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A Sor Lucía Caram: es preferible ser ortodoxo hipócrita que heterodoxo sincero.

Sor Lucía Caram

Sí Sor Lucía, sé que ambas cosas están mal.

El ortodoxo hipócrita porque dice que se debe hacer pero el mismo no cumple, de ellos advirtió dijo Jesús lo siguiente:

«Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen.» (Mateo 23,3)

Pero más daño al prójimo hace el heterodoxo sincero, porque enseña que se puede hacer aquello que no se debe hacer y es feliz de hacerlo también.

«¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!» (Isaías 5,20)

Uno dice y no hace, y el otro dice mal y hace mal.

Aclaro esto a Sor Lucía en respuesta a un artículo que recoge sus declaraciones y que ha sido publicado en Religión Digital. En él, denuncia a los que ella llama «los fariseos de hoy, raza de víboras y sepulcros blanqueados«, y ha dicho que «No hay que hacerles caso a los enfermos de ortodoxia hipócrita«.

Luego de leer todo lo que ha dicho, quiero yo responderle con unas observaciones puntuales, desde la perspectiva de un simple católico de misa de domingo que no pertenece a ninguna orden religiosa.

Antes de comenzar, dejo claro que no le concedo razón en el calificativo que usted lanza al viento a otros de «fariseo hipócrita», porque para que tuviese razón, tendría que poder ser concreta y comprobar a aquellos que acusa de que dicen pero que realmente no hacen.

El Jesús del «no-juicio»

Comienza Sor Lucía:

«Este era el calificativo y la queja de Jesús ante los fariseos, hipócritas, puritanos, que se dedicaban a despellejar a todos los que no eran como ellos o a los que según sus cortas miras se apartaban de la ortodoxia de una religión que se había quedado en la letra muerta, en el cumplimiento vacío (cumplo-y miento) …. se creían con derecho de juzgar y condenar. Jesús les recriminó que se dedicaran a mirar la paja en el ojo ajeno siendo incapaces de ver la viga que había en el propio ojo. Regocijados en sus elucubraciones y juicios implacables, permanecían cerrados a la Buena Noticia que traía Jesús de parte de Dios y al anuncio de su Reino, en el que Dios se pe manifiesta como misericordia, perdón, acogida, felicidad, paz, «no-juicio»

Cuando yo, simple parroquiano, me pongo a leer la Biblia, encuentro mucho de lo que usted menciona. Encuentro por ejemplo a Jesús anunciando un tiempo de gracia y misericordia.

«El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.» (Lucas 4,18-19)

Es cierto que también criticó a los que juzgaban a otros sin corregir sus propios fallos:

«¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo?… Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano. « (Mateo 7,3.5)

Pero en todas esas ocasiones yo encuentro a un Jesús algo distinto al que usted predica. Es un Jesús que sí que anuncia misericordia y perdón a aquellos que viven en pecado, pero para que se arrepientan y dejen de pecar. No teme acompañarse de pecadores, pero nunca les deja en su pecado, por el contrario les invita a seguirles y cambiar. El caso de la adúltera a punto de ser apedreada es claro y contundente, pues le perdona pero le pide al mismo tiempo no pecar más:

«Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más (Juan 8,11)

Con un paralítico al que Jesús cura se repite la misma escena, pero allí Jesús incluso le advierte que de seguir pecando le podría ocurrir algo peor:

«Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor.» (Juan 5,14)

Tampoco es cierto que Jesús no habla de juicio. El Jesús «no-juicio» es una invención suya. Una cosa es que en su primera venida no haya venido a juzgar sino a invitarnos a recibir su gracia, y otra que eventualmente lo vaya a hacer. Por eso, si bien siempre ofrece el perdón a aquel que se arrepiente, también advierte a aquellos que son duros de corazón acerca del destino que les espera si no se convierten:

«Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti (Mateo 11,22-24)

«Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás (Mateo 12,41)

Jesús tampoco dijo que no iba a juzgar, sino precisamente lo contrario:

» Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo« (Juan 5,22)

«Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.»» (Juan 9,39)

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos (Mateo 25,31-32)

No se trata pues de un Jesús edulcorado que nunca juzga ni condena, sino de un Jesús que en su infinita misericordia nos da la oportunidad de convertirnos una y otra vez para que al final cuando seamos juzgados por Él no seamos condenados.

