Apologética Patrística

Padres de la Iglesia

Investigar la Fe de la Iglesia primitiva y los padres de la Iglesia ha ayudado a miles de protestantes a darse cuenta del error de los reformadores al rechazar la fe de aquellos que recibieron el evangelio directamente por los apóstoles y sus sucesores.

No falta sin embargo, quienes intentan utilizar los textos patrísticos para atacar la fe de la Iglesia.

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  Compendio de Apologética Católica  

 

 

 

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San Cipriano, ¿Pensaba como protestante?

Por José Miguel Arráiz

Introducción

Recientemente tuve la ocasión de platicar con un amigo protestante (bautista) que me afirmaba que San Cipriano entre otros padres, tenía posturas “protestantes”. Alegó que en sus escritos da potestad a todos los obispos por igual y no había pruebas de que concediera al obispo de Roma una autoridad superior a la del resto de los obispos.  

¿Quién fue San Cipriano?

Nuestro santo fue un importante teólogo africano nacido hacia el año 200 d.C. Elegido obispo de Cartago en el 248, martirizado el 258. De el se conservan una gran variedad de escritos (una docena de opúsculos y 81 cartas). Sobre su vida se conserva Vita Cypriani, (un conjunto de manuscritos atribuidos a su diácono Poncio) y sobre su martirio se conservan las Acta proconsularia Cypriani, basada en documentos oficiales. En la antigüedad cristiana y en la edad media fue uno de los autores más populares y sus escritos se conservan en gran número de manuscritos.

Durante su vida se enfrentó a dos conflictos importantes. Uno, sobre la actitud a tomar con quienes en tiempos de persecución  habían accedido a ofrecer sacrificios a ídolos y solicitaban de los confesores (aquellos que permanecieron firmes a costa de torturas y tormentos) certificados que declaraban que los hacían participes de sus méritos. Mantuvo con firmeza que tan grave pecado requería una proporcionada penitencia y que dichos certificados no podían conferirles una absolución automática, sino la absolución que tenía que concederlas la Iglesia a través de sus ministros luego de un arrepentimiento garantizado por una congrua satisfacción.

El segundo problema al que se enfrentó el santo fue sobre el bautismo de los herejes. El no reconocía le bautismo de los herejes como válido mientras que el Papa si. La controversia se agravó y San Cipriano no quería ceder (aquí los protestantes alegan que de reconocer la primacía del obispo de Roma hubiera cedido inmediatamente). Comenzó entonces la persecución de Valeriano que ocasionó el martirio de ambos. Al final la postura del Papa prevaleció.

¿Qué importancia tienen los escritos de San Cipriano?

Los Escritos de San Cipriano (así como el del resto de los padres de la Iglesia) son importantísimos, no solo para los estudiantes de patrística y patrología, sino para cualquier cristiano, ya que permiten conocer a fondo el pensamiento de la Iglesia primitiva y su forma de interpretar las Escrituras.

A pesar de esto, a partir del rechazo de la Sagrada Tradición por los protestantes en tiempos de la reforma, estos se agrupan principalmente en dos grandes grupos. Unos que reconocen que los escritos patrísticos son recomendables para el cristiano no como fuente de doctrina dogmática, sino para edificación y cultura general, y otros (extremistas fundamentalistas), que llevando a su máxima expresión la doctrina de la Sola Scriptura, los desechan sin más ni mas como escritos de “hombres” con poco o ningún valor, mostrando en la mayoría de los casos, ignorancia de la vida e historia de la Iglesia en sus primeros siglos

Sin embargo, algo que comparten uno y otro grupo en común, es que nunca, o casi nunca, citan a los padres, excepto cuando piensan que lo que dicen puede llevar “agua a su propio molino”. He querido aprovechar la ocasión para estudiar los escritos del santo, no solo, en cuanto a los puntos en que los protestantes suelen citarle, sino en su totalidad, para así hacer una comparación justa y no descontextualizada de su pensamiento.

San Cipriano, y el primado de Pedro

El santo trata este tema en el tratado De Ecclesiae unitate (La unidad de la Iglesia), el cual dirige a los confesores romanos cuando se oponían junto con Novaciano contra el Papa Cornelio.

