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La Sábana Santa y el carbono 14 ¿Continua el misterio?

Sana Santa

– ¿A la ciega? –preguntó Luigi Gonella, del Policlínico de Turín, responsable de los estudios científicos de la Sábana Santa.

– ¡A la ciega! –confirmaron con fuerza los representantes de tres laboratorios situados en Gran Bretaña (Oxford University Research Laboratory for Archeology del Instituto Hall), Suiza (Instituto Federal de Tecnología) y Estados Unidos (Laboratorio de la Universidad de Arizona de Tucson).

Luigi Gonella accedió. “A la ciega”, suponía –según acordaron- que, con objeto de que realizaran cada uno de los laboratorios la prueba del Carbono 14, se les enviarían tres muestras “sin identificar”: una correspondiente a un tejido del siglo I, otra a un lienzo del siglo XIV y la tercera perteneciente a la Síndone de Turín; es decir; se les entregaron una muestra de la Sábana Santa y dos de control (se agregó una cuarta de manera sorprendente), de forma anónima, sin que conocieran las claves de identificación de cada muestra, de modo que no pudiesen saber cuál era la que correspondía a la Sábana (esta última cautela resultó inoperante por varias razones, entre otras, porque al no trocear las muestras, la del tejido de la Síndone es muy fácil de identificar; ya que la textura de la Síndone es muy fácil de identificar; ya que la textura y gramatura de sus hilos han sido muy divulgadas.

“Creo que es la primera vez, declaró Luis Gonella, que unos laboratorios ofrecen sus servicios al propietario de un objeto y no al revés. Lamento que hayan descartado la posibilidad que se les ha ofrecido de una investigación conjunta con otros especialistas”.

Sin embargo, pronto se conoció el gran “sarcasmo” que supuso el ofrecimiento de estos laboratorios y su petición “a la ciega”. En efecto, se había acordado que las claves de identificación de las muestras se abrirían únicamente en presencia del custodio de la Sábana Santa, el Cardenal Ballestrero. Pero, como escribió Gianni Sangalli, Director de la revista “Torino”: “Maravilla que Institutos científicos serios como lo son estos tres laboratorios hayan filtrado noticias tan concretas que permitieran a los periodistas hablar de una ‘falsificación medieval’ meses antes de que las investigaciones se llevasen a término”. Y continúa: “Merece la pena resaltar el hecho de que los tres laboratorios, que, de un lado, no han tolerado ningún control sobre su trabajo por parte de expertos en sindonología y en los avatares de la historia de la Síndone, ni del representante del custodio de la Síndone o de la Academia Pontificia de las Ciencias, y de otro se habían comprometido a trabajar independientemente entre ellos y hacerlo, además, ‘a la ciega’, hayan sentido, al parecer, la necesidad de reunirse en Suiza unos meses antes de hacer públicos los resultados de sus investigaciones”.

El periódico “ABC” se hizo eco de un extenso escrito en el que, “el estudioso francés Bruno Bonnet Eymard acusó al científico Michael Tite, conservador del British Museum de Londres, de haber sustituido el trozo de tela cortado a la Sábana Santa, que fue analizado por el método del Carbono 14, por otro confeccionado en el Medievo. Bruno Bonnet afirmó que Jacques Evin, director del Laboratorio de Radio Carbono de la Universidad francesa de Lyon, entregó a Tite un trozo de tela medieval de entre los siglos XIII y XIV muy semejante al tejido de la “Síndone”, y que perteneció a una capa pluvial de San Luis de Anjou, muerto en 1297. En opinión del estudios francés, es muy probable que Tite cambiara el trozo de tela verdadero por el medieval y, por tanto, toda la operación resultó ser una farsa”.

Asimismo un periódico inglés dio la noticia recogida por la revista “Epoca”, de que uno de los científicos que realizaron la prueba del Carbono 14, cobró en lugar de las cincuenta mil pesetas que le correspondían por su trabajo ¡doscientos millones de pesetas! (Loring, Vídeo “La Sábana Santa”)

En todo caso, la presión que la gran mayoría de las cadenas de televisión, las emisoras de radio y los periódicos y revistas ejercieron sobre la opinión pública,, afirmando que la prueba del Carbono 14 había demostrado definitivamente la falsedad de la Sábana Santa, adquirió intensidad suficiente como para que el Cardenal Ballestrero se viera obligado a convocar a los medios de comunicación y dar cuenta de la “falsedad” de la Sábana Santa, sobre la base de un simple telegrama en el que le comunicaban los resultados. Fue tal la campaña internacional acusando a la Sábana de ser una simple “falsificación de la Edad Media”, que el objeto arqueológico más estudiado de todos los tiempos, sobre el que docenas y docenas de investigaciones indicaban casi con un cien por cien de probabilidad que la Síndone era auténtica, quedó dementido mediante un sencillo telegrama (el informe se publicó medio año después, el 16 de febrero de 1989, en la revista “Nature”).

Naturalmente, los científicos que llevaron a cabo la datación con el Carbono 14 han sido invitados a los diversos Congresos internacionales y Simposios, pero no han asistido jamás, excepto al Congreso de septiembre de 1989 celebrado en París. Acosados por las críticas de los científicos y sin respuestas válidas (Loring, Vídeo citado), Tite, el coordinador general, escribió el 14 de septiembre la siguiente carta: “Querido profesor Gonella. Tras el reciente congreso de París, le escribo para recordarle que yo tampoco considero el resultado de la datación del Sudario de Turín como una demostración de que sea falso. Como usted subrayó correctamente, la calificación de falso envuelve una deliberada intención de engañar; mientras que la fecha del examen radiocarbónico no ofrece, claramente, ninguna evidencia a favor de esta tesis. Yo mismo quise evitar el uso de la palabra falso, pero me temo que la referencia al Sudario con ese término haya tenido su origen en los numerosos artículos periodísticos escritos a raíz de las entrevistas que yo concedí. Tengo sólo que pedirle me excuse una vez más por todos los problemas que esos artículos han producido, a usted y a los demás de Turín”.

