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La Virgen María

En relación a la Santísima Virgen María, los dogmas de fe definidos por la Iglesia a lo largo de la historia son la maternidad divina de María, su virginidad perpetua, su inmaculada concepción y su asunción a los cielos.

Los protestantes rechazan generalmente todos los dogmas marianos. En esta sección se profundiza en estos dogmas y se analizan las principales objeciones protestantes.

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La Virgen María según las sectas

¿Porqué tanto odio a la devoción mariana por parte de los sectarios?
¿Tienen razón al acusar "desordenes" en la devoción a María?

Tomado de Apologetica.org

Colaboración de José L. Fierro, México

La Virgen María 

Así como el apóstol san Juan por encargo de Jesucristo, al pie de la cruz, se llevó a la Virgen María a su casa, de la misma manera no existe un hogar católico donde sus moradores no hospeden en el a la Madre de Dios: La Virgen María. simbolizando esta acción al tener en su casa la hermosa imagen de ella en alguna de las muchas advocaciones con que se le aclama y recurre a su valiosa intercesión con infinidad de títulos.

Ante el fervor mariano de la fe católica, se presenta por otra parte, el afán de infinidad de sectas para acabar con él. Todos los sectarios conocen que la devoción de nuestro pueblo a la Virgen María es una de las barreras más difíciles de derribar. Ellos conocen que todo aquel católico que abandona su veneración a nuestra Madre del Cielo, ya fácilmente se incorporará a esos grupos destructivos. He aquí la razón por la cual, los sectarios no descansan en tratar de destruir toda devoción a la Virgen María entre los católicos.

Es importante también hacer notar que entre los católicos que no les gusta profundizar mucho en el conocimiento de su fe, existen las ideas erróneas acerca de lo que el protestantismo histórico y las sectas cristianas y seudocristianas aceptan acerca de la Virgen María. Generalmente un católico del tipo ya mencionado, para salir de paso, únicamente se concreta a decir: " es que ellos (los no católicos) no creen en la Virgen María "; por lo tanto es necesario, reflexionar qué es lo que "creen" acerca de la Virgen María los miembros de las denominaciones ya citadas.

La gran mayoría de las serias Iglesias del protestantismo histórico, como la luterana, anglicana, etc., sí aceptan que la Virgen María es la Madre de Dios. Lutero hasta el fin de su vida así lo proclamó y nunca dejó de venerarla con la oración del Magnificat. En estas iglesias actualmente hay esfuerzos en sus miembros para restablecer el culto de veneración a la Virgen María dentro de sus templos y algunos anglicanos han realizado hasta peregrinaciones a famosos santuarios como el de Lourdes en Francia.

El literato protestante Max Yunnickel ha confesado : " Hace mucho frio en la Iglesia Luterana. Tenemos que calentarla un poco. ¿Cómo? Trayendo una Madre: María… volvamos a los cánticos a María, adornemos nuestras Iglesias con las flores del campo. Hagamos fiestas, como por la vuelta de una Madre, porque una Madre ha reaparecido en nuestra Iglesia… María llena de gracia, yo te saludo".

El panorama que se vislumbra en el protestantismo histórico sobre el restablecimiento del culto a la Virgen María es muy alentador, en cambio, en las sectas es todo lo contrario.

Mientras que relevantes líderes o pastores del ambiente antes citado realizan grandes avances en diálogos ecuménicos doctrinales con representantes de la Iglesia Católica, tristemente por otra parte, no existe la misma disposición en las denominaciones nacidas del protestantismo histórico, mucho menos en las sectas de muy reciente aparición. Como prueba de lo anterior, transcribo lo que al respecto dice el téologo bautista Emilio Antonio Núñez en el folleto "La Iglesia Evangélica frente al nuevo catolicismo", pag. 11. Desalentando la labor ecuménica nacida del Vaticano II, el teólogo Núñez advierte a los miembros de su fe los siguientes "riesgos" en dicha labor, contra la fe evangélica como él la concibe: después de inconformarse por varias doctrinas católicas, como el Primado de S. Pedro, el Purgatorio, la Tradición, etc. sobre la Virgen María dice: 

"María se halla aún en su trono como la Madre de Dios y la mediadora de toda gracia, los dogmas de la Inmaculada Concepción y la Asunción quedan inalterables…".

Con la breve referencia anterior, podermos darnos cuenta en que "no creen" sobre la Virgen María las sectas que salieron del protestantismo histórico.

Siendo imposible para las sectas destruir la inmensa relevancia que en la Biblia tiene la Virgen María, para con esto acabar la muy conocida veneración a ella que tiene nuestra fe católica y así después destruir este baluarte que impide el que muchos católicos pasen a grupos destructivos, afanosamente dedican gran esfuerzo en devaluarla a un plano muy inferior o mínimo, para que la labor tan importante que Ella tiene después de su Hijo Jesús en la historia de la salvación, pase desapercibida y en algunas sectas hasta se logre en sus adeptos el rechazo total a la Madre de Dios.

En la gran mayoría de las sectas únicamente se reconoce a la Virgen María como la Madre de Jesús el hombre, por lo tanto no la consideran como Madre de Dios. Al negarle este hermoso título, que es el origen de todos los demás con que la proclama nuestra fe, lógicamente para los sectarios la Virgen María no fue Inmaculada en su nacimiento, ni fue llevada al Cielo en cuerpo y alma, ni tampoco podemos invocarla, porque está muerta y su cuerpo corrompido en el sepulcro, y aún más: para ellos no es la siempre Virgen María como la menciona la antiquísima tradición cristiana, muchos menos nuestra Madre espiritual y Abogada nuestra ante su Hijo Jesús, el único Mediador entre Dios y los Hombres.

Reflexionando en lo anterior, podemos ver el inmenso abismo que existe entre lo que “creen” los sectarios acerca de la Virgen María y lo que nosotros los católicos proclamamos acerca de ella en nuestra fe. Cada vez que ante nosotros alguien trate de socavar la devoción a la Virgen María en nuestras comunidades parroquiales, encomendando nuestras acciones a Dios nuestro Padre, proclamemos ante quien sea necesario lo siguiente:  Santa Isabel llama a la Virgen María “la Madre de mi Señor”, Lc 1,45; es decir, “Madre de Dios” ¿o estás tú más inspirado que santa Isabel al negarle a la Virgen María ese título?

Muchos sectarios creen firmemente que ya en breve van a ser “arrebatados” por los aires en cuerpo y alma al encuentro de Jesús. ¿Cómo entonces no crees que la Virgen María haya sido llevada mejor que Tú ante su Hijo en cuerpo y alma al Cielo? Si Cristo prometió que quien venciera se sentaría con El en su trono celestial Ap. 3,21 ¿le negará esto a su Madre? La carne y sangre que tomó el Verbo al adquirir la naturaleza humana provino de la Virgen María y ahora el cuerpo de Jesús en estado glorioso está en el cielo. ¿Por qué no puedes creer lo mismo del cuerpo de la Virgen María, origen del cuerpo del Verbo Encarnado?

Todos los cristianos no católicos están seguros que según la promesa de Jesús “ellos reinarán con El en el cielo” 2 Tim. 2,12; ¿cómo entonces no puedes aceptar que la Virgen María sea la Reina del Cielo? ¿O tienes mayor dignidad ante Jesús que Ella?.

Saluda el Ángel Gabriel a la Virgen llamándola “llena de gracia” Lc 1,27. Los sectarios replican: “también a Esteban se le llama “lleno de gracia” Hch 6,8; pero observemos que aquí el término hace las veces de un adjetivo calificativo y en cambio, en el caso de la Virgen María a más de eso, la definición “llena de gracia” realiza la función de un pronombre. El Ángel no le llama por su nombre María, sino “llena de gracia”, con esto sabemos que Ella es en sí misma la “llena de gracia por excelencia”.

Si la Virgen María es la llena de gracia, no es posible que ni por un instante hubiese estado en poder de Satanás por el pecado; si así fuera, en tal caso la Biblia no podría considerarla en si misma “llena o plena de gracia” sino la mencionaría con un calificativo inferior. La Sagrada Escritura la asegura a Ella que “el Señor está contigo” Lc 1,28. No es creíble que también el Demonio aunque fuera por un breve momento estuviera con ella por medio del pecado. Por esta y otras razones, los católicos la reconocemos como la “Inmaculada Concepción”.

Las sectas no desaprovechan ocasión para señalar situaciones torcidas respecto a devociones mal entendidas, que por falta de evangelización existen en algunas personas que se consideran católicas; en realidad estos católicos sin mucha formación, practican acciones muy alejadas de lo que es la recta veneración a la Virgen María. Siempre que esté a nuestro alcance, cuando esto ocurra, procuremos dentro de nuestras posibilidades, alertar a quienes las realizan consciente o inconscientemente a corregirlas y así no dar motivos de escándalo a los enemigos de nuestra fe, que de inmediato las utilizan a favor de su proselitismo sectario.

Entre este tipo de fallas, mencionemos algunas:

  • Difusión de supuestos mensajes marianos que sin aprobación eclesiástica anuncian terribles y próximas catástrofes, días de oscuridad, etc.
  • Quien promueve lo anterior está quizás sin saberlo, proclamando que el Papa Juan Pablo II está equivocado en su pastoral, ya que El nos está invitando a un Jubileo para el año 2000, siendo que según estos profetas de calamidades debería de prever los supuestos terribles acontecimientos próximos a ocurrir o de que nos aprovisionáramos de ciertos cirios benditos, etc.
  • Tener conciencia de que toda devoción o culto a la Virgen María debe terminar en Cristo. El punto de referencia siempre será El. La Virgen María es una criatura finita y Cristo es infinitamente más grande que Ella.
  • Distinguir entre la Virgen María como persona y lo que es su imagen o escultura. Cuando visitamos un santuario mariano en vez de decir “voy a ver a la Virgen”, mejor expresarnos, máxime si estamos ante la presencia de un sectario, “voy a visitar la imagen de la Virgen”.
  • Evitar conocer hasta con el más mínimo detalle supuestos mensajes marianos a ciertos videntes y desconocer en gran parte o completamente, los diálogos y enseñanzas de Jesús contenidas en La Biblia.

Como conclusión, cada vez que invoquemos a nuestra Madre bendita La Virgen María, suplicándole que ruegue por nosotros los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, tengamos también presente el consejo que Ella nos dio acerca de que escuchemos a su Hijo Jesús: “Hagan lo que El les diga” Jn 2,5.

Vea también: Los reformadores protestantes y la virgen María

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