Las «cargas pesadas» que nadie puede mover

Usted también reprocha a aquellos que llama «fariseos» que coloquen cargas pesadas sobre otras personas, cargas que ni ellos mismos pueden cargar. Dice:

«Hoy, a éstos, Jesús también les llamaría «raza de víboras y sepulcros blanqueados», porque imponen cargas pesadas que ellos son incapaces de mover. A éstos, les duele una Iglesia en salida, una Iglesia que escucha, perdona y acoge, una Iglesia que va a las periferias y da respuesta a los interrogantes reales de las personas y que es capaz de acoger sus problemas, para los que el Evangelio siempre tiene una propuesta; e esos doctores sin cátedras de bondad, les rebela una Iglesia que huye del poder y que prefiere el servicio, que es austera y que quiere ser pobre con los pobres, que le gusta más la mesa sencilla que los grandes boatos.»

Yo no veo que aquellos que hoy llama fariseos tengan objeción con tener una Iglesia de «salida», que «acoge», y si alguno lo tuviera ya sería ese otro problema. Lo malo es que se etiquete como cargas pesadas los mandamientos de Dios y se condene a quienes el único «pecado» es enseñar que se debe cumplirlos. Recuerde que el mismo Jesús misericordioso del que habla también dijo:

«Mas si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos» (Mateo 19,17)

«Pero el que incumpla uno de estos mandamientos, aunque sea el más pequeño y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los cumpla y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.» (Mateo 5,19)

No somos protestantes ni creemos que con solo la fe ya somos declarados justos, sino que creemos que su gracia nos hace justos y nos capacita para cumplir los mandamientos.

«No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito.» (1 Corintios 10,31)

No es para un católico «letra muerta» los mandamientos, ni algo tan alejado que no podamos cumplir con su gracia. El propio Dios quien nos advierte:

«Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que hayas de decir: «¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Ni están al otro lado del mar, para que hayas de decir: «¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica (Deuteronomio 20,14)

Dese cuenta que al criticar que haya pastores que recuerden al pueblo la importancia de cumplir los mandamientos, lo que critica es que cumplan con el deber que les ha sido encomendado, o dicho de otro modo…que sean coherentes con su fe. Y allí voy al siguiente punto.

¡Coherencia por Dios, Coherencia!

En los tiempos de mis abuelos había muchos pecadores, pero en justicia he de decir que eran pecadores coherentes. No se les ocurría llamar a lo malo bueno, ni a lo bueno malo. Se reconocían pecadores, admitían que estaba mal lo que hacían, y precisamente por eso mismo, tenían la oportunidad de más adelante recibir la gracia del arrepentimiento. Y es que para poder arrepentirse primero hay que tener conciencia de que se obra mal, de lo contrario terminaremos ciegos como los fariseos de la época de Jesús

«Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: «Vemos» vuestro pecado permanece.» « (Juan 9,41)

El problema es que en la actualidad tenemos pastores que en vez de denunciar algo como pecado, para no incomodar y ser políticamente correctos, optan por no llamar al pecado por su nombre.

Yo, cuando decidí seguir siendo católico, decidí hacerlo coherentemente. Dicho de otro modo, si algún día dejo de profesar la fe católica, no podría permanecer en la Iglesia. Tendría que admitir que no lo soy ya y salir de ella.

Lo contrario sería incoherente; sería como si fuese un profesor que ya no cree en la matemática y pretendo enseñar biología en su lugar. Y si alguien me reprocha le acuso de intolerante. ¡Pero es que estoy es clase de matemáticas! dirán algunos alumnos, y yo insistiré en seguir diciendo que soy profesor de matemáticas, de la misma manera que hoy hay infinidad de teólogos que siguen insistiendo que son católicos mientras predican ideología y doctrinas protestantes.

Pongamos su propio caso como ejemplo Sor Lucía. Por un lado la enseñanza oficial de la Iglesia, recogida en su Catecismo, nos enseña que los actos homosexuales, por ser intrínsecamente desordenados, no pueden recibir aprobación en ningún caso:

«Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso« (Catecismo de la Iglesia Católica 2367)

Pero usted enseña que la Iglesia debe bendecir cualquier tipo de amor, incluyendo las relaciones homosexuales:

Sor Lucía Caram pide a la Iglesia no meterse en la decisión de quienes abortan y bendecir cualquier tipo de amor

Yo puedo entender que usted no esté de acuerdo con el Catecismo y la enseñanza de la Iglesia, pero si usted no cree lo que enseña la Iglesia Católica, ¿no es incoherencia pretender seguir diciendo que lo es? ¿Quién es el hipócrita? ¿El que coherentemente recuerda y enseña lo que dice el Catecismo, o la que carga el catecismo bajo el brazo pero no cree lo que allí dice?