En resumen, no cabe duda que, desde el descubrimiento del método del Carbono 14, a ningún científico se le ha imputado tantas faltas concretas de ética profesional como a los de estos tres laboratorios sin que hayan dado respuesta alguna ni publicado un solo artículo o hecho alguna declaración en defensa de su proceder “científico”. Y asimismo, pocas veces a lo largo de este siglo se ha visto, por parte de la casi totalidad de los medios de comunicación, un interés mayor por comunicar que “la Sábana Santa es falsa”, en el sentido de que ello plantea serias dudas contra la Fe o contra la honradez de la jerarquía eclesiástica.

Este hecho confirma una vez más la hipótesis mantenida a lo largo del presente libro: la Sábana Santa constituye un motivo de credibilidad de tal fuerza que enfrenta al que la conoce con la veracidad de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, confirmando la autenticidad de los Evangelios y doctrina cristianos que se revelan verdaderos.

Se dice esto porque puede imaginar el lector lo que los medios de comunicación hubieran dicho si se tratara del lienzo sepulcral, por ejemplo, de Tuthankhamen (con la leyenda que le rodea).

Los medios de comunicación hubieran puesto de relieve, la inadecuación de la aplicación del método del Carbono 14 a un lienzo que, como el de la Síndone, ha sufrido, a lo largo de los siglos tantas y tan variadas vicisitudes, al punto que los científicos consideran que, con un alto grado de probabilidad, podrían haber alterado la composición química del carbono contenido en ella.

Aparte del incendio de Chambéry ya aludido, la Síndone ha padecido al menos otro incendio que dejó sus huellas en forma de pequeñas chamuscaduras. Pero tomando en consideración exclusivamente el de Chambéry, no se olvide que la tela soportó temperaturas muy altas que llegaron a fundir la plata de la caja que la contenía, quemándola en buena parte. Para apagarla, fue empapada en agua casi toda ella, agua que arrastró consigo partículas carbonosas (no digamos, si es verdad lo que relata un cronista del siglo XVI: “Con objeto de comprobar si era la Sábana Santa auténtica, se la hirvió en aceite, se la pasó por el fuego, se la lavó y se la frotó varias veces, pero no se pudo borrar la figura”).

Además, la Síndone, ha permanecido expuesta durante centenares de horas al aire libre, tal vez a los rayos directos del sol, y de todos es sabido el fuerte efecto que causa la luz solar, aun difusa, sobre el lino. Otras muchas veces ha estado extendida durante horas e incluso días en iglesias húmedas y frías,, en locales cerrados ocupados por multitudes de fieles (por tanto, en ambientes cargados de dióxido de carbono) y en la cercanía de filas de cirios encendidos, con la consiguiente producción de humos. Ha sido tocada por centenares de manos que la han doblado y desdoblado…manos que en ocasiones, bien podrían haber estado algo sudorosas. Ha sido puesta en contacto con enfermos para obtener su curación y acariciada y besada, posiblemente millares de veces…En pocas palabras, se calcula que la materia extraña que se ha incorporado al tejido de la Síndone constituye del 10 al 15 por 100 de su peso. (P. Solé, “La Sábana Santa de Turín”).

Además, los medios de comunicación habrían avalado las anteriores informaciones con las declaraciones del propio Libby, el descubridor del método del Carbono 14 por el que le dieron Premio Nobel. Libby declaró en su día: “No puede aplicarse la prueba del Carbono 14 a la Síndone de Turín. Los resultados necesariamente serían falsos”.

Y no sólo esto. Los medios de comunicación ridiculizarían los resultados del método del C-14: habrían recordado, por ejemplo, la datación de aquellos árboles vivos, situados en una de las autopistas que llevan a Roma y que el C-14 determinó que dichos árboles habían muerto hacía cientos de años: o habrían reproducido, la noticia publicada en la revista “SCIENCE”, en diciembre de 1988, según la cual el C-14 había datado unos caracoles vivos con 26.000 años de antigüedad, esto es, como si estos caracoles hubieran muerto hace 260 siglos.

Asimismo, los medios de comunicación habrían echado en cara al laboratorio de Tucson, que intervino en el proceso de datación de la Síndone, que a un mantel actual, le habían dictaminado una antigüedad de centenares de años, es decir, que el lino con el que se tejió el mantel fue cortado hace varios siglos. Y al de Zurcí, que igualmente fue uno de los tres laboratorios que dató la Síndone, que en sus análisis de un cuerpo vikingo determinó que el animal del que procedía dicho cuerno moriría el año 2.006 despues de Cristo. A mayor abundamiento, hubieran puesto de relieve la fuerte relativización que de los resultados del C-14 hacen los arqueólogos.

Sin embargo, los medios de comunicación se habrían equivocado en gran medida, porque desde los tiempos de Libby han mejorado muchísimo los procedimientos de limpieza de los objetos a los que se va a someter a la prueba del C-14; y si bien existen errores, lo cierto es que el método del C-14 está muy contrastado y aunque los arqueólogos relativicen sus resultados, el C-14, con frecuencia, constituye uno de los datos significativos en la datación de un objeto.

