Si usted pregunta a un calvinista, presbiteriano, bautista, puritano o cualquier cristiano evangélico de tendencia reformada, si Dios quiere que todos los hombres se salven, por más sorprendente que parezca, no podrá responder afirmativamente.

La razón es que para ellos, es voluntad de Dios que se salven solamente los escogidos, y que el resto sea condenado. Este error parte de la premisa falsa de asumir que si Dios es soberano y quisiera que todos se salven, inevitablemente se salvarían; de lo contrario, esto sería atribuir a Dios cualidades de impotencia al no poder hacer su voluntad.

La expiación limitada

Pero si Dios es amor[1] no se entiende cómo puede no querer la salvación de todos los hombres; sin embargo, para el calvinismo este es un misterio que el hombre no puede comprender porque es un decreto “inescrutable”, “inefable”, “insondable” (lo cual no es sino una forma elegante de responder que no lo saben).

Bajo esta forma de ver las cosas, Cristo no muere por todos los hombres, sino solamente por los escogidos, y a esto llaman “expiación limitada”, “determinada” o “eficaz”. Sobre los predestinados derrama su gracia, y al resto los abandona a su maldad. De este gran misterio afirman que tampoco escapan los niños, por lo que aunque parezca sorprendente, de dos bebés recién nacidos que fallezcan, uno podría ir al cielo, y el otro al infierno. Así lo declara la confesión de Westminster, la cual es una de las más importantes dentro del calvinismo:

“Los niños elegidos que mueren en la infancia, son regenerados y salvados por Cristo por medio del Espíritu, quien obra cuando, donde y como quiere. En la misma condición están todas las personas elegidas que sean incapaces de ser llamadas externamente por el ministerio de la palabra…

Los otros no elegidos, aunque sean llamados por el ministerio de la palabra y tengan algunas de las operaciones comunes del Espíritu, sin embargo nunca vienen verdaderamente a Cristo, y por lo tanto no pueden ser salvos.

Mucho menos pueden los hombres que no profesan la religión cristiana ser salvos de otra manera, aun cuando sean diligentes en ajustar sus vidas a la luz de la naturaleza y a la ley de la religión que profesan; y el afirmar y sostener que lo pueden lograr así, es muy pernicioso y detestable.”[2]

La Escritura sin embargo tiene numerosos textos que se oponen a esta interpretación:

“Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno, y de este testimonio —digo la verdad, no miento— yo he sido constituido heraldo y Apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad.”[3]

“Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.”[4]

“No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión.”[5]

“Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.”[6]

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.”[7]

“Y a aquel que fue hecho inferior a los ángeles por un poco, a Jesús, le vemos coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, pues por la gracia de Dios gustó la muerte para bien de todos.”[8]

“¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado —oráculo del Señor Yahveh— y no más bien en que se convierta de su conducta y viva?”[9]

Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahveh. Convertíos y vivid.”[10]

“Diles: «Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?».”[11]

La gracia “irresistible”

Ahora bien, una de las causas de que el calvinismo haya tomado esta postura aberrante, se debe a su creencia de que la gracia es “irresistible” y que el hombre es un receptor “pasivo” de la gracia. Esta doctrina, que establece que Dios puede vencer toda resistencia a pesar del libre albedrío del hombre, es conocida como “gracia irresistible”. Así, el hombre que se convierte y tiene fe es porque Dios le infundió su gracia y este no tuvo libertad de resistirla, el que no lo hace es porque Dios lo abandonó a su maldad.

Uno de los textos bíblicos favoritos de los calvinistas para apoyar la doctrina de la gracia irresistible es este:

“A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad.”[12]

Partiendo de este texto establecen esta serie de razonamientos:

1) Dios realiza todo conforme a la decisión de su voluntad

2) Hay personas que no son salvas

3) Por tanto, es voluntad de Dios que esas personas no se salven.

4) Si la voluntad de Dios no se cumple sería afirmar que Dios no es soberano ni omnipotente.

De esas cuatro premisas, la primera y la segunda son ciertas, pero la tercera y la cuarta son falsas. Es cierto que Dios realiza todo conforme a su voluntad, pero es también cierto que su voluntad le ha dado al hombre la libertad de elegir.

Un ejemplo lo tenemos en el siguiente texto: “…es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación[13]. Es evidente que hay cristianos que caen en pecados de fornicación a pesar de que no sea la voluntad de Dios, y no por eso hemos de entender que Dios no es omnipotente. Dios permite que hagamos uso y abuso de nuestra libertad para que le amemos libremente, sin menoscabar su omnipotencia.

Otro texto utilizado por los calvinistas es este:

Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día.”[14]

Pero de este texto no se deduce que cada quien pueda perderse a sí mismo, tal como se deduce de otros pasajes de la Biblia:

“Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.”[15]

En ese texto Jesús habla de aquellos que el Padre le ha dado y luego aclara que ninguno se ha perdido EXCEPTO Judas, quien es la excepción porque se pierde por su propia elección.

Un texto similar es este: “Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar de la caridad de Dios, que es en el Ungido, Jesús, Señor nuestro…”[16]. Sería un error interpretar estos textos como lo hacen los calvinistas, que asumen que tampoco nosotros mismos, haciendo uso de nuestra voluntad, podemos apartarnos del amor de Dios.

Otro texto utilizado es este: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero[17]. Se suele objetar que la palabra que el texto griego utiliza para traer es helkuō, que significa “arrastrar con fuerza irresistible”, y colocan como ejemplo otro texto donde se utiliza la misma palabra: “tomando a Pablo, le arrastraron fuera del Templo; y luego las puertas fueron cerradas[18] y “¿No son acaso los ricos los que os oprimen y os arrastