El Primado de Pedro

San Pedro

"Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»" Mateo 16,18-19

En esta sección encontrará estudios bíblicos, históricos y patrísticos del tema, así como análisis de las principales objeciones protestantes.

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Conversando con mis amigos evangélicos sobre el papado (Parte I)

Por José Miguel Arráiz

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Conversando con mis amigos evangélicos sobre el desarrollo de la doctrina cristiana, por José Miguel ArráizContinuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un nuevo diálogo ficticio en donde se analiza el tema del papado. En esta ocasión, los argumentos los he tomado de algunas Webs de apologética protestante. Los nombres de quien participan no son reales.

Miguel: José, nos gustaría estudiar el tema del papado, porque Marlene y yo hemos estado leyendo algunos de los argumentos de la Iglesia Católica al respecto, y nos gustaría que nos aclararas algunas dudas.

José: Con mucho gusto.

Marlene: Hasta donde hemos podido averiguar, ustedes los católicos creen que Jesús nombró a Pedro “Papa” cuando le dijo: “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.” (Mateo 16,18-19). Allí interpretan que la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia es Pedro, ¿correcto?

José: Precisamente[1].

Marlene: Pues bien, según lo que hemos estudiado me parece que esta interpretación no es la más acertada. Permíteme explicarme.

José: Adelante.

Marlene: En primer lugar leamos el texto completo, porque ambos estamos de acuerdo en que un texto fuera de contexto es un pretexto. El pasaje en su totalidad dice así: “Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Les dice él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»” (Mateo 16,13-19)

Observa que todo comienza con la pregunta de Jesús a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” a lo que Pedro responde: “Tu eres el Cristo, el hijo del Dios vivo”. Pedro acababa de confesar quién era la roca sobre la que se edifica la fe de la Iglesia. No era Pedro la roca, ni ningún otro hombre; más bien era Cristo y su relación divina con Dios Padre, por el hecho de que Él es el Hijo de Dios.

Hay muchos otros textos donde esta interpretación se confirma. Por ejemplo, el apóstol Pablo deja esto claro cuando dice, “Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3,11). El profeta Isaías hablando de Jesucristo escribió: “Por eso, Jehová, el Señor, dice así: «He aquí que yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable.” (Isaías 28,16). En la carta a los efesios San Pablo nuevamente lo repite: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.” (Efesios 2,20).

José: Me parece muy bien que vayas al contexto, pero considero que en tu análisis hay varias cosas que se te han pasado por alto.

Marlene: Cuéntame…

José: Primero observa que en ese episodio Jesús está cambiando el nombre de Simón a Pedro[2]. Recuerda que cada vez que Dios cambia el nombre de alguien es porque con ese nombre viene una nueva identidad y una nueva función. Por ejemplo, cuando Dios cambió el nombre de Abram por Abraham en Génesis 17,3-6 es porque sería “padre de naciones”; el nombre Sarai lo cambió por Sara en Génesis 17,16 porque sería “madre de reyes”, “princesa fecunda”. A Jacob le llamó Israel en Génesis 32,28 porque “luchó con Dios y los hombres y venció”, inclusive el nombre mismo de Jesús en Mateo 1,21 tiene un profundo significado: “Dios salvador”, porque salvaría al pueblo de sus pecados.

Como tu bien has dicho, Jesús le había preguntado quién era él, y Simón le respondió indicándole su identidad: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios vivo”. Cristo a su vez hace lo mismo y le dice cuál será la identidad de Pedro: “Tú eres Pedro, y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia”. Por lo tanto, cabe preguntarse ¿cuál es el significado del nuevo nombre de Simón? ¿Cuál sería la nueva función o identidad que acompañaría este nuevo nombre? Porque sería muy curioso que allí encontremos la única excepción en toda la Biblia, donde un nuevo nombre no tiene significado alguno. Y sea cual fuere ese significado lo tenemos que encontrar allí en el contexto, y aquí es donde llama mucho la atención lo que Jesús le dice inmediatamente después: “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”.

Observa que ese texto es muy similar a una profecía del profeta Isaías, en donde se anuncia un nuevo mayordomo para el pueblo de Israel: “Aquel día llamaré a mi siervo Elyaquim, hijo de Jilquías. Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré, tu autoridad pondré en su mano, y será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá. Le hincaré como clavija en lugar seguro, y será trono de gloria para la casa de su padre” (Isaías 22,20-23)[3]. Como seguramente sabrán, el mayordomo o portador de las llaves del Reino, era un ministro al servicio del rey con la máxima autoridad subordinada solo a la del propio rey, y con un rol de paternidad espiritual sobre el pueblo[4]. “será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá”. Esa era una figura ampliamente conocida para el pueblo judío, por lo que era natural entender que Jesús la utilizara para dar a conocer cuál sería la nueva función de Pedro.