San Cipriano. De la Unidad de la Iglesia. 4.5

“El Señor habla a San Pedro y le dice: “Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella…”  Y aunque a todos los apóstoles confiere igual potestad después de su resurrección y les dice: “Así como me envió el Padre, también  os envío a vosotros. Recibid el Espíritu Santo. Si a alguno perdonareis los pecados, le serán perdonados; si alguno se los retuviereis, le serán retenidos”, sin embargo, para manifestar la unidad estableció una cátedra, y con su autoridad dispuso que el origen de esta unidad empezase por uno. Cierto que lo mismo eran los demás Apóstoles que Pedro, adornados con la misma participación de honor y potestad, pero el principio dimana de la unidad. A Pedro se le da el primado, para que se manifieste que es una la Iglesia de CristoEl que no tiene esta unidad de la Iglesia ¿cree tener fe?.. El que se opone y resiste a la Iglesia, ¿Tiene la confianza de encontrarse dentro de la Iglesia?...El episcopado es uno solo, cuya parte es poseída por cada uno in solidum. La Iglesia también es una, la cual se extiende con su prodigiosa fecundidad en la multitud, a la manera que son muchos los rayos del sol, y un solo sol, y muchos los ramos de un árbol, pero uno solo el tronco fundado en firme raíz, y cuando varios arroyos proceden de un mismo manantial, aunque se haya aumentado su número con la abundancia de agua, se conserva la unidad de su origen. Separa un rayo del cuerpo del sol: la unidad no admite la división de la luz, corta un ramo del árbol: este ramo no podrá vegetar, ataja la comunicación del arroyo con el manantial y se secará. Así también la Iglesia, iluminada con la luz del Señor, extiende sus rayos por todo el orbe; pero una sola es la luz que se derrama por todas partes, sin separarse la unidad del cuerpo; con su fecundidad y lozanía extiende sus ramos por toda al tierra, dilata largamente sus abundantes corrientes, pero una es la cabeza, uno el origen y una la madre, abundante en resultados de fecundidad. De su parto nacemos, con su leche nos alimentamos y con su espíritu somos animados (trad. Caminero 4,404-5). (1)

El texto en cuestión es muy revelador, comienza citando Mateo 16,18 y aunque afirma que a todos los apóstoles confiere igual potestad, luego agrega con un “sin embargo” que para mantener la unidad estableció el Señor con su autoridad una cátedra en Pedro a quien se le da el primado.

Ahora bien, es difícil ver en que parte del texto puede coincidir con siquiera alguna de las doctrinas protestante que difieren de la doctrina Católica. En primer lugar el santo reconoce que la Iglesia está gobernada por obispos uno de los cuales tiene el primado, lo que implica un explícito reconocimiento de la doctrina de la sucesión apostólica que ellos rechazan. Seguidamente condena a quienes se apartan de la unidad de la Iglesia Católica para fundar sus propias denominaciones, pero ¿No es precisamente lo que los protestantes vienen haciendo desde Lutero?. Establece claramente que fuera de la Iglesia no hay salvación y que “No puede tener a Dios por Padre el que no tiene a la Iglesia por Madre”. Para San Cipriano no puede ser mártir el que se aparta de la unidad de la Iglesia porque la sangre no puede borrar la mancha de la herejía y el cisma.

En los escritos de San Cipriano se pueden encontrar evidencias adicionales de la autoridad del obispo de Roma sobre la Iglesia. La primera la tenemos cuando estalla la persecución de Decio (250). San Cipriano se oculta pero envía una carta a la Iglesia de Roma explicando las razones que le motivaron a huir: “He creído necesario escribiros esta carta para darles cuenta de mi conducta, de mi conformidad de la disciplina y de mi celo…”Pero aunque ausente en el cuerpo, he estado presente en espíritu…” (Epist. 20). Es evidente que en ese momento reconocía en la Iglesia de Roma una autoridad a quien dar cuentas, como él mismo lo afirma, de lo contrario, una carta a Roma justificando su conducta hubiera sido innecesaria.

Otra evidencia la encontramos en su Epístola 59. En ella se ve como unos herejes en conflicto con San Cipriano recurren a la Iglesia de Roma por medio de cartas para que el Papa actuara en su favor. A pesar de que San Cipriano no ve con buenos ojos esta actitud porque según su criterio ellos deben defender su posición ante su propio obispo, esto demuestra que inclusive de parte de los cismáticos había conocimiento de que la autoridad de la Iglesia de Roma era superior a la del resto, y de allí su apelación a ella. Es notable también como en la epístola San Cipriano se refiere a la Iglesia de Roma como a la “cátedra de Pedro” y la Iglesia principal de la que brotó la unidad del sacerdocio: “ad ecclesiam principalem unde unitas sacerdotalis exorta est”.

