Ecumenismo

Ecumenismo

Jesucristo ha enviado a sus discípulos hasta los confines de la tierra para llevar la Buena Nueva de la salvación a todas las naciones: “Id pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

Pero antes de anunciar la fe a los demás, hay que poner orden en la propia casa. Este es precisamente el núcleo de la labor ecuménica. El término ecumenismo viene de las palabras griegas “oikéin” (habitar) y “oikós” (casa) que han tenido diversos significados a lo largo de la historia. Los cristianos las han empleado para hablar de la Iglesia, la gran casa de Cristo. La labor ecuménica se refiere a todos los que viven en esta casa, y fomenta su unidad, “de acuerdo con las diversas necesidades... y las posibilidades de los tiempos.”

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El Ecumenismo, realidad en pleno crecimiento

Tomado de Conoze.com

A fin de proporcionar a nuestros lectores una luz clara y competente desde la que abordar este número extraordinario, hemos acudido a la persona que, dentro de la Iglesia Católica, constituye -después del Santo Padre- la primera autoridad en materia de Ecumenismo: el Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. Agradecemos al Cardenal Eward Idris Cassidy su gentileza en concedernos la entrevista, que ahora transcribimos. Sus respuestas explican la importancia y el auténtico sentido del Ecumenismo, a la vez que ofrecen un sintético panorama de las relaciones actuales entre la Iglesia Católica y las principales confesiones cristianas.

El Santo Padre ha querido que el Gran Jubileo del 2000 tuviera ya desde su fase preparatoria un fuerte componente ecuménico. ¿A qué obedece este deseo?

El imperativo ecuménico se funda en la oración de Jesús, no creo sea necesario buscar otras motivaciones. El compromiso irreversible de la promoción de la unidad de los cristianos se realiza conforme a la voluntad de Jesús. Jesús que, en el Getsemaní, la vigilia de su pasión, oraba a su Padre y le pedía por sus discípulos "que todos sean uno para que el mundo crea" (Jn 17,21). La unidad que el Señor dio a su Iglesia no es accesoria, sino que está al centro mismo de su obra. El ecumenismo, esto es, el movimiento en favor de la unidad de los cristianos, no es un mero "apéndice" que se añade a la actividad tradicional de la Iglesia, sino que hace parte orgánicamente de su vida y su acción. El mismo Santo Padre escribe: "Creer en Cristo significa querer la Iglesia, querer la Iglesia significa querer la comunión de gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la eternidad. Este es el significado de la oración de Cristo: "Ut unum sint" (UUS 20)».

El tiempo jubilar es tiempo de conversión y de penitencia, para alcanzar lo que con las meras fuerzas humanas nos es imposible conseguir, me refiero a la amistad con Dios, su gracia. La Iglesia católica reconoce que "entre los pecados que exigen mayor penitencia y conversión han de citarse ciertamente aquellos que han dañado la unidad querida por Dios para su pueblo" (TMA 34). A1 inicio de un nuevo milenio cristiano, en este año de gracia que nos invita a convertirnos más radicalmente al Evangelio, debemos dirigirnos con una súplica más apremiante al Espíritu, implorando la gracia de nuestra unidad.

Tampoco se puede olvidar que la división contradice la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y perjudica la causa santísima de predicar el anuncio del Evangelio a toda criatura (UR 1).

Comunión no perfecta

Su Santidad ha recordado hace muy poco que la Iglesia de Cristo "no es una utopía que haya que recomponer... con los fragmentos que existen en la actualidad", puesto que "subsiste indefectible en la Iglesia católica". ¿Cuál es, entonces, el sentido del ecumenismo?

Creo que sería conveniente situar las frases que Ud. cita en el contexto en el cual han sido pronunciadas en modo tal de poder entender claramente su significado y evitar malentendidos.

Tal como lo dice la Constitución dogmática sobre la Iglesia, los católicos creemos que "la Iglesia de Cristo subsiste en (subsistit in) la Iglesia católica" (LG 8) (y debe notarse que no dice "la Iglesia de Cristo es (est,) la Iglesia católica"). De igual modo creemos que "además de los elementos o bienes que conjuntamente edifican y dan vida a la propia Iglesia, pueden encontrarse algunos, más aún, muchísimos y muy valiosos, fuera del recinto de la Iglesia católica" (UR 3) y que aunque creemos que las Iglesias y Comunidades eclesiales separadas padecen deficiencias, estamos convencidos que "el Espíritu de Cristo no rehusa servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que fue confiada a la Iglesia católica" (UR 3). Es entonces claro que quienes creen en Cristo y recibieron debidamente el bautismo, están en una cierta comunión con la Iglesia católica, aunque no perfecta.

El ecumenismo es necesario para ayudarnos, sin comprometer los principios católicos, a pasar de la comunión real aunque imperfecta que condividimos con las otras comunidades cristianas a una comunión plena que ciertamente buscamos. Por esto se ha insistido en la importancia del diálogo teológico; pero no solo, es igualmente fundamental que se instaure un intercambio a nivel personal y comunitario. En el nuevo milenio los valores del diálogo, de la colaboración recíproca, la fraternidad, la paz, más allá de las diferencias, son necesarios para crear un espacio posible en el cual se puedan afrontar las diferencias confesionales y los distintos desarrollos doctrinales. E1 ecumenismo es una escuela de vida, una escuela de comportamiento; debe ciertamente traducirse en experiencia de la vida de perfección en la realidad del cotidiano, sobre todo en aquellos lugares donde los enfrentamientos son mayores y donde la indiferencia impide reconocer al otro cristiano como hermano. El ecumenismo es escuela de espiritualidad, todos podemos y debemos realizar nuestro compromiso ecuménico pidiendo que el Espíritu Santo nos conduzca hacia la unidad.

La presencia de delegaciones de todas las principales Iglesias y Comunidades eclesiales en la apertura de la Puerta Santa de San Pablo Extramuros ¿permite alentar alguna esperanza nueva en el diálogo ecuménico?

Ante todo estoy convencido que la participación de los otros cristianos en la celebración ecuménica que se tuvo el 18 de enero en la Basílica de San Pablo Extramuros en lugar de ser evaluada, debe ser acogida como un don de Dios. Sobre todo porque la celebración ha asumido la forma de una profesión común de fe en Jesucristo, Señor y Salvador.

Es innegable que este evento tan significativo no habría sido posible sin el paciente ministerio realizado por la Iglesia católica en favor de la unidad de los cristianos, en los últimos treinta años. La participación, al más alto nivel, de tantas delegaciones es el fruto del diálogo, una dinámica que ha permitido llegar a un acuerdo acerca de las formas de participación en los eventos, más allá de las dificultades que los mismos puedan crear, pero sin renunciar a un trabajo ulterior. En el caso específico es innegable que la ausencia de una tradición jubilar en las Iglesias ortodoxas y el problema de las indulgencias para las Comunidades de la Reforma son evidentes. Es claro que las dificultades no pueden ser ignoradas o minusvaloradas. Las mismas deberán ser afrontadas en espíritu fraterno, siendo fieles al Evangelio y con honestidad intelectual y fidelidad a la propia tradición.

Tal vez el significado de la celebración ecuménica de San Pablo Extramuros puede expresarse con las palabras de uno de los delegados presentes: "Debemos buscar nuevos caminos para la unidad. La unidad significa abandonar algunas de nuestras certezas, de nuestros modos de pensar y de actuar".

Gracias a Dios, el ecumenismo es una realidad en pleno crecimiento, tanto individual, como comunitariamente; no es un progreso que se alcanza por las meras fuerzas humanas. El Espíritu sabe sugerir los pasos que deben darse según los tiempos. Es significativo que hayamos comenzado el año 2000 no como adversarios, sino dando un signo de comunión al atravesar juntos la Puerta Santa, con la convicción de que Cristo es la puerta (cf. Jn 10,7).

Iglesias de oriente

¿Cuáles son las luces y sombras del compromiso ecuménico con las Iglesias de Oriente?

Ante todo debemos recordar que los diálogos teológicos bilaterales que se realizan con las mayores Comunidades cristianas parten del reconocimiento del grado de comunión ya presente para discutir después, de modo progresivo, las divergencias existentes con cada una. Si bien es cierto que el Señor ha concedido a los cristianos de nuestro tiempo ir superando las discusiones tradicionales, es también evidente que en algunos casos se han alcanzado los mayores niveles de desarrollo. En lo que concierne a los acuerdos cristológicos que hemos realizado con la Iglesia copta, la Iglesia siria, la Iglesia armena y la Iglesia asira, se puede decir que la cuestión cristológica se ha resuelto, pero queda un largo camino por recorrer para que tales declaraciones cristológicas comunes sean recibidas, sean acogidas y entren a formar parte del patrimonio común. Actualmente el diálogo con las antiguas Iglesias orientales busca suscitar una colaboración pastoral. En otras palabras, la cuestión teológica ha sido clarificada, es necesario que la misma se traduzca en la praxis, en la vida de las iglesias, que sea un movimiento acogido por todos los fieles.