Marlene: José, pero no has explicado por qué piensan que Jesús se refería allí a Pedro como la Roca, cuando en todos los textos bíblicos que te he mostrado, Jesús es la Roca.

José: A eso voy, pero vamos por partes.

En Mateo 16,18 así como en el resto de los textos que has mencionado, se utiliza una figura literaria de la que ya hemos hablado antes, y es conocida como metáfora. Como habíamos dicho, una metáfora es una figura retórica que consiste en identificar un término real con uno simbólico entre los cuales existe una relación de semejanza o analogía. En la Biblia abundan las metáforas, por ejemplo cuando Cristo afirma:

“…Yo soy la luz del mundo…” (Juan 8,12)

“…Yo soy el buen pastor…” (Juan 10,11)

“…Yo soy la puerta…” (Juan 10,9)

“…Yo soy la vid verdadera…” (Juan 15,1)

Y así podría mencionar muchos ejemplos más, pero considero que no es necesario, porque todos conocemos qué metáforas hay en la Sagrada Escritura.

Ahora bien, aunque en la Biblia hay muchas metáforas, los elementos simbólicos utilizados en ellas no tienen un significado fijo. Es un error pensar que porque en Juan 8,12 se diga que Cristo es “luz del mundo”, cada vez que en una metáfora aparezca la palabra luz, se refiere a Él. Un ejemplo claro lo tenemos en Mateo 5,14 donde Cristo nos dice también a nosotros: “Vosotros sois la luz del mundo

Isaías 51,1 por ejemplo, dice: “mirad á la piedra de donde fuisteis cortados”, y en esta metáfora la piedra no simboliza a Cristo sino a Abraham, pues el pasaje continúa “…y á la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados. Mirad á Abraham vuestro padre”. En 1 Pedro 2,5 se nos llama a nosotros “piedras vivas”.

Es por eso que para encontrar el significado de los elementos metafóricos hay que acudir al contexto y no pretender aplicar el mismo significado mecánicamente a cada una. Observa por ejemplo cómo en Efesios 2, 20 los apóstoles y profetas figuran como el fundamento, siendo Cristo figura de Piedra angular: “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2,20), sin embargo, en otra metáfora el fundamento es Cristo: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” (1 Corintios 3,11). Y no hay ninguna contradicción porque son diferentes metáforas. En la epístola a los efesios (Efesios 2,20) se compara la Iglesia con un edificio, allí todos venimos a ser representados figurativamente como piedras (los creyentes, los apóstoles y Cristo también, ya que figura aquí como Piedra angular). En la epístola a los Corintios en cambio (1 Corintios 3,11) los materiales de la construcción simbolizan las obras buenas o malas de cada creyente. Estas (obras) si están edificadas sobre el fundamento (que es Cristo) recibirán su recompensa.

En el pasaje que estudiamos (Mateo 16,18) al igual que en Efesios 2,20 se compara la Iglesia con un edificio, pero en esa metáfora Cristo está figurando como el constructor, no como parte de la construcción, lo vemos cuando utiliza el verbo “edificar” y lo conjuga en primera persona: “edificaré”. Nosotros somos las piedras que Cristo va colocando, Pedro la primera.

Es por esto que es un error mezclar las metáforas o querer establecer un significado constante para un elemento literal en todas ellas. Con ese método se puede probar cualquier cosa, se toma una palabra de aquí, se busca el significado simbólico, y luego salta a otra metáfora distinta y se traslada el significado de la anterior.

No olviden además que la piedra angular de una construcción NO ES LA MISMA piedra sobre la que se edifica. La piedra sobre la que se edifica una construcción está en la base, la piedra angular está en la parte superior y es la que da consistencia a todas las demás. (En una construcción, por ejemplo, en una pirámide, realmente hay 5 piedras angulares, pero la que generalmente se le llama la piedra angular es la que está en la cúspide, no la que está en la base). Así podríamos construir una metáfora general donde se simboliza la Iglesia con un edificio espiritual, Cristo figura como piedra angular, Pedro y los apóstoles como fundamento, siendo Pedro la primera piedra sobre la cual se edifica, y nosotros culminamos la construcción siendo las piedras vivas que conforman el resto del edificio.

Marlene: Pero entendido de esa manera estás diciendo que el fundamento de la Iglesia es un hombre y no Cristo.

José: No. Lo que sucede es que tenemos que distinguir en qué sentido Pedro es la piedra en esa metáfora. Pedro es la piedra sobre la que se edifica en cuanto a la autoridad instituida por Jesucristo para gobernar y pastorear la Iglesia, como su “siervo mayordomo” portador de las llaves, mientras la confesión de fe es el fundamento doctrinal de la misma. Si no se entiende esta diferencia, terminamos por no comprender la posición católica, caricaturizándola al pensar que tenemos puesta nuestra fe sobre un hombre.

Es por esto que durante toda la historia de la Iglesia los primeros cristianos y padres de la Iglesia entendieron este texto en ambos sentidos sin excluirlos mutuamente, y afirmaban al mismo tiempo que mientras Cristo es el fundamento de la Iglesia, Pedro en virtud de su fe fue instituido como su mayordomo y portador de las llaves[5].

Miguel: José, pero recuerda que no sólo Pedro recibió las llaves, la recibió toda la Iglesia, porque en otro pasaje leemos a Jesús diciéndole a todos los apóstoles: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo.” (Mateo 18,18)

José: Pero observa que allí Jesús solo les habla de “atar y desatar”, no les dice que les entregará las llaves. En cambio en Mateo 16,19 Jesús sí habla de entregar las llaves y le dice a Pedro en singular “A ti te daré…”. Es cierto que a través de Pedro toda la Iglesia en comunión con él tiene las llaves, pero sólo él es nombrado como su portador en virtud de su primado. Lo mismo ocurría con la figura del mayordomo en los antiguos reinos, pues había muchos ministros que podían atar y desatar[6](tomar decisiones), pero las decisiones del mayordomo eran irrevocables para el resto de los ministros[7].

Marlene: Entiendo, pero aún hay otro elemento en ese pasaje que hace que la interpretación católica falle. Permíteme explicarme[8].

José: Adelante…

Marlene: Cuando miramos el griego de Mateo 16:18, vemos algo que no se observa en el castellano: “…tú eres Pedro [Πέτρος, pétros], y sobre esta roca [πέτρα, pétra] edificaré mi iglesia”. En el griego, los sustantivos tienen géneros (masculino y femenino). Es similar en uso a “actor” y “actriz”. El primero es masculino, el segundo es femenino. De igual manera, la palabra “pétros” es masculina y “pétra”, es femenina. El nombre de Pedro se refiere en forma correcta a “pétros”. Pero Jesús dijo que la roca en la cual Él (Cristo), edificaría su iglesia no se encuentra en el masculino de “pétros”, sino en el femenino de “pétra”. Permíteme ilustrarlo usando las palabras “actor” y “actriz” en una oración. Si yo te digo: “Tu eres el actor y con esta actriz filmaré mi nueva película” ¿cómo lo entenderías? ¿notas cómo el género influye en la forma como una oración se entiende? Jesús no estaba diciendo que edificaría su iglesia sobre Pedro (piedra), sino sobre la Roca, o de lo contrario ¿a qué se refiere entonces el sustantivo femenino “pétra”?

José: Lo que sucede, es que el evangelista cuando traduce al griego las palabras de Jesús, no puede asignar a Pedro un nombre de género femenino, y por eso no utiliza la misma palabra en ambos lugares. Sin embargo, sabemos por el mismo evangelio que Jesús no dijo esas palabras originalmente en griego, sino en arameo, y allí en ese idioma no existe esa distinción. Jesús llamó a Pedro realmente כֵּף (Kēphas) y allí no hay ninguna distinción, por lo que realmente dijo Jesús fue: “Tu eres Pedro [Kēphas] y sobre esta Piedra [Kēphas] edificaré mi Iglesia”.

Marlene: ¿Cómo que lo sabemos por el mismo evangelio? No tenemos el texto en arameo y sólo se conservan copias en griego de los evangelios, por lo que no es adecuado referirse a este como una prueba. ¿Por qué recurrir a algo que no existe; en este caso, el texto en arameo?

José: Si bien ya no se conservan copias en arameo del evangelio de Mateo[9], del texto griego podemos deducirlo. Recuerda que cuando el apóstol San Juan nos dice cuál fue el nuevo nombre dado a Simón, nos dice que fue Cefas, y no Petros: “Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)” (Juan 1,42). Y Cefas (en griego Κηφᾶς = Kēphas) es una transliteración de la palabra aramea (כֵּף = Kēphas) que significa Roca.

