         13      Ella no desamparó al justo vendido,          sino que le libró del pecado;

         14      bajó con él a la cisterna          y no le abandonó en las cadenas,          hasta entregarle el cetro real          y el poder sobre sus tiranos,          hasta mostrar mentirosos a sus difamadores          y concederle una gloria eterna.

         15      Ella libró de una nación opresora          a un pueblo santo y a una raza irreprochable.

         16      Entró en el alma de un servidor del Señor          e hizo frente a reyes temibles con prodigios y             señales;

 

         17      pagó a los santos el salario de sus trabajos;          los guió por un camino maravilloso,          fue para ellos cobertura durante el día          y lumbre de estrellas durante la noche;

         18      les abrió paso por el mar Rojo          y los condujo a través de las inmensas aguas,

         19      mientras a sus enemigos los sumergió          y luego los hizo saltar de las profundidades del             abismo.

         20      De este modo los justos despojaron a los impíos;          entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre          y unánimes celebraron tu mano protectora,

 

         21      porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos          e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos.

 

 

 

Sabiduría  11

         1        Ella dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo.

         2        Atravesaron un desierto deshabitado          y fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles;

         3        hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.

         4        Tuvieron sed y te invocaron:          de una roca abrupta se les dio agua,          de una piedra dura, remedio para su sed.

         5        Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo,          fue para ellos en su apuro un beneficio.

 

         6        En vez de la fuente perenne de un río          enturbiado por una mezcla de sangre y barro

         7        en pena de su decreto infanticida,          diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante,

         8        mostrándoles por la sed que entonces sufrieron          de qué modo habías castigado a sus adversarios.

         9        Pues cuando sufrieron su prueba          - si bien con misericordia corregidos -          conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran             torturados;

 

         10      pues a ellos los habías probado como padre que amonesta,          pero a los otros los habías castigado como rey severo             que condena.

         11      Tanto estando lejos como cerca, igualmente se consumían,

         12      pues una doble tristeza se apoderó de ellos,          y un lamento con el recuerdo del pasado:

         13      porque, al oír que lo mismo que era su castigo,          era para los otros un beneficio,          reconocieron al Señor;

         14      pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio,          al final de los acontecimientos le admiraron          después de padecer una sed bien diferente de la de los             justos.

 

         15      Por sus locos e inicuos pensamientos          por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón             y bichos despreciables,          les enviaste en castigo muchedumbre de animales sin             razón,

         16      para que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado.

         17      Pues bien podía tu mano omnipotente          - ella que de informe materia había creado el mundo -          enviar contra ellos muchedumbre de osos o audaces             leones,

 

         18      o bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor,         respirando aliento de fuego,          lanzando humo hediondo          o despidiendo de sus ojos terribles centellas,

         19      capaces, no ya de aniquilarlos con sus ataques,          sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto.

         20      Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir,          perseguidos por la Justicia,          aventados por el soplo de tu poder.      Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso.

 

         21      Pues el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano.          ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de tu brazo?

         22      Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia,          como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la             tierra.

         23      Te compadeces de todos porque todo lo puedes          y disimulas los pecados de los hombres para que se             arrepientan.

         24      Amas a todos los seres          y nada de lo que hiciste aborreces,          pues, si algo odiases, no lo habrías hecho.

 

         25      Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido?          ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses             llamado?

         26      Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida,

 

Continua…