Con las Iglesias ortodoxas vale la pena mencionar el encuentro del Santo Padre con el Patriarca Teoctist durante su visita en Rumanía y, más recientemente, su encuentro con el Papa Shenouda en Egipto. Conviene señalar la visita de una Delegación de la Santa Sede al Patriarcado de Constantinopla con ocasión de la Fiesta de San Andrés y al Patriarcado de Moscú para las "conversaciones bilaterales" que actualmente buscan crear nuevas formas de diálogo a nivel local para poder promover, de modo más eficaz, las relaciones entre católicos y ortodoxos en Rusia y en Ucrania.

Una de las dificultades más serias con las Iglesias ortodoxas es la existencia de las Iglesias católicas de rito oriental, denominadas uniatas ¿qué nos puede decir al respecto?

El documento de Balamand de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto, ha afirmado que las Iglesias orientales católicas tienen el derecho de existir y el deber de realizar la propia misión. No se puede hablar indiscriminadamente de las Iglesias orientales católicas, pues las mismas se diferencian entre sí en razón de su historia, fundación, contexto social y cultural. De todas maneras, es válido recordar, al menos sintéticamente y para simplificar un argumento tan complejo, que el problema no surge tanto de su existencia, ni tampoco de la admisión individual de otros cristianos en la Iglesia católica, sino que toca los métodos que son puestos en acto para convencer o para inducir esta conversión. Es claro que el problema del proselitismo no es un fenómeno que se aplica de manera exclusiva al diálogo con la ortodoxia.

Varios son los argumentos que debemos estudiar con miras a superar esta situación. Por ejemplo, qué significa ser Iglesias-hermanas y cómo se debe traducir esta realidad en actitudes concretas entre las mismas comunidades; de otra parte es necesario evidenciar el origen histórico de las Iglesias orientales católicas y las razones por las cuales han surgido. Conviene que se clarifique la relación existente entre evangelización, libertad religiosa y proselitismo; y que se aplique el principio paulino del respeto debido a una Iglesia local en el trabajo misionero que la misma ya ha realizado. Finalmente creo que es necesario estudiar ulteriormente la cuestión teológica del ministerio de comunión y de unidad ejercido por el Obispo de Roma.

Ejercicio del primado

El Papa se ha referido a posibles variedades en el modo de ejercicio del primado. ¿Hasta donde podría llegar este ofrecimiento ?

La invitación hecha por el Santo Padre para instaurar con él mismo un diálogo fraterno sobre el primado, se hace en la convicción de que el ministerio del Obispo de Roma es "una tarea ingente que no podemos rechazar y que [el Papa] no puede llevar a término solo" (UUS 96). La Encíclica Ut unum sint, es el primer documento pontificio que trata la cuestión ecuménica. Este es una reflexión profundamente vivida por el Santo Padre durante los años de su Pontificado, y al aplicar de manera concreta las decisiones del Concilio Vaticano II. Si el Papa, después de este largo periodo de reflexión, de oración y de experiencia vivida en el compromiso ecuménico, lanza esta llamada, significa que él mismo examinando las pulsaciones de la Iglesia y escuchando su corazón, ha querido allanar el camino en modo tal de poder realizar el servicio de amor, propio del Obispo de Roma, en una forma que sea aceptable y aceptada por todos. El Papa ha plantado una semilla. Dejemos que sea el Señor a hacerla germinar.

De todas formas, la invitación hecha por el Santo Padre a los otros cristianos, para reflexionar juntos acerca de los modos en los cuales el ministerio petrino pueda ser un servicio para todos, es muy significativa y se realiza en el pleno respeto de la doctrina católica. Muchos de los otros cristianos no aceptan la visión de la Iglesia católica al respecto. El Santo Padre reconoce, tal como lo hizo en su tiempo el Papa Pablo VI, que el papel del Obispo de Roma es una cuestión ecuménica y, consecuentemerte con la convicción de que el diálogo es la única manera para afrontar las cuestiones que dividen los cristianos, propone un diálogo acerca del ministerio petrino. Creo que debamos ver en este gesto, otro signo del profundo compromiso ecuménico del Papa Juan Pablo II y de su voluntad para enfrentar estos asuntos con fidelidad a la verdad y en la caridad.