Marlene: Espera un momento, el hecho de que Juan lo traduzca apoya el punto de vista de que “Kēphas” no es un nombre propio, debido a que uno usualmente no traduce los nombres propios.

José: Precisamente por eso es tan significativo. “Kēphas” (Cefas) sin ser un nombre propio aun así es asignado como tal por Jesús a Pedro, y le definió hasta tal punto que el Nuevo Testamento, aun habiendo sido escrito en griego, conserva ese nombre dado a él en arameo. Recuerda que así es que le llama el apóstol Pablo a lo largo de sus cartas (1 Corintios 1,12; 3,22; 9,5; 15,5; Gálatas 1,18; 2,9; 2,11; 2,14). Por lo tanto, es seguro que si Jesús hubiese dicho las palabras de Mateo 16,18 directamente en griego, Pedro no hubiese conservado su nombre en arameo.

Miremos el asunto objetivamente: Jesús allí hace un juego de palabras al cambiar el nombre de Pedro: “Tu eres Pedro [que significa “piedra” o “roca”] y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. No tendría sentido hacer ese juego de palabras, para referirse a otra piedra distinta[10].

Otra evidencia de que el evangelista tradujo “Kēphas” a “Petros” y no a “Petra” para no asignar a Pedro un nombre femenino, lo tenemos en que en griego existe una palabra para hacer referencia a una piedra pequeña, que es “lithos”, y el traductor no la utiliza, lo que si hubiese marcado una diferencia entre ambas palabras más allá del género. En otros texto del Nuevo Testamento se observa este contraste: “A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra (lithon) alguna».” (Mateo 4,6); “¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra? (lithon).” (Mateo 7,9); “Para vosotros, pues, creyentes, el honor; pero para los incrédulos, la piedra (lithos) que los constructores desecharon, en piedra (lithos) angular se ha convertido, en piedra (lithos) de tropiezo y roca (petra) de escándalo. Tropiezan en ella porque no creen en la Palabra; para esto han sido destinados.” (1 Pedro 2,7-8).

Es por eso, que en Mateo 16,18 sí podemos estar seguros de que Jesús se refería a Pedro como la piedra sobre la que se edifica la Iglesia, en cuanto a que le estaba instituyendo como el mayordomo de su reino. Hoy a esa figura le llamamos “Papa”, pero el nombre no es realmente lo importante, sino aquello que significa.

Miguel: José, está muy interesante la conversación, pero nos tenemos que ir. Me gustaría que podamos continuar luego, ya que quedaron muchos puntos que nos gustaría tratar.

José: Con mucho gusto.

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NOTAS

[1] La Iglesia Católica interpreta Mateo 16,18 desde distintas perspectivas que se complementan entre sí. Pedro es la Piedra sobre la que se edifica la Iglesia en lo que se refiere a autoridad instituida por Jesucristo para pastorear la Iglesia ocupando el primado entre los apóstoles, y la fe en Jesucristo es el fundamento doctrinal de la misma. Explica el Catecismo a este respecto:

CEC 424 Movidos por la gracia del Espíritu Santo y atraídos por el Padre nosotros creemos y confesamos a propósito de Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16).Sobre la roca de esta fe, confesada por San Pedro, Cristo ha construido su Iglesia (cf. Mt 16, 18; San León Magno, serm. 4, 3; 51, 1; 62, 2; 83, 3).

CEC 552 En el colegio de los doce Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf. Mc 3, 16; 9, 2; Lc 24, 34; 1 Co 15, 5). Jesús le confía una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había confesado: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro Señor le declaró: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18). Cristo, “Piedra viva” (1 P 2, 4), asegura a su Iglesia, edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte. Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lc 22, 32).

CEC 881 El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf. Mt 16, 18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño (cf. Jn 21, 15-17). “Está claro que también el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro” (LG 22). Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.

[2] Pedro es el único apóstol al que Jesús cambia el nombre. Recuérdese que aunque Jesús se refería colectivamente a Santiago y a Juan, como los “hijos del trueno” (Marcos 3,17) ellos conservaron sus nombres propios.

[3] Si bien esta profecía no se refería a Pedro, sino a Elyaquim, se ve aquí cuales eran las funciones del mayordomo del Reino, de allí que Jesús se sirva de una figura conocida para dar a conocer la nueva función de Pedro.

