Ecumenismo

Ecumenismo

Jesucristo ha enviado a sus discípulos hasta los confines de la tierra para llevar la Buena Nueva de la salvación a todas las naciones: “Id pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

Pero antes de anunciar la fe a los demás, hay que poner orden en la propia casa. Este es precisamente el núcleo de la labor ecuménica. El término ecumenismo viene de las palabras griegas “oikéin” (habitar) y “oikós” (casa) que han tenido diversos significados a lo largo de la historia. Los cristianos las han empleado para hablar de la Iglesia, la gran casa de Cristo. La labor ecuménica se refiere a todos los que viven en esta casa, y fomenta su unidad, “de acuerdo con las diversas necesidades... y las posibilidades de los tiempos.”

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Un intenso diálogo de la caridad preside las relaciones con las antiguas iglesias orientales

Carlos de Francisco Vega.
Revista Palabra
nº 429-430
abril de 2000

Las primeras escisiones de la túnica inconsútil de Cristo tuvieron lugar en Oriente señala la Unitatis Redintegratio, 13 por la impugnación de las fórmulas dogmáticas de los Concilios de Éfeso y Calcedonia. De ahí parten, confirma el Concilio Vaticano II, las Iglesias que más tiempo llevan separadas de la comunión con Roma: son las denominadas Antiguas Iglesias Orientales. El aislamiento secular al que han estado sometidas, conviviendo con regímenes adversos o en medio de un mundo hostil, ha facilitado en las últimas décadas el redescubrimiento mutuo de la necesidad de una unión eclesial en la tradición apostólica común y ha llevado a acuerdos ecuménicos importantes.

Sus fieles son en cierto sentido «nuestros cristianos mayores», que viven, celebran y anuncian, en medio de no pocas dificultades, a Cristo, único y común Señor de la Iglesia.

La familia cristiana no estaría completa si omitiéramos a estos cristianos, numéricamente poco significativos, que viven por ello entre el desconocimiento y la dispersión. Forman parte de la túnica inconsútil que no se rompe porque no tiene costuras, en probable alusión a la unidad eclesial. Son los cristianos herederos de la situación que se produjo en el siglo V, cuando la fe cristiana quedó sancionada en fórmulas sintetizadas con el empleo de términos que luego fueron objeto de discusión y que, a la postre, sellaron la separación.

Hay que recordar, en honor a la verdad, que aquellos primeros concilios de la Iglesia formularon más ampliamente la fe del Símbolo, configuraron la liturgia y la organización eclesial incipientes, y ofrecieron unas pautas canónicas. Las decisiones conciliares afectaban tanto a quienes disentían como a quienes aceptaban lo acordado. Los arrianos y los macedonianos, al negar la divinidad de Cristo (Nicea, 325) y del Espíritu Santo (Constantinopla, 381), fueron los primeros que se separan de la fe común: su existencia parece que no superó el siglo VII. Mientras, nestorianos (Éfeso, 431) y monofisitas (Calcedonia, 451) atribuían a Cristo doble persona y una sola naturaleza, respectivamente. Estos dos últimos grupos han llegado hasta nuestros días.

Las llamadas Antiguas Iglesias Orientales, a diferencia de las Iglesias Ortodoxas de tradición bizantina, forman actualmente dos grupos: la Iglesia Asiria de Oriente, que tiene su inicio en el Concilio de Éfeso, y un conjunto de Iglesias llamadas monofisitas integrado por cuatro: la Iglesia Armenia Apostólica, la Iglesia Copta Ortodoxa, la Iglesia Etíope Ortodoxa y la Iglesia Siria Ortodoxa. De ésta última nace, en siglos posteriores y por efecto misionero, la Iglesia Siria Ortodoxa de Oriente. A todas ellas se las califica como no calcedonianas, porque no aceptaron la doble naturaleza en Cristo definida en Calcedonia.

La iglesia asiria de oriente

Esta Iglesia, que quiere ser heredera de la época apostólica por la actividad que desarrolló Santo Tomás, se la denomina también «nestoriana» porque se apoyó en los errores de Nestorio, arzobispo de Constantinopla (428-431). Depuesto Nestorio y perseguidas sus i