San Cipriano Epist 59, 14. Sobre la legitimidad de la apelación a Roma

“Ellos no tuvieron bastante con apartarse del Evangelio, con arrancar a los herejes la esperanza del perdón y la penitencia, con apartar de todo sentimiento y fruto de penitencia a los enredados en robos, o manchados con adulterios, o contaminados con el funesto contagio de los sacrificios, de suerte que éstos ya no ruegan a Dios ni confiesan sus pecados en la Iglesia; no se contentaron con constituir fuera de la Iglesia y contra la Iglesia un conventículo de facción corrompida, al que pudieran acogerse la caterva de los que tienen mala conciencia y no quieren ni rogar a Dios ni hacer penitencia. Después de todo esto, todavía, habiéndose dado un falso obispo, creación de los herejes, han tenido la audacia de hacerse a la vela y de llevar cartas de parte de los cismáticos y profanos a la cátedra de Pedro, a la Iglesia principal de la que brotó la unidad del sacerdocio; y nisiquiera pensaron que aquellos son los mismos romanos cuya fe alabó el Apóstol cuando les predicó, a los que no debería tener acceso la perfidia. ¿Por qué fueron allá a anunciar que había sido creado un pseudo-obispo contra los obispos? Porque, o se sienten satisfechos de lo que hicieron y con ello perseveran en su crimen, o se arrepienten y se retractan y ya saben adónde han de volver. Porque fue establecido por todos nosotros que es cosa a la vez razonable y justa que la causa de cada uno se trate allí donde se cometió el crimen y que cada uno de los pastores tenga adscrita una porción de la grey, que cada uno ha de regir y gobernar dando cuenta de sus actos al Señor. Por tanto, los que son nuestros súbditos, no han de andar de acá para allá, ni han de lacerar la coherente concordia de los obispos con su audacia astuta y engañosa, sino que han de defender su causa allí donde pueda haber acusadores y testigos de su crimen. A no ser que se crea que la autoridad de los obispos establecidos en África es demasiado pequeña para esos pocos desesperados y pervertidos”.

En la epístola 67 ocurre algo similar, Cipriano denuncia que Basilides, luego de haber confesado ser culpable fue a la lejana Roma a apelar a la autoridad de Esteban (Obispo de Roma) y engañarle para que le restituya en el obispado. Nuevamente, de tener todos los obispos la misma autoridad, no tendría sentido este tipo de apelaciones al obispo de Roma, y tampoco sería posible que este pudiera restaurar a algún obispo a su ministerio. Sin embargo esto no es nada nuevo, desde el Siglo I hay evidencia temprana de como el obispo de Roma disciplinaba y dictaba sentencias en comunidades en conflicto (Como en el caso de la disensión en Corintio que sede ante la autoridad de San Clemente Romano)

San Cipriano, Epist. 67, 5

Con toda diligencia hay que guardar la tradición divina y las prácticas apostólicas, y hay que atenerse a lo que se hace entre nosotros que es lo que se hace casi en todas las provincias del mundo, a saber, que para hacer una ordenación bien hecha, los obispos más próximos de la misma provincia se reúnan con el pueblo al frente del cual ha de estar el obispo ordenando, y éste se elija en presencia del pueblo, ya que éste conoce muy bien la vida de cada uno y ha podido observar por la convivencia el proceder de sus actos. Así vemos que se hizo también entre vosotros en la ordenación de nuestro colega Sabino: se le confirió el episcopado y se le impusieron las manos para que sustituyera a Basilides por el sufragio de toda la comunidad de hermanos y el de los obispos que estuvieron presentes y el de los que os enviaron su voto por carta. No puede invalidar esta ordenación jurídicamente bien hecha el que Basilides, después que sus crímenes quedaron patentes y que él mismo confesó su culpa, fuera a Roma y engañase a nuestro colega Esteban —que reside lejos y no tenía conocimiento de los hechos ni de la verdad—, a fin de conseguir que fuera injustamente repuesto en el episcopado del que con justicia había sido desposeído. Esto sólo significa que los crímenes de Basilides no sólo no han sido borrados, sino que se han aumentado, puesto que a sus faltas anteriores se ha añadido el crimen de engaño e impostura. No hay que culpar tanto a aquel que por descuido se dejó sorprender cuanto hay que anatematizar a éste que lo sorprendió con sus fraudes. Pero si Basilides pudo sorprender a los hombres, no puede sorprender a Dios, pues está escrito que «de Dios nadie se burla» (Gál 6, 7)