Quizá el lector no comparta el ejercicio de futuribles que acaba de hacerse. Su objeto es poner de relive que el descubrimiento de huellas en el lienzo mortuorio de Tuthankhamen, al no comprometer el comportamiento interior de las personas, sí constituiría una noticia apasionante. En el caso de la Sábana Santa, también resulta la noticia interesante, pero al implicar la necesaria admisión de la realidad sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, que dijo que era el Hijo de Dios, el compromiso que supone para la orientación de la propia vida según el mensaje cristiano tiene un carácter radical.

El Doctor Ingeniero Agrónomo y Doctor en Teología, Manuel Ordeig, publicó, en el número 299 de Abril de 1990 de la revita “Palabra”, el artículo mas ponderado y sugerente sobre la prueba del C-14 aplicada a la Sábana Santa. He aquí algunos de sus párrafos.

LA INTERPRETACIÓN DE LOS ANÁLISIS DEL CARBONO 14

Se impone una valoración de esos análisis y de sus resultados: de los análisis tomados en sí mismos, y de su relación con los demás datos conocidos sobre la Sábana Santa.

Vaya por delante que el análisis del Carbono14, en un estudio arqueológico, es un dato más; en absoluto apodíctico. En un estudio científico serio todos los datos son importantes. Nunca se rechaza un resultado, ni se acepta otro, sin un proceso crítico de su validez. En el caso de la Sábana Santa, muchos han aceptado sin crítica el resultado del Carbono 14, olvidándose de los demás datos –también científicos- de que se dispone para contrastarlo. Por desgracia, también hay personas que descartan apriorísticamente el resultado del Carbono 14, simplemente porque no les gusta; y eso tampoco es lícito.

Según el argumento de un especialista (Michael Winter, “Fiabilité de datations par le C-14”, en “Les Nouvelles du Ceshe”, febr. 84), “en la práctica, los resultados (del C-14) son tan dispersos que muchos de ellos no son hechos públicos. Si una fecha resultante del C-14 confirma nuestras teorías, la introducimos en el texto de nuestra tesis. Si no es más que parcialmente contradictoria, la relegamos a una nota. Si difiere del todo de la tesis defendida, la relegamos completamente”.

Esto quiere decir, que, además del C-14, en todo proyecto arqueológico es necesario contar con otras referencias cronológicas que contrasten sus resultados. “Una datación aislada del contexto arqueológico no es suficiente para definir la edad de un objeto” (Marie-Claire van Oosterwyck-Gastuche: congreso de París, septiembre 1989). Ningún arqueólogo serio, pues, acepta como un dato de fe los resultados del C-14, especialmente si contradice a otras dataciones a que pueda someter su investigación. Naturalmente, tampoco los ignora por el hecho de que contrasten: le plantean un problema y le instan a seguir investigando, hasta llegar a una explicación del por qué de esa aparente divergencia.

Una de las cosas que más sorprende en el artículo de “Nature” es la ignorancia que muestra respecto a todas las demás investigaciones llevadas a cabo sobre la Síndone. Parece que nadie hubiese dicho nada sobre ese lienzo hasta 1988. En la bibliografía que citan, no hay más que una obra sobre la Sábana Santa; bastante incompleta, por cierto. Es más, llegaron al extremo de no permitir que ningún otro investigador, conocedor de cuestiones sindonológicas, asistiese a sus análisis y pruebas; y se negaron rotundamente a un estudio interdisciplinar de los resultados.

Esta actitud ha provocado, lógicamente, que muchos investigadores del Sudario estén dolidos y algo resentidos. Y también es lógico que, aquella actitud, lleve consigo una cierta desconfianza, al menos hacia las intenciones de quienes realizaron los análisis.

RESULTADOS A-CRITICOS

El inconveniente más serio que puede ponerse para aceptar lo que dice el citado artículo de “Nature”, es quizá que se trata de una exposición a-crítica de los resultados del Carbono-14. El Dr. Tite, en efecto, se reduce a efectuar un estudio simplemente estadístico de los resultados obtenidos por los tres laboratorios: una catalogación de los doce datos de edad.

Por su parte, el Centro Español de Sindonología que ha mantenido rigurosamente informados a sus miembros de las noticias que a partir de la prueba del C-14 se han ido produciendo, facilitó el año 1992 una información que supone el principio de la “rectificación de la edad de la Sábana Santa sobre la base del mismo Carbono-14”. He aquí, con algunas modificaciones y añadidos, varios párrafos de la apasionante información del número 7 de la revista “Linteum”, editada por dicho Centro:

Como es sabido, en 1988, tres laboratorios (Oxford, Zurcí y Arizona) analizaron respectivos fragmentos de lino de la Sábana Santa; los resultados de la proporción de C-14 hallado en sus fibras, permitía deducir que la Síndone tenía una edad de unos 700 años, lo que situaba la edad de su fabricación en torno al año 1300.

Desde el primer momento, los científicos conocedores de la Síndone, que la habían sometido con anterioridad a otros análisis, dudaron de la validez de la datación realizada con el método del C-14. Sus objeciones estaban basadas en los datos publicados en diversas revistas científicas sobre la desconcertante naturaleza de la huella sindónica absolutamente incompatible con ninguna falsificación medieval. Ahora, Jean Baptiste Rinaudo, investigador de medicina nuclear en Montpellier, ha desarrollado una teoría según la cual el mecanismo de formación de la imagen podría haber falseado los resultados de las pruebas de C-14.

El mayor enigma de la Sábana Santa es, sin duda, el origen de las huellas que contiene. En la Síndone está “retratada” la imagen de un hombre crucificado, coronado de espinas y alanceado, cuyo análisis coincide con las descripciones de la Pasión de Jesucristo que hacen los Evangelios. Sin embargo, nadie ha podido saber cómo se produjeron esas impresiones. Los estudios realizados a finales de los años 70 por miembros del equipo STURP (Shroud of Turín Research Proyect) publicados en diversas revistas científicas, determinaron que dichas huellas: no son dibujo; son son pintura, ni estampado, ni grabado; no están producidas por impregnación o vaporigrafía; no son –como algunos pretenden- huellas termo-oxidantes producidas por un relieve de bronce sobrecalentado; no se sabe, en definitiva, qué son y hasta ahora, toda la inmensa capacidad científica del siglo XX ha sido insuficiente para reproducir un efecto semejante en otra tela de lino. Más de un investigador ha calificado seriamente estas huellas como UNO DE LOS MAS SORPRENDENTES ENIGMAS DE LA HISTORIA.

Muy recientemente, sin embargo, J.B. Rinaudo, ha logrado producir una huella sobre una tela de lino, de alguna manera similar a la imagen de la Sábana Santa. Las huellas sindónicas están formadas por una ligerísima oxidación y deshidratación de las microfibrillas más superficiales del hilo que forma el tejido de la Sábana Santa. Cada hilo de lino, parecido a un hilo común, está formado en realidad por algunos centenares de fibrillas de lino, entrelazadas con las siguientes para dar continuidad al hilo. Las huellas de la Síndone afectan exclusivamente a las microfibrillas más superficiales de cada hilo: sólo una centésima parte del grosor del hilo de lino está alterado; y no porque “tenga” nada (pintura, etc.), sino porque le han “quitado” un poco de agua y se han oxidado algunos de los componentes celulares del lino. Esta huella, tan característica y tan insólita –no se conoce otra igual en el mundo- , ha sido reproducida en sus características esenciales por el citado investigador francés.

Rinaudo sobre la base de que, bajo los efectos de una fuente de energía, el hidrógeno pesado (deuterio) libera un protón y un neutrón ha constatado que ese protón, fuertemente energético, es capaz de degradar el lino produciendo una huella en cierta medida análoga a la de la Sábana Santa.

Además de esta huella, hay un segundo efecto tremendamente importante para la datación de la fecha de la Síndone. El neutrón que se desprende junto con el protón, choca con núcleos atómicos de Carbono, transformándolos en Carbono-14 y enriqueciendo así el tanto por ciento de C-14 en el conjunto de lino. Al aumentar la proporción de C-14 en la tela, ésta parece más “joven” (es decir, más rica en C-14) de lo que debería ser, si fuese del siglo I. De hecho, descontado este efecto de enriquecimiento en C-14, de los resultados dados por los laboratorios que analizaron la Síndone, ésta podría ser –con una aproximación relativa- algo anterior al siglo I.

La acción de los protones sobre el lino para formar la imagen, ha sido comprobada en un acelerador de partículas de Grenoble (Francia). A la vez, en Lyon (Francia) se ha demostrado y medido el enriquecimiento en C-14, que produce ese bombardeo nuclear.

Rinaudo consiguió reproducir en unas fibrillas de hilo oxidaciones similares a las que forman las huellas de la Sábana Santa; bombardeando una tela de lino con rayos alfa procedentes de la desintegración del deuterio. A la vez, esos protones (rayos alfa) iban acompañados de neutrones de baja energía (neutrones térmicos) procedentes del mismo deuterio; éstos produjeron un enriquecimiento en Carbono 14 de lino. Si esa hipótesis de formación de las huellas de la Síndone fuera cierta, a la vez que la mancha por oxidación , explicaría el falseamiento aparente de la edad del lienzo; ya que, al enriquecerse en C 14, el lino aparecería como más “joven” de lo que es en realidad…

Según J.B. Rinaudo, cuando explica sus investigaciones y las aplica a la Síndone de Turín, “todo sucede como si esa radiación hubiera sido finamente dosificada. En efecto, si hubiera habido demasiada energía y, en consecuencia, demasiados protones, la imagen hubiera resultado excesivamente oscura. Si, por el contrario, la energía hubiera sido escasa, la imagen hubiese sido poco contrastada y por tanto ilegible. “ Es exactamente como si alguno hubiera tenido la intención precisa de provocar la imagen. “

Rinaudo comparó este fenómeno con el origen del universo (el famoso Big Bang), donde también es necesario admitir una enorme y desconocida fuente de energía; también extremadamente dosificada. En ambos se llega a un punto de interrogación.

Los análisis del C 14 efectuados el 1 de mayo de ese mismo año sobre los fragmentos de lino de Rinaudo, dieron a éste la razón en cuanto al enriquecimiento en C-14: un 102% de aumento del nivel de C-14. Precisamente el necesario para convertir un lienzo del siglo I en una tela aparentemente del siglo XIII. Con esto no se ha dicho todo, pero se confirma la intuición de Rinaudo de que estamos en el buen camino.

Naturalmente, queda sin explicación científica de cuál fue la fuente de energía NUCLEAR que, hace XX siglos pudo bombardear la Sábana de lino e imprimir en ella esos cambios.

Quedará siempre como un misterio, sin embargo, la identidad de aquel cadáver que pudo EMITIR UNA ENERGIA DE TIPO NUCLEAR, BREVISIMA, INTENSÍSIMA Y PERFECTAMENTE AJUSTADA AL EFECTO DE DEJARNOS EN EL LIENZO LAS HUELLAS DE SU CUERPO

¿LA HUELLA MATERIAL DE UNA RESURRECCIÓN?

