Ecumenismo

Ecumenismo

Jesucristo ha enviado a sus discípulos hasta los confines de la tierra para llevar la Buena Nueva de la salvación a todas las naciones: “Id pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

Pero antes de anunciar la fe a los demás, hay que poner orden en la propia casa. Este es precisamente el núcleo de la labor ecuménica. El término ecumenismo viene de las palabras griegas “oikéin” (habitar) y “oikós” (casa) que han tenido diversos significados a lo largo de la historia. Los cristianos las han empleado para hablar de la Iglesia, la gran casa de Cristo. La labor ecuménica se refiere a todos los que viven en esta casa, y fomenta su unidad, “de acuerdo con las diversas necesidades... y las posibilidades de los tiempos.”

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¿Qué opinan los luteranos?

...sobre la declaración conjunta entre católicos y luteranos respecto a la doctrina de la justificación

Responde el obispo Hans C. Knuth

«Ha sido un paso histórico, sin el cual hubiera sido imposible dar otros pasos en el futuro. Hemos encontrado formulaciones comunes precisamente sobre un punto del que nació el cisma hace cinco siglos: esta es una grandísima novedad», afirma el obispo Hans Christian Knuth, de 59 años y desde hace poco líder de la Iglesia evangélico-luterana alemana, la principal expresión de la Reforma en el país.

Knuth, que es también el máximo representante del Sínodo General de la Conferencia Episcopal Luterana y de la sección alemana de la Liga Luterana mundial, es el responsable de las relaciones con los católicos y por tanto, conoce desde dentro las largas negociaciones con la Santa Sede para llegar a este paso de acercamiento mutuo.

«Está claro que un proceso de esta naturaleza --añade en declaraciones al diario «Avvenire»-- no puede darse sin fricciones, sin problemas. Se parece en cierto modo a la política: cuando se va en serio, todos se ponen nerviosos. Y verdaderamente, tras la nota vaticana del 25 de junio de 1998, nos parecía que todo el proceso estuviera en dificultad. Luego, en cambio, de pronto, se ha producido el cambio sustancial. Yo creo que, en medio del humano toma y daca, en medio de las nebulosas de la diplomacia, el Espíritu Santo ha querido dar una señal».

El paso decisivo, según el líder luterano, se ha dado también por una razón muy sencilla: las dos iglesias, en este largo proceso, se ha conocido mejor. Han caído viejos estereotipos. «Ciertamente --explica el obispo Knuth--, está claro que ha ayudado mucho la mejor percepción del otro tanto en el aspecto personal como en el teológico. Además, naturalmente, es importante el hecho de que nos encontramos ante un frente común: la presión de la secularización, por una parte, y de las nuevas religiones, por otra. Esto nos ha conducido a concentrarnos en lo que nos une, y no en lo que nos separa».

Hay quien sostiene sin embargo que este tipo de acuerdos entre expertos en teología y responsables de las iglesias dejan indiferente a la base. No lo piensa así el jefe de la Iglesia evangélico-luterana de Alemania. «No. Yo diría más bien, por el contrario, que todos ahora se preguntan cuáles serán las consecuencias de esta Declaración».

¿Y cuáles son las expectativas por parte luterana? «Querríamos --responde el obispo Knuth-- que se acabe con el escándalo de que los cristianos se tengan que separar justamente cuando llega el momento de acercarse a la Mesa del Señor. Por nuestra parte, hemos lanzado ya nuestra invitación. Es más, decimos que no somos nosotros los que invitamos sino el Cristo resucitado. Nos gustaría que la Iglesia Católica hiciera lo mismo».

Un objetivo deseado por muchos. Pero, ¿cómo avanzar hacia esta meta deseada? Para el responsable luterano este sería el modo: «Precisamente porque estaba claro que se trata de un largo camino, las comisiones teológicas han desarrollado antes el trabajo necesario de preparación para los siguientes pasos. La Declaración sobre la justificación es el balance de un largo proceso que luego ha sido confirmado oficialmente por las respectivas jerarquías; hoy se debería hacer lo mismo con los otros aspectos, es decir, volver sobre todo lo que ha sido elaborado por las comisiones para ver si se puede encontrar un consenso. Repito, el trabajo ya está hecho».

La Declaración ¿sana las heridas del pasado? «En la Declaración --concluye el obispo Knuth-- se afirma claramente que nuestros Sínodos son reconocidos como órganos de guía eclesial. Para nosotros, sin embargo, es irrenunciable un paso ulterior: que se diga con claridad que se trata de Iglesia, no de simples comunidades religiosas».