San Cipriano, la salvación, fe y obras

Ni por casualidad podría verse a un protestante citando a San Cipriano a este respecto, y es que hasta el menos objetivo de ellos tendría que reconocer que el mismo Lutero hubiera sufrido un infarto al miocardio, antes de reconocer lo que San Cipriano enseña en De opere et eleemosynis(Las buenas obras y las limosnas).  Enseña que así como han sido redimidos del pecado por la sangre de Cristo, y además, la misericordia divina les proporciona un medio para asegurar la salvación una segunda vez, caso de que la debilidad y fragilidad humanas les hubieran arrastrado al pecado después del bautismo (No verán a San Cipriano enseñando el grito protestante “Una vez salvo siempre salvo”). Afirma el santo que “Como en el lavacro del agua salvífica el fuego del infierno es extinguido, así también es sojuzgada la llama por la limosna y por las buenas obras. Porque en el bautismo se concede remisión de pecados una vez para siempre, el ejercicio constante e incesante de las buenas obras, a semejanza del bautismo, otorga de nuevo la misericordia de Dios…; los que después de la gracia del bautismo se han descarriado, pueden ser limpiados otra vez

San Cipriano, la Eucaristía y la penitencia

La postura de San Cipriano respecto a la Eucaristía es otro punto donde los protestantes mencionan  ni por error. Sucede que los textos eucarísticos de San Cipriano abundan en indicaciones concretas, ricas en sentido y doctrina, y son opuestas a la tendencia absolutamente mayoritaria entre protestantes respecto a este punto. Para ellos la Eucaristía no tiene carácter sacrificial, y el pan y vino no se convierten en ella en cuerpo y sangre del Señor sino que son simples símbolos. Para San Cipriano (al igual que para la Iglesia Católica)  su carácter sacrificial es indiscutible, en la Eucaristía (a la que también llama el Santo “el pan de vida” y “cuerpo del Señor”) se presenta al Padre el sacrificio perfecto (Malaquías 1,11)  de su Hijo. Atestigua también la celebración diaria de la misma.

Los textos del santo también son valiosa fuente de información respecto a la disciplina penitencial de la Iglesia, es necesario para él que los pecadores confiesen sus pecados en la Iglesia y sean absueltos por medio de la imposición de manos del obispo y el clero. Es indispensable que hagan esto antes de recibir la Eucaristía, de lo contrario profanarían el cuerpo del Señor. (Confirmando lo que ya sabía por otros escritos patrísticos como La Didaché, y por Orígenes.

Para el santo la Eucaristía se celebra en el altar, (curiosamente también esto los protestantes rechazan) y no pueden consagrar los herejes.

Revelador queda atestiguado por San Cipriano la común costumbre de hacer oraciones y ofrecer la Eucaristía por el descanso eterno de los difuntos, parecería que no estamos leyendo escritos de literatura cristiana primitiva sino un catecismo católico hoy.

Carta 1 n.2 (HARTEL: CSEL v.3 p.2 pg.463s, L. BAYARD, Saint Cyprien. Correspondance (Paris 1945), ML 4,399 A – B: epist. 66).

“…Y por eso Victor, puesto que contra la forma prescrita hace poco en el concilio por los sacerdotes, se ha atrevido a constituir tutor al presbítero Geminio Faustino, no hay por qué se haga entre vosotros la oblación por su muerte o se  rece alguna oración por él en la Iglesia, para que se observemos nosotros el decreto de los sacerdotes elaborado religiosamente y por necesidad, y al mismo tiempo se de ejemplo a los demás hermanos, para que nadie llame a las molestias mundanas a los sacerdotes y ministros de Dios dedicados a su altar y a su Iglesia.”

Note que aquí San Cipriano deja implícito la costumbre de ofrecer la Eucaristía por los difuntos. Lo niega en el caso particular en virtud de la violación de las decisiones conciliares que atribuye a Victor al ordenar a Geminio Faustino presbítero.

Carta 12 n.2 (HARTEL, 503s, BAYARD, ML 4,328 b – 329 a: EPIST. 37)

“Finalmente anotad también los días en que ellos mueren, para que podamos celebrar sus conmemoraciones entre las memorias de los mártires: por más que Tertuliano, nuestro hermano fidelísimo y devotísimo, con aquella su solicitud y cuidado, que reparte a los hermanos sin regatear su actividad, y que ni en el cuidado de los cadáveres anda remiso allí, haya escrito y escriba y me haga saber, entre otras cosas, los días en los que nuestros dichosos hermanos parten en la cárcel a la inmortalidad con el final de una muerte gloriosa, y celebremos aquí nosotros oblaciones y sacrificios en conmemoración de ellos, las cuales cosas pronto celebraremos con vosotros, con el amparo de Dios.”