– Doctor, está en peligro. Salga deprisa por la puerta de atrás- susurró uno de sus devotos ayudantes.
El doctor Yves Delage, médico de fama internacional, director del laboratorio Roscoff, activo militante en las filas ateo-racionalistas, interrumpió su conferencia y miró estupefacto la agresiva, congestionada y vociferante multitud de sus correligionarios en el ideal ateo y en el progresismo científico. Le acusaban de traición y numerosos puños empezaron a levantarse amenazadores.

– Por favor, doctor, ya lo recogeré yo todo. Usted váyase cuanto antes- urgió de nuevo suplicante su colaborador.

Yves Delage comprendió que tenía razón e inició su retroceso del estrado hacia la puerta trasera. Le interceptó el Secretario de la Academia, la cara desencajada y la voz alterada y chillona:
– Monsieur Delage, asumo la responsabilidad personal de que en las Actas de esta Ilustrísima Academia no quede constancia del nombre que usted ha pronunciado relacionándolo con la tela de Turín.

Delage no daba crédito a lo que oía y veía. Entre la mayor parte de los miembros de la Académie des Sciences existía una vinculación muy especial, como suele ocurrir con todos los que comparten un mismo ideal, sobre todo si éste es minoritario. Y la verdad era que todavía en 1902 el ideal de un ateísmo activo y militante, considerado como fuente inagotable de un constante progreso material, científico y liberador, sólo era compartido por algunas minorías muy cualificadas de Europa y América. En efecto, la creencia de que en la medida en la que el pueblo se fuera liberando de su fe religiosa se produciría un imparable desarrollo científico, bienestar material y libertad ciudadana, la compartían y luchaban por ella sólo reducidos grupos de intelectuales, artistas y hombres de negocios.

Pero lo que no cabía en la cabeza de Delage era la reacción de sus correligionarios frente a lo que acababa de exponer en su conferencia; porque muchas veces había comentado con ellos la diferencia entre su mentalidad atea y racionalista, tolerante, comprensiva, abierta a cualquier idea o progreso del signo que fuere, frente a la mentalidad católica, dogmática, intolerante, aferrada a formas inquisitoriales y reaccionarias. Y sin embargo, ahora, estaban allí, sus propios compañeros de lucha por ese sublime ideal en que para él consistía el ateísmo liberador, antidogmático y racionalista, insultándole, amenazándole, acusándole de traidor, porque al exponer los resultados de una de las investigaciones más exhaustivas llevadas a cabo en su vida de científico, había dejado constancia de la autenticidad del lienzo de Turín, y asimismo de que las características que aparecían en la figura de este lienzo coincidían con las del personaje histórico llamada JESUS DE NAZARETH.

!Qué diferencia! Hacía apenas dos horas, al entrar en la Academia, oyó decir al propio Secretario con entusiasmo desbordante: «Doctor, esto es un éxito, todo está abarrotado, ya no cabe ni un alfiler». Y en efecto, cuando él empezó a hablar se hizo un silencio expectante. Fue al pronunciar la primera vez el nombre de Jesús de Nazareth cuando empezaron los murmullos. Después fueron los gritos, el pateo, y ahora tenía que salir con rapidez para evitar alguna agresión personal.

Recordó la expectación que se produjo cuando la opinión pública supo que Yves Delage se había hecho cargo de la investigación de la Síndone de Turín. Muchos pensaron que por fin se iba a desenmascarar esta última superchería de la Iglesia Católica, destinada a engañar, una vez más, al pueblo llano y sencillo, tan propenso a creer fantasías extraordinarias y maravillosas. Sorprendentemente ocurrió lo contrario. Yves Delage con la honestidad profesional y personal que le caracterizó toda su vida, expuso con sencillez y contundente rigor científico los resultados de su larga y penosa investigación. En resumen sus conclusiones podían sintetizarse en la afirmación de que la Síndone de Turín no era una falsificación, y que las características de la figura del hombre crucificado, tal como aparecían en el lienzo, correspondían a las de JESUS DE NAZARETH.

Yves Delage decidió repasar de nuevo lo que había expuesto en la Academia. Antes de empezar a examinarlo un pensamiento se fue abriendo paso con fuerza en su lúcida mente: ‘existía una gran mayoría de personas para las que la afirmación de que la llamada Sábana Santa era auténtica, comportaba, se quisiera o no, un planteamiento religioso, la veracidad de la religión cristiana, y eso es lo que no podían admitir’.

Miró ávidamente las fotografías con la figura del hombre crucificado, y observó, en primer lugar, la sangrante cabeza. No cabía duda de que a aquel hombre le habían clavado, no una corona de espinas en forma de aro, sin un auténtico casquete o capacete espinoso que le cubría la cabeza. Sobre todo la nuca estaba especialmente dañada, tal como tenía que ocurrir en un hombre muerto en cruz con un a modo de yelmo de ramas espinosas encasquetado en la cabeza. El crucificado muere por asfixia. No puede espirar, expeler el aire de sus pulmones e inspirar un poco de aire puro. Para lograrlo, debe apoyarse sobre el clavo que sujeta sus pies al madero e intentar elevarse con la fuerza de los músculos agarrotados y acalambrados de las piernas, a la vez que echa compulsivamente la cabeza hacia atrás, con objeto de expulsar una bocanada del aire viciado de sus pulmones. Y en este alzarse y dejarse caer echando la cabeza hacia atrás, se clavan cada vez más las espinas, los calambres musculares aumentan, se produce una tetanización en la que, agotadas las fueras y entre atroces dolores, el crucificado muere.