Vayamos ahora al caso del aborto. En la entrevista anteriormente citada, usted dice que un católico no debe decir nada a una mujer que desee abortar:

«Pero quienes tomen libremente la decisión (de abortar) tienen que ser las personas. La Iglesia no puede meterse ahíNi siquiera Dios, que por algo nos hizo libres.» (Sor Lucía Caram)

Pero por otro lado la Iglesia enseña que el aborto es siempre un crimen, un asesinato de un ser indefenso en el seno de su madre, y que su madre no tiene el derecho moral de quitarle la vida. El Papa Francisco, que usted siempre alaba lo ha dicho bien claro:

El Papa Francisco declara que el aborto es SIEMPRE un crimen

Y si eso es así, y el Papa tiene razón, usted está diciendo que ni la Iglesia ni Dios ni nadie puede decir nada a una mujer que se dispone a cometer un crimen. Eso es tan absurdo como que no se pueda decir nada a un asesino que se dispone a matar a una víctima, alegando que Dios nos ha dado libertad (debe aprender a diferenciar entre libertad moral y libertad psicológica).

¿Qué cree usted que pensaría Jesús, el que también no dudó a expulsar a latigazos a los mercaderes del templo, de una monja, que llamándose católica, dice que hay que hay que quedarse de brazos cruzados cuando se va a cometer un crimen, y que cualquier tipo de amor debe ser bendecido? ¿Y si yo mañana me enamoro de una vaca también lo bendecirá? A mi se me ocurre, que probablemente la echaría del convento.

La raíz del problema

Según mi modo de ver, uno de las principales enfermedades que sufrimos los católicos hoy, es la misma que aqueja al mundo entero, y es buscar la paz a toda costa evitando la confrontación. Por ejemplo, si a los homosexuales les incomoda la enseñanza del Catecismo, la solución para algunos es pedirles perdón por creer lo que creemos:

Cardenal Marx: La Iglesia debe pedir perdón a los homosexuales. No se puede decir que una relación (homosexual) entre dos hombres, si son fieles, no tiene ningún valor»

(A este respecto, lamenté ver como el Papa al ser consultado sobre esto, eludió el centro de la cuestión)

Y allí tenemos que mientras el Catecismo oficialmente enseña que las relaciones homosexuales «no pueden recibir aprobación en ningún caso» un cardenal «católico» dice que no sólo si pueden recibir aprobación, sino que inclusive tienen valor. Como decimos aquí en mi país, o es chicha o es limonada, o enseñan una cosa, o enseñan otra, pero si siguen así vamos a terminar con trastorno bipolar.

Lo más grave es que en este estado de patetismo espiritual, el cumplir el deber cristiano de denunciar objetivamente aquello que es pecado convierte al que lo haga, en lo que Sor Lucía Caram llama un «ortodoxo hipócrita«. No habrá una Sor Lucía Caram de la talla de un San Juan Bautista, capaz de perder la cabeza al denunciar el adulterio del rey Herodes, por el contrario, las Sor Lucía Caram de hoy serían el equivalente de las Herodías que pedirán la cabeza de Juan con la excusa de no condenar a nadie (Marcos 6,24)

Pero si todos nos volvemos unos católicos diluidos, patéticos, pusilánimes, incapaces de denunciar lo que está mal, ya no seremos luz del mundo, ni sal de la tierra, y sólo serviremos para ser pisoteados:

«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.» (Mateo 5,13)

Hoy hay una gran escases de católicos combatientes, a diferencias de otras épocas en que abundaron y fueron la gloria de la Iglesia. Necesitamos hoy un San Agustín y sus incontables apologías contra los errores, o un San Ireneo que enfrentó a todas las herejías de su tiempo. Si viviera San Atanasio, teólogos como José Antonio Pagola, Andrés Torres Queiruga y muchos otros no hallarían donde esconderse. Hoy es mejor callar: «vive y deja vivir», a pesar de que el evangelio de hoy Jesús nos da un mensaje corto pero contundente:

«¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» (Lucas 12,51-53)

Predicar la verdad siempre podrá traer confrontación porque el mensaje evangélico obliga a tomar partido. O eres luz, o eres oscuridad. O denuncias lo que está mal, o callas cobardemente. No tiene nada de malo decirle al otro que está equivocado cuando por nuestra fe tenemos la certeza de que lo está. No se trata de imponer nuestras razones, no se trata de obligarlos a creer, se trata de exponer la verdad como un acto de caridad hacia el hermano. Si nosotros estuviesemos equivocados y alguien lo supiera es evidente que querríamos que nos lo dijera.

Para que comprendan en la práctica esta enfermedad que aqueja al mundo de hoy, y que nos ha infectado también a los católicos que queremos ser siempre políticamente correctos, y estar bien con Dios y con el diablo, les invito a ver este interesante vídeo sobre la ideología de género. Aunque no trata de este tema específicamente, refleja lúcidamente este tipo de mentalidad.

Autor: José Miguel Arráiz

 

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