Eminencia ¿esta invitación del Santo Padre ha sido tomada en consideración por ortodoxos y anglicanos?

Yo diría que el llamado de Juan Pablo II ha sido recibido con gran expectativa e interés por parte de todas las comunidades cristianas. Ya algunos teólogos han empezado a publicar distintas reflexiones, reacciones y respuestas a la invitación del Santo Padre.

Todas las Iglesias ortodoxas y orientales están interesadas en la cuestión del primado del Obispo de Roma. Aunque no aceptan la doctrina y el modo de ejercicio del primado en la Iglesia católica, siempre han respetado una cierta prioridad del Obispo de Roma, prueba concreta de ello es el modo como los Patriarcas de Rumanía y Georgia han recibido al Santo Padre, al igual que la el reconocimiento de la figura del Obispo de Roma realizada por el Papa Shenouda en Egipto. El problema entonces no se refiere al primado del Obispo de Roma en cuanto tal, sino sobre todo a la forma de ejercicio de esta autoridad. Las Iglesias ortodoxas están convencidas que existen elementos de respuesta en sus propias tradiciones sobre todo en lo concerniente a las Iglesias "regionales" y al ministerio de los "patriarcas". Aunque no contamos con respuestas oficiales, cabe señalar la insistencia en que sea conservado y respetado el equilibrio tradicional a varios niveles: regional y universal, entre los patriarcas y el Obispo de Roma. Otro punto que solamente menciono es la insistencia en que la plena comunión tenga en cuenta el principio de "unidad en la diversidad".

Por su parte, la Comunión Anglicana ha recibido con entusiasmo la publicación de la Encíclica Ut unum sint. La respuesta a la Ut unum sint que la Casa Episcopal de los Obispos de Inglaterra ha enviado directamente al Santo Padre (May they all be one. A Response of the House of Bishops of the Church of England to Ut unum sint, 1997), es una prueba de ello. En este documento existe un apartado totalmente dedicado al papel del Obispo de Roma.

La Conferencia de Lambeth de 1998, que como Ud. bien sabe es la reunión más importante de los Obispos anglicanos, se ha referido a este asunto en su Informe oficial (concretamente la Resolution IV.23.e). Finalmente puedo señalar que la realización del documento El don de la autoridad, que fue publicado en 1999 por la II Comisión internacional anglicano-católica (ARCIC II), explícitamente declara en el n. 4 que ha tenido en cuenta la invitación hecha por el Papa Juan Pablo II en la Encíclica Ut unum sint.

Ecumenismo y misiones

¿ Cómo se compaginan los esfuerzos ecuménicos y el mandato misionero?

Todos los cristianos tienen el derecho y el deber de dar testimonio del Evangelio ante todas las gentes. La proclamación legítima del Evangelio debe estar inspirada por el amor entre los cristianos (1 Cor 13). Debe entonces conjugarse el mandato misionero "id por todo el mundo y anunciad la Buena Nueva a todas las criaturas" (Mc 16, 15; Mt 2819-20) y el mandamiento del amor: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado" (Jn 13, 34).

Ahora bien, si un cristiano, después de escuchar una presentación fidedigna del Evangelio, libremente decide pasar a otra comunidad cristiana, esta decisión puede ser considerada como un ejercicio absolutamente legítimo de su derecho de libertad religiosa. Junto a este principio de libertad religiosa, esencial para la evangelización, tampoco podemos desconocer que los cristianos divididos tienen responsabilidades reales entre ellos en razón de los lazos de comunión que ya condividen y en virtud de la voluntad de Jesús: "Padre, que todos sean uno para que el mundo crea" (Jn 17, 21). Este llamado de Dios para su Iglesia no puede ser ignorado. No en vano, los inicios del Movimiento ecuménico se sitúan históricamente en el hecho que las divisiones entre los cristianos eran (son) un escándalo, un hecho que perjudica el anuncio del Evangelio. El ecumenismo no está en modo alguno en contradicción con el deber misionero de la Iglesia, al contrario, el imperativo ecuménico está fundado en el mandato misionero: "...para que el mundo crea" (Jn 17, 21).

MÁRTIRES DEL SIGLO XX

Para el 7 de mayo está programado un acto ecuménico en conmemoración de los testigos de la fe del siglo XX. ¿Qué alcance cabe atribuir a esa celebración, que algunos han presentado como una especie de «canonización» de mártires no católicos?