Al llegar aquí la sensibilidad de Delage se conmovió. Con motivo de su investigación sobre la Sábana Santa, había leído todo lo que cayó en sus manos sobre las ejecuciones romanas, y reconocía que los escritores de aquel tiempo, desde Cicerón a Séneca, no exageraban cuando describían, con un sentimiento mezcla de horror y piedad, que el crucificado «…muere en cada respiración, gota a gota, miembro a miembro…»

Además, la manera con la que los soldados romanos acostumbraban a llevar al cruciarius o patibulatus a la muerte también explicaba que la corona de ramas espinosas hubiera herido más profundamente la nuca. En efecto, el sentenciado a muerte de cruz, cargaba hasta el lugar del suplicio únicamente con el patibulum, esto es, con el madero transversal.

Esta forma de ir atado al cruciarius le dejaba indefenso ante las posibles caídas, que sólo podía amortiguar, bien con las rodillas, bien con el rostro. En todo caso, cada vez que caía al suelo, el madero transversal atado a los brazos y hombros golpeaba la nuca del condenado.

Yves Delage comprobó de nuevo, conforme a lo establecido por las disposiciones romanas respecto de la forma de llevar el cruciarius el madero transversal hasta el lugar del suplicio, que las rodillas del hombre de la Sábana Santa estaban horriblemente desolladas y el rostro tumefacto y herido, como consecuencia de algunas caídas en las que lógicamente, al estar atadas las manos y los brazos en forma de cruz a un pesado madero, eran las rodillas y la propia cara del condenado las que soportaban los golpes contra el suelo.

Le llamó la atención LA BARBA, que aparecía parcialmente ARRANCADA, y volvió a recordar la profecía de Isaías que había leído, como tantos otros pasajes de la Biblia, mientras llevaba a cabo la investigación. Isaías, muchos siglos antes del nacimiento de Jesús de Nazareth, hablando del Mesías, del Hijo de Dios, profetizó en el versículo 6 del capítulo 50 de su libro: «Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que ARRANCABAN MI BARBA; no hurté mi rostro a los ultrajes ni a los salivazos».

De entre todas las docenas y docenas de heridas, llagas y tumefacciones que cubrían el cuerpo del hombre de la Síndone, la más llamativa era, sin duda, la del costado derecho. La enorme masa de sangre que había fluido presentaba una característica sorprendente: unas manchas blancas se alternaban con las oscuro-rojizas de la sangre. Delage volvió a coger la lupa y la aplicó una vez más en la herida. Resultaba evidente que la incisión se produjo después de la muerte del hombre, entre el quinto y el sector espacio intercostal y desgarró el corazón, cuya aurícula derecha como ocurre en los cadáveres recientes estaba llena de sangre.

Delage se quedó en suspenso al contemplar la sangre que invadía las dos muñecas del hombre de la Síndone, al parecer producto de una perforación de las mismas. Recordó que durante su investigación fueron muchos los que le argumentaron que el cadáver de la Sábana no podía ser Jesucristo, porque a Jesús le traspasaron las manos, no las muñecas. La fuerza con que estas personas le pusieron de relieve este hecho, con el deseo de que apartara de su consideración cualquier referencia a Jesús de Nazareth, le llamó la atención, porque todos los médicos de todos los tiempos incluyen en la mano el carpo o muñeca, el metacarpo o palma de la mano y los dedos con sus tres huesos o falanges. La verdad es que resultaba mucho más lógico, desde el punto de vista anatómico, que al crucificado le hubieran introducido los clavos entre los huesos metacarpianos que no en las palmas de las manos donde era muy posible que se produjera con facilidad un desgarro de los tejidos con lo que el condenado se desprendería de la cruz.

Delage se recostó en el sillón y miró el conjunto de la fotografía. Tomó la Biblia que tanto había manejado durante su investigación y algunos de sus pasajes le resultaban familiares. El hombre de la Sábana Santa, horriblemente torturado desde la cabeza hasta los pies, constituía la reproducción casi exacta del «varón de dolores», del Mesías profetizado por Isaías casi mil años antes de que muriera Jesús de Nazareth. Leyó el final del capítulo 52 referido al Siervo de Yahwéh: «…ante él se pasmaron / tan desfigurado estaba su aspecto / que no parecía ser de hombre /…» Continuó con el principio del capítulo 53 también referido al Siervo de Yahwéh, al Mesías: «…No hay en él parecer / no hay hermosura para que le miremos / ni apariencia para que en él nos complazcamos. / Despreciado y abandonado de los hombres / varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento / y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le tengamos en cuenta».

El resto del capítulo del libro de Isaías parecía recoger lo que expresaba el rostro de la Síndone: ningún deseo de venganza, ningún sentimiento de odio o rencor por parte del crucificado, sino por el contrario la expresión de la paz y el amor; la manifestación del triunfo, del dominio y señorío sobre el dolor y la muerte.

¿UN RETO A LA CIENCIA?

La Sábana Santa no es materia de fe, simplemente porque Dios no ha revelado nada sobre ella.  Por lo tanto, el creyente puede creer o no creer en la Sábana Santa con absoluta libertad.  La Sábana Santa es una reliquia, un documento histórico, un objeto científico y la fe no se fundamenta sobre objetos sino sobre la palabra de Dios.

Lo que pasa es que la ciencia dice de este objeto cosas impresionantes, pero es la ciencia la que lo dice, no el Evangelio.

Y así, la ciencia dice: El Lienzo de Turín es el único, hasta ahora, que tiene impresa la figura de un crucificado del siglo I que fue, además, coronado de espinas, golpeado, azotado, alanceado después de muerto y enterrado deprisa.

