Apologética Patrística

Padres de la Iglesia

Investigar la Fe de la Iglesia primitiva y los padres de la Iglesia ha ayudado a miles de protestantes a darse cuenta del error de los reformadores al rechazar la fe de aquellos que recibieron el evangelio directamente por los apóstoles y sus sucesores.

No falta sin embargo, quienes intentan utilizar los textos patrísticos para atacar la fe de la Iglesia.

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Catolicismo primitivo (4) - San Policarpo de Esmirna

Por José Miguel Arráiz

San Ignacio de Antioquía

Artículos publicados de esta serie

Introducción - La Didaché - San Clemente Romano - San Ignacio de Antioquía - San Policarpo

San Policarpo fue obispo de Esmirna y uno de los discípulos del apóstol San Juan Evangelista. Gozó de gran pretigio, admiración y fama de santidad. Tuvo como discípulo al también insigne San Ireneo de Lyon. Murió martir a los ochentaiseis años quemado en la hoguera por negarse a adorar al Cesar y a los dioses de los romanos.

Se conserva de él una carta que escribió a los filipenses a petición de San Ignacio de Antioquía, quien también murió martir y a quien se encontró cuando iba camino a su propio martirio. Se conserva además una texto que representa la más antigua narración que se conoce de un martirio cristiano fuera del Nuevo Testamento. Fue escrito aproximadamente en el año 156 d.C., unos meses después del acontecimiento que narra, representando un testimonio auténtico de quienes presenciaron personalmente la heroica muerte de San Policarpo. 

Doctrina

Justificación y Salvación

La doctrina de San Policarpo, al igual que la Didaché y los primeros padres es una lúcida exposición de la doctrina católica de la justificación completamente libre tanto de pelagianismo como de luteranismo. A este respecto recuerda que somos salvados por gracia y no por obras:

“Sin haberle visto, vosotros creéis en Él con alegría inenarrable y glorificada, alegría a la que muchos desean entrar, sabiendo, como saben, que de pura gracia fuistes salvados, y no por vuestras obras, sino por voluntad de Dios, por medio de Jesucristo”(San Policarpo, Carta a los Filipenses 1,3)

A la vez enseña que la sola fe no salva sino va acompañada de la obediencia a los mandamientos y una conducta digna de Dios:

“Le fe que os ha sido dada, es la madre de todos nosotros, a condición de que le acompañe la esperanza y la preceda la caridad; caridad digo, para con Dios, para con Cristo y para con el prójimo” (San Policarpo, Carta a los Filipenses 3,3)

“Si en este siglo le agradáremos, recibiremos en pago el venidero, según Él nos prometió resucitarnos de entre los muertos y que, si llevamos una conducta digna de Él, reinaremos también con Él. Caso, eso sí, de que tengamos fe (San Policarpo, Carta a los Filipenses 5,2)

“El que a Él (Jesucristo) le resucitó de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, con tal de que cumplamos su voluntad y caminemos en sus mandamientos y amemos lo que él amó, apartados de toda iniquidad, defraudación, codicia de dinero, malediscencia, falso testimonio…; no volviendo mal por mal, ni injuria por injuria, ni golpe por golpe, ni maldición por maldición ” (San Policarpo, Carta a los Filipenses 2,2)

Veneración de los santos y las reliquias

En el Martirio de Policarpo encontramos un testimonio importantísimo a favor de la doctrina católica en diversos sentidos.

En primer lugar, porque atestigua que para una época siglos anterior al Concilio de Nicea los cristianos rendían a Cristo culto de adoración, cosa que niegan muchas sectas de corte arriano, como los testigos de Jehová.

En segundo lugar, porque se distingue lúcidamente la diferencia entre la adoración que sólo corresponde a Dios y la veneración que corresponde a los mártires y santos. Desde esta comprensión proclaman que a Jesucristo le adoraban como hijo de Dios, pero a los santos y mártires les veneraban como modelos a imitar y ejemplos de santidad:

“Nosotros ni podremos jamás abandonar a Cristo, que murió pr la salvación del mundo entero de los que se salvan; Él, inocente por nosotros pecadores, ni hemos de rendir culto a otro fuera de Él. Porque a Cristo le adoramos como a Hijo de Dios que es; mas a los mártires les tributamos con toda justicia el homenaje de nuestro afecto como a discípulos e imitadores del Señor, por el amor insuperable que mostraron a su rey y maestro” (Martírio de Policarpo, 17, 2-3)

Se menciona también explícitamente la veneración de las reliquias de los santos y mártires y la conmemoración de su martirio.

“Como viera, pues, el centiruón la porfia de los judíos, poniendo el cuerpo en medio, lo mandó quemar a usanza pagana. De este modo, por lo menos pudimos nosotros recoger los huesos del mártir, más preciosos que piedras de valor, y más estimados que oro puro, los que depositamos en un lugar conveniente. Allí, según nos fuere posible, reunidos en júbilo y alegría, nos concederá el Señor celebrar el natalicio del martirio de Policarpo, para memoria de los que acabaron su combate y ejercicio y preparación de los qu etienen aún que combatir” (Martírio de Policarpo, 18, 1-3)

Desprendimiento y pobreza espiritual

Al igual que San Ignacio, denuncia la codicia como el principio de todos los males, exhortando a evitar el apego desordenado a los bienes materiales:

 “Principio de todos los males, es el amor al dinero. Ahora bien, sabiendo como sabemos que nada traijmos con nosotros al mundo, y nada hemos de llevarnos, armémonos con las armas de la justicia y amaestrémonos los unos a los otros, ante todo a caminar en el mandamiento del Señor.” (San Policarpo, Carta a los Filipenses 4,1)

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