Carta 15 n.1 (HASRTEL, 513s; BAYARD; ML 4,254 A – B, epist. 10).

…Estos, sin tener en cuenta ni el temor de Dios ni la honra del obispo, puesto que me habíais dirigido cartas en las cuales pedías que fueran examinados vuestros deseos y se diese la paz a algunos caídos, cuando acabada la persecución, comencemos a reunirnos  y recogernos con el clero; contra la ley del Evangelio  y también contra vuestra honorífica petición, antes de haber hecho penitencia, antes de hacer la confesión de tan grave y extremado delito, antes de que fuera impuesta la mano en señal de penitencia por el obispo y el clero, se atreven allí a ofrecer por ellos y [darles] la Eucaristía, es decir, a profanar el santo cuerpo del Señor, estando escrito: “el que comiere el pan o bebiere del cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y la sangre del Señor)

Carta 16. n.2ss (HARTEL, 518ss; Bayard; ML 4,251 A – 253 B epist. 9)

2 “..Pues si cuando se trata de pecados menores hacen penitencia los pecadores el tiempo debido, y conforme a lo ordenado en la disposición disciplinar vienen a la confesión y reciben el derecho a la comunión por la imposición de las manos del obispo y del clero, ahora en tiempo crudo, cuando dura aún la persecución, no habiendo sido todavía restituida la paz de la misma Iglesia, son recibidos a la comunión  se ofrece a su nombre, y sin haber hecho aún penitencia, ni haber hecho la confesión ni haberles sido todavía impuesta la mano por el obispo y el clero, se les da la Eucaristía, siendo así que está escrito: El que comiere del pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente será reo del cuerpo y sangre del Señor.

3…antes de que se haya extinguido el miedo de la persecución, antes de nuestro regreso, antes casi del mismo tránsito de los mártires, tienen comunión con los caídos, ofrecen y entregan la Eucaristía…

4...sepan estos que, si continúan por más tiempo en lo mismo, usaré de la amonestación de la que me manda el Señor que use, de manera que entretanto les sea prohibido ofrecer [el sacrificio eucarístico]

Carta 39 n.3 (HARTEL, 583, BAYARD, ML 4,323 A: epist. 34)

“…Ofrecemos por ellos sacrificios, como os acordáis, siempre que en la conmemoración anual celebramos los días de la pasión de los mártires.”

Carta 57 n.4 (HARTEL, 651ss, BAYARD, ML 3,856 A – 858 A: epist synod. Conc. Carthag).

“…En primer lugar, no puede ser apto para el martirio a quien la Iglesia no le arma para la lucha, y cede el espíritu  al que no levanta e inflama la Eucaristía recibida

Carta 58 n.1 (HARTEL, 656s, BAYARD, ML 4,350 A: epist 56).

“…Amenaza ahora una lucha más dura y feroz, a la cual se deban preparar los soldados de Cristo con una fe incorrupta y una virtud robusta, considerando que por eso beben todos los dìas el càliz de la sangre de Cristo para poder derramar ellos mismos las sangre por Cristo”

Carta 58 n.9 (HARTEL, 665, BAYARD, ML 4,357 A).

“…Armemos también la diestra con la espada espiritual, para que rechace con fortaleza los funestos sacrificios, para que acordándose de la Eucaristía, la [diestra] que recibe el cuerpo del Señor le abrace a él mismo, ella que al poco tiempo ha de recibir del Señor el premio de las coronas celestiales

Carta 70 n.2 (HARTEL 768, BAYARD, ML 3,1040 A – 1041 A: epist. Synod. Conc. Carthag).

“---pues es la Eucaristía de donde son ungidos los bautizados, el óleo santificado en el altar, Pero no pudo santificar a la criatura del óleo quien ni tuvo altar ni Iglesia. De donde tampoco la unción espiritual puede hallarse entre los herejes, puesto que entre ellos es absolutamente imposible consagrar el óleo y hacer la Eucaristía”.