Y el creyente abre el Evangelio y dice : ¡caramba!, pues todo eso le pasó a Jesús.  ¿Qué probabilidades habrá de que fuera Jesús?  Y los matemáticos le aseguran 5.000 trillones a favor y una en contra.  (Esta cifra que reproduce el Dr. Molina corresponde a los cálculos del profesor Filas y, como puede comprobar el lector, es muy superior a la de Zeuli y Barberis citada en el capítulo V ¿Es Jesús de Nazaret u otro hombre?”)

Y la ciencia sigue diciendo: en el momento en que se grabó la huella, desapareció el cuerpo, el lienzo estaba horizontal e inmóvil y había un pañuelo alrededor de la cabeza.

Y el creyente abre el evangelio y dice: ¡caramba!, pues todo eso es lo que dijeron también San Lucas y San Juan, que no disponían del VP8.

Y la ciencia sigue diciendo: ese cadáver; antes de iniciar la putrefacción, en un determinado instante, emitió una radiación, una energía desconocidaque duró milésimas de segundo, como un fogonazo.  Durante un instante, el cuerpo dejó de pesar y desapareció ¡sin que se afectara la Sábana que lo cubría, que siguió horizontal e inmóvil!  O sea, que para ese cuerpo no existía la ley de la gravedad (puesto que no pesaba), ni la ley de la impenetrabilidad (puesto que atravesaba los lienzos).  Luego había cambiado de naturaleza: a partir de ese instante ya no es el que era.

Y el creyente abre el evangelio y dice: ¡caramba!, pues aquí dice que Jesús en seis ocasiones distintas, y en pleno triunfo apostólico, anunció que tenía que sufrir una Pasión terrible, pero que al tercer día resucitaría.

Y el evangelio dice también que, después de resucitado, se apareció varias veces siendo él mismo, pero con un cuerpo distinto.

La pregunta del creyente cae, como la manzana de Newton, por su propio peso: y estos hechos raros que encuentra la ciencia en este cadáver ¿no pudiera ser que significaran la transformación gloriosa de ese cuerpo al resucitar?

Naturalmente que pensar asi no deja de ser atrevido, porque la ciencia no habla de resurrección ni de cuerpo glorioso, pero fijaos bien: la ciencia no habla de Sábana Santa, dice Sábana de Turín, sin meterse en si es santa o pecadora; la ciencia no habla de resurrección, dice que el cuerpo de un cadáver, en un instante infinitesimal, desapareció; la ciencia no habla de cuerpo glorioso, dice que este cuerpo se puso radiante, dejó de pesar y escapó, a través de los lienzos, como algo insustancial, sin meterse en si la transformación de naturaleza de ese cuerpo fue gloriosa o mundana; la ciencia no dice que aquel cadáver fuera el de Jesús (podría no serlo), pero los matemáticos afirman que existen 5.000 trillones de probabilidades contra una de que lo sea.

A un cuerpo etéreo, insustancial, que escapa a las leyes físicas de la gravedad e impenetrabilidad, yo no sé cómo lo llamarán los científicos: los creyentes lo llamamos glorioso, pero, en todo caso, científicos y creyentes, con expresiones distintas, a lo mejor estamos definiendo la misma cosa.

Las huellas negativas tridimensionales debidas a la radiación serian huellas de la Resurrección Gloriosa de Cristo.

Viene aquí bien repasar lo que ya se ha dicho, acerca del número de probabilidades de que el Hombre de la Sábana fuera Jesús.

Todos los cálculos fueron hechos teniendo en cuenta que el hombre cubierto con el lienzo de Turín:

  1. fue coronado de espinas…como a Jesús
  2. fue azotado atrozmente…como a Jesús
  3. fue golpeado en la cara…como a Jesús
  4. fue crucificado con clavos…como a Jesús
  5. No le partieron las piernas…como en el caso de Jesús
  6. Le abrieron el costado…como a Jesús
  7. fue amortajado en un lienzo…como a Jesús
  8. este lienzo resultó sin mancha de descomposición o putrefacción…como el de Jesús
  9. fue enterrado provisionalmente…como Jesús
  10.  etc…

En cada uno de estos supuestos nos preguntamos ¿a cuántos crucificados les pondrían corona? ¿a cuántos los enterrarían en un lienzo?

Pues bien, usando sólo estos datos ya veíamos el número astronómico que resultaba. Pero, ahora, a estos números, hay que añadir un nuevo factor: estas huellas tridimensionales indican que el Hombre de la Sábana resucitó.  ¿Cuántos crucificados resucitaron? Poned vosotros el número que queráis y multiplicad por las cifras que manejábamos antes y os daréis cuenta de que el número de probabilidades es ya de una certeza que dudo haya otro personaje en la historia mejor tipificado.

Y así debió ser, porque, si Cristo no hubiera resucitado, no habría esas imágenes en la Sábana Santa: no podría haberlas.  Podría haber manchas de sangre o sudor, o saliva, pero una imágenes en relieve, tan uniformes, impresas en negativo las del cuerpo y unas fotos en positivo de la sangre eso nunca se hubiera logrado.

Bueno, todo esto es tan asombroso que se queda uno con la boca abierta, pero aunque extraordinario, esto no es ciencia-ficción, ni elucubraciones imaginativas.  Son deducciones lógicas de unos hechos científicos plenamente demostrados, interpretados a la luz de la fe, por personas creyentes.

Merecen un gran respeto todos los que, adoptando una actitud honrada ante la vida y ante la ciencia no creen en lo sobrenatural: por lo que sea, pero se esfuerzan por buscar la verdad.