[4] La figura del mayordomo era muy común en la cultura de los pueblos antiguos. Los reyes y los cabezas de familia nombraban a uno de sus siervos de más confianza como mayordomo. Abraham por ejemplo, tenía como mayordomo a Eliezer de Damasco (Génesis 15,2), José, el hijo de Jacob, fue mayordomo de Putifar (Gen 39,4) y posteriormente del Faraón (Génesis 41,40-41). Así sucesivamente encontramos numerosas referencias a mayordomos en los reinados de Judá e Israel a lo largo de los siglos en 1 Reyes 4,6; 16,9; 18,3; 2 Reyes 10,5; 18,18.37, 19,2; 2 Crónicas 28,7; Isaías 22,15; 36,3.22; 37,2.

[5] Si se estudian los textos de los padres de la Iglesia, se comprobará que ellos hacían uso de ambas interpretaciones, al indicar que Pedro era la piedra sobre la que se edifica la Iglesia (en cuanto a autoridad instituida por Jesucristo), y también la fe en Jesucristo (como fundamento doctrinal de la misma). Puede consultar mi otro libro, Compendio de Apologética Católica, donde hago una recopilación de los testimonios patrísticos a este respecto.

[6] Los términos δέω - λύω (atar y desatar) provienen de la terminología rabínica (Alfred E. Tuggy, Léxico Griego-Español del Nuevo Testamento, Editorial Mundo Hispano, Primera edición 1996, 1210 D): ATAR en hebreo se dice אָסַר (“asar”). La Mishná (que es un cuerpo exegético de leyes judías compiladas, que recoge y consolida la tradición oral judía desarrollada durante siglos desde los tiempos de la Torá o ley escrita, y hasta su codificación a manos de Rabí Yehudá Hanasí, hacia finales del siglo II) lo emplea (Shabbat 4,1) comentando Números 30,3 como declarar PROHIBIDO (Strack-Billerbeck I, 738). DESATAR en hebreo se dice “hittir”; la Mishná lo emplea para declarar PERMITIDO o LÍCITO.

La Sinagoga usaba ambos verbos para indicar quién estaba ADMITIDO o PROSCRITO de la Sinagoga (excomunión) y para la interpretación de ciertos pasajes difíciles de la Escritura; es, pues, un empleo “técnico” para indicar “autoridad” no solo en materia disciplinaria (imposición y levantamiento del anatema dictado por la Sinagoga; además de la Mishná, Josefo habla de ello en el de Bello ludaico I, 111), sino también A-U-T-O-R-I-D-A-D “halákica” PARA ENSEÑAR (en cuanto a la enseñanza, significan la interpretación autoritativa de la ley POR EL RABINO ORDENADO y competente en la materia: “goza de autoridad para prohibir y permitir” (Flavio Josefo, Sobre la Guerra de los judíos, L.1, Cap. 5, 111. Verbo “deo” (atar) en el Diccionario exegético del NT de Balz-Schneider, Salamanca 1996.

[7] En Isaías 22,22 se describe como las decisiones del mayordomo del reino no podían ser revocadas por el resto de los ministros, cuando dice: “abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá”.

[8] En este capítulo he tomado los argumentos de los hermanos evangélicos en esta conversación de la Web de apologética evangélica www.Miapic.com, la cual es un ministerio bastante reconocido que publica contenido apologético en varios idiomas.

[9] Aunque no se conservan copias del evangelio de Mateo en arameo, si se conservan suficientes testimonios históricos de la Iglesia primitiva que datan desde el siglo I, de que este evangelio fue escrito primeramente en arameo y posteriormente traducido al griego. Para una recopilación detallada de estos testimonios puede consultar mi libro Compendio de Apologética Católica, Segunda edición, Lulu 2014, p. 83s.

[10] La construcción en griego tampoco permite interpretar que Jesús se refiere como la “piedra” o “roca” a alguien distinto de Pedro. A este respecto explica Robert A Sungenis: “Es importante señalar que aquí Jesús elige la frase epi tautee tee petra (“sobre esta roca”) más que la más ambigua redacción como epi tee roca (“sobre la roca”) o epi petra (sobre una roca). Utilizando el artículo definido o indefinido podría parecer que señala a alguien más que a Pedro, mientras el adjetivo demostrativo tautee (‘esta’) es más probable que identifique a alguien en la inmediata proximidad gramatical al sustantivo «roca». La única otra roca que se ilustra en la inmediata proximidad es Petros (‘Pedro’) el cual es un nombre propio que significa «Roca»…” (Butler, Dahlgren, Hess, Jesús, Peter & the Keys, Queenship Publishing Company, USA 1996, p. 23-24).

 

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