Aquí detengo el resumen de la posición de San Cipriano respecto a la Eucaristía, esto una pequeñísima muestra, puede consultarse  el resto de sus cartas, así como “La oración del Señor” (De dominica oratione), donde afirma que el pan de cada día es Cristo en la Eucaristía, “Porque Cristo es el pan de los que tocamos su cuerpo. Pedimos, pues que nos sea dado diariamente, a fin de que quienes vivimos en Cristo y recibimos su Eucaristía diariamente para alimento de salud, no seamos separados de su cuerpo por algún delito grave que nos prohíba el celeste Pan y nos separe del cuerpo de Cristo

San Cipriano y el bautismo

Para el santo la concepción sobre el bautismo es también muy distinta a la mayoría de los protestantes. Para los protestantes de tendencia anabaptista que son mayoría (bautistas, pentecostales, etc.) el bautismo es simplemente un símbolo de fe, no es necesario para la salvación y no se obra ninguna regeneración en la persona en él.  (Hay que aclarar que para los Luteranos la postura difiere del resto del protestantismo, e incluso han condenado la posición del resto de los protestantes en este sentido, se puede revisar a este respecto la confesión de Augsburgo). Para los católicos en cambio, el bautismo es un sacramento, por medio del bautismo se entra a la Iglesia y se nace de nuevo. El pensamiento de San Cipriano es totalmente consonante con el pensamiento de la Santa Iglesia hoy y al del resto de la Iglesia primitiva. En su tratado a Donato se refiere al bautismo como el “sacramento de la regeneración” y como a través de él  pasó de la corrupción, violencia y brutalidad del mundo pagano a la paz y felicidad de la vida cristiana. Tiene firme convicción como en el bautismo quedan perdonados todos los pecados de la vida pasada (Estos grupos protestantes de tendencia anabaptista  niegan también que en el bautismo haya remisión de pecados)

San Cipriano, A Donato (Ad Donatum) (cf. 4: BAC 241, 109)

“Como me hallaba retenido y enredado entre tantos errores de mi vida anterior, de los que no creía poder desprenderme, yo mismo condescendía con mis vicios inveterados y, desesperado de enmendarme, fomentaba mis males como hechos ya naturaleza en mí. Más después que quedaron borradas con el agua de la regeneración las manchas de la vida pasada y se infundió la luz en mi espíritu transformado y purificado, después que me cambió en un hombre nuevo por un segundo nacimiento la infusión del Espíritu celestial, al instante se aclararon las dudas de modo maravilloso…”

Conclusión

¿Era San Cipriano protestante?, solo conteste estas preguntas:

1) ¿Creen los protestantes en la sucesión apostólica y que a Pedro se le dio el primado instituyendo una cátedra en virtud de la unidad?

2) ¿Creen los protestantes que la Eucaristía tiene carácter es el sacrificio perfecto de Cristo que se presenta al Padre en el altar cumpliéndose lo profetizado por el Señor en Malaquías 1,11 y que el pan y vino consagrados son realmente (y no símbolos) el Cuerpo y Sangre de Cristo?

3) ¿Celebran la Eucaristía los protestantes por el descanso eterno de los difuntos?

4) ¿Confiesan sus pecados los protestantes ante el clero y hacen la penitencia impuesta por ellos?

5) ¿Creen que el bautismo es sacramento necesario para la salvación y que en el es donde se nace de nuevo? ¿Se refieren al bautismo como el baño del agua por la palabra?

Si a todas esas respuestas usted puede contestar si, entonces Cipriano era protestante.

Notas:

(1) Explica Quasten que de este capítulo cuarto se conserva una doble versión, una de ellas con énfasis en el primado de Pedro, y que respecto a esto hubo una controversia a raíz de unas denuncias de Hartel (el editor de las obras de Cipriano en Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum. Viena 1866ss.) . Dom Chapman probó que estas variaciones no se deben a una corrupción del texto sino a una revisión hecha por el mismo Cipriano. Al revisar el original, habría introducido las adiciones. Esto ha sido confirmado por investigaciones de D.vanden Eynden, O. Perler y M. Bévenot, pero estos últimos invierten el orden de las dos versiones considerando la más antigua la que hace énfasis en el primado de Pedro (A Questen le parece esta última opinión como la más probable). S. Ludwig sin embargo presenta el texto del primado como el único auténtico y el otro como una edición que se debe a la mano de algún partidario de Cipriano en el curso de su controversia bautismal. G. Le Moine no está de acuerdo.

Bibliografía

BAC 206. Patrología I, Johannes Quasten

BAC 88. Textos Eucaristicos primitivos I, Jesús Solano

Sitio Web Católico Mercaba.org, http://www.mercaba.org/TESORO/cartel-patres.htm

Sitio Web Católico del Magisterio de la Iglesia http://ar.geocities.com/magisterio_iglesia/contenido.html

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