Cuando, buscando esa verdad, prescinden del Evangelio y acuden a la ciencia para que ésta les explique los fenómenos científicos que hay en el Lienzo de Turín, se sienten bastante inquietos, porque la ciencia les dice:

El Lienzo de Turín es un caso raro y único en el mundo, pues tiene unas figuras, que no hemos podido explicar hasta ahora por causas naturales.  Y hoy no podemos dar respuesta lógica cuando nos preguntan:

– Por qué se grabaron unas imágenes fotográficas en un lienzo, 18 siglos antes de inventarse la fotografía?

– Por qué esa impresión se realizó en negativo, sabiendo que los negativos no pueden ser de hechura humana?

– Por qué es el único lienzo en el mundo con la imagen en negativo de la totalidad de un cuerpo humano?

– Por qué nunca se ha conseguido que un cadáver produzca huellas parecidas en miles de experimentos con todos los medios de la ciencia actual? (las huellas conseguidas por Rinaudo en 1993 son de objetos, en el laboratorio y usando una fuente de energía externa).

– Por qué esas imágenes coinciden exactamente con la Pasión de Jesús?

– Por qué coinciden exactamente con el entierro provisional de Jesús?

– Por qué un lienzo, que tiene impresa la figura de un cadáver, no tiene la menor mancha de descomposición cadavérica?

– Por qué es la única fotografía humana en un lienzo con imágenes tridimensionales perfectas?

– Por qué, al escaparse el cuerpo, no alteró la posición de la Sábana ni del sudario?

– Por qué no se destrozaron las manchas de sangre al escapar?

– Por qué está grabada toda la imagen de una manera tan uniforme, cuando lo lógico es que estuvieran más marcadas las huellas del dorso?

– Por qué las manchas de sangre se imprimieron en forma distinta a las huellas del cuerpo?

– Por qué se imprimieron en un lienzo las inscripciones de unas monedas romanas?

– Por qué las huellas del cuerpo, de la sangre y de las monedas están intactas, después de sufrir baño de agua hirviendo y fuego que funde la plata?

– Por qué el cadáver cubierto con el Lienzo de Turín emitió, en un instante, una energía capaz de chamuscarlo?

– Por qué, durante esa incandescencia, el cuerpo dejó de pesar?

– Por qué, en ese instante, desapareció el cuerpo al mismo tiempo que imprimió la huella?

Son diecisiete porqués científicos que nos plantea la Sábana Santa y ninguno de ellos explicables por causas naturales.

Estos diecisiete porqués inexplicables por causas naturales, se pueden explicar todos por una causa sobrenatural: La Resurrección de Cristo.

Hagamos la prueba:

– Se grabaron esas imágenes fotográficas en un lienzo, antes de inventarse la fotografía por ésta no se hizo con una cámara moderna, sino mediante la radiación emitida por la Resurrección.

– Esa impresión se realizó en negativo porque así son las imágenes grabadas por la radiación.

– Es el único lienzo con la imagen en negativo de todo un cuerpo, porque es la única resurrección efectuada en el mundo en esas circunstancias.

– Nunca un cadáver ha producido huellas asi, porque nunca se podrá reproducir, experimentalmente, una resurrección.

– Coinciden con la Pasión de Jesús, porque el retratado y resucitado es JESÚS.

– Coinciden con un entierro provisional, porque no hay duda de que así fue el entierro de Jesús

Es la única imagen humana que aparece tridimensional en la pantalla del VP8  porque este lienzo recibió la radiación de la única Resurrección Gloriosa conocida.  Para que se entienda mejor:  Cualquier FOTOGRAFIA NORMAL DE UN HOMBRE, de una estatua o de un paisaje, ES PLANA Y BIDIMENSIONAL, por lo que se convertirá en una imagen distorsionada y esperpéntica en la pantalla de VP8. Únicamente,  cuando la profundidad es auténtica, cuando debajo de la cámara del VP8 se encuentra el objeto realla estatua, la vasija, la piedra, el rostro, entonces puede verse con absoluta exactitud en sus tres dimensiones.

– Al escaparse el cuerpo no alteró la posición de la Sábana ni del Sudario, porque la Resurrección se hizo con cuerpo glorioso y éste puede atravesar los cuerpos sin modificarlos.  Así se presentó en el Cenáculo, estando las puertas cerradas.  Sin forzarlas, sin violencia.

– No se destrozaron las manchas de sangre al escapar el cuerpo, porque el cuerpo glorioso no se adhiere a las costras de sangre.

– Está grabada toda la imagen tan uniforme porque la Resurrección se hizo en levitación y, en estas circunstancias lo mismo se marcan las huellas del dorso que las delanteras pues no interviene el peso del cuerpo.

– Se imprimieron estas inscripciones por la radiación de la Resurrección.

– Las huellas están intactas, a pesar del fuero y agua, porque no son pintadas sino grabadas por la fuerza de la Resurrección.

– Ese cadáver emitió energía porque la Resurrección pudo ser así: una explosión de energía.

– El cuerpo dejó de pesar por la transformación del cuerpo humano en cuerpo glorioso.

O sea, los diecisiete porqués, que no encontraban explicación por causas naturales, explicados todos por una causa sobrenatural: la Resurrección de Cristo.  Aquí es donde está lo extraordinario de la Sábana Santa.

Pues diecisiete hechos no naturales son diecisiete problemas que la ciencia tiene que explicar, sin haberlo conseguido hasta ahora a pesar de sus esfuerzos.

Autor: Francisco Ansón

Fuente: Libro “La Sábana Santa – últimos hallazgos, 1994

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