Si el Decreto sobre el Ecumenismo reconocía la acción del Espíritu Santo en las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, con la Encíclica Ut unum sint se recibe el fruto del Espíritu Santo producido fuera de las fronteras visibles de la comunidad católica en comunión con la Sedes romana. Un ejemplo de ello es el "martirologio común" al cual se refiere el Papa Juan Pablo II. E1 martirio es la prueba suprema delante del mundo del seguimiento radical y absoluto de Cristo, dando gloria al Padre, de una multitud de bautizados de todas las confesiones. En todas las comuniones cristianas el Espíritu Santo ha "producido" mártires, ha concedido la gracia del martirio. Y si estos hombres y mujeres han perdido sus vidas en nombre de Cristo, estos cristianos están ya en plena comunión, porque se encuentran al culmen de la vida de la gracia.

Originalmente se había hablado de nuevos mártires. Actualmente el Santo Padre desea que se realice un acto ecuménico en el cual se conmemoren los testigos de la fe. Las dificultades para comprender este deseo, y sus falsas interpretaciones (a la que Ud. ya ha hecho referencia), derivan sobre todo de un problema: no ser capaces de comprender que es necesario emprender nuevos caminos para comprender lo que el Espíritu dice a las Iglesias. El 7 de mayo estamos llamados a asumir en toda su seriedad uno de los artículos de nuestra fe: creemos en la comunión de los santos, creemos que el Señor acoge en su seno, sin distinción alguna, a aquellos que han vivido en Cristo y han ganado la vida muriendo a causa de su nombre. El siglo XX ha sido glorioso por muchos aspectos, y tenebroso por otros. Yo les invitaría a que el 7 de mayo, nos limitáramos a escuchar la invitación del Santo Padre: no olvidemos. Si lo hiciéramos, negaríamos el don de Dios en la sangre derramada por causa de su Hijo único. No olvidemos y oremos al Señor para que este recuerdo nos conduzca y anime para comprometernos a vivir juntos, como hermanos, nuestras culpas, nuestras debilidades, nuestro estar en Cristo.

LUTERANOS

La reciente Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación ha sido un gran acontecimiento ecuménico. ¿Cuáles son los próximos pasos en el acercamiento entre católicos y luteranos?

El objetivo del Diálogo católico-luterano es la unidad visible. La Comisión internacional, que ha iniciado en 1967, ha publicado varios estudios con base en los cuales se ha considerado oportuno y se ha llegado felizmente a la formulación de un consenso diferenciado sobre la doctrina de la justificación.

Es importante decir que el diálogo teológico no termina aquí. Si bien la Declaración conjunta sobre la justificación resuelve uno de los asuntos que estaban a la base de la Reforma del siglo XVI, todavía permanecen algunos temas que exigen una ulterior clarificación si queremos alcanzar la plena comunión, la unidad en la fe. Estos argumentos vienen mencionados en el n. 43 de la misma Declaración conjunta. Es necesario profundizar acerca de la relación entre la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia, la eclesiología, la autoridad en la Iglesias, el ministerio, los sacramentos, la relación existente entre la justificación y la ética social, entre otros. El diálogo entonces debe continuar y lo hace con una mayor esperanza a la luz y con base en el consenso logrado. Actualmente el tema discutido es la apostolicidad de la Iglesia.

El paso dado con la Declaración conjunta nos anima a encontrar, con los luteranos, nuevas formas de testimonio común en el mundo de hoy, un mundo que está fuertemente marcado por el secularismo y la secularización. Juntos, católicos y luteranos, estamos llamados a dar un testimonio más radical acerca de nuestra fe en Jesucristo, Señor y Salvador, único mediador entre Dios y los hombres.

Ahora bien, los efectos de la Declaración conjunta no solamente tocan a católicos y luteranos. Una cuestión que ha sido ya formulada y será objeto de estudio por parte de comisiones de diálogo y de comuniones cristianas, sobre todo aquellas que proceden de la Reforma, es ¿en qué medida la declaración conjunta entre la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial puede ser aceptada? ¿es posible alcanzar un consenso mayor sobre el tema de la justificación, a la luz de este resultado?

Un último elemento que deseo mencionar, y que ocupa un puesto primordial para nosotros, tiene que ver con la acogida de este resultado. Es urgente que, usando una pedagogía pastoral adecuada, se pueda integrar el acuerdo sobre la justificación en el apostolado, la catequesis y la formación espiritual y teológica del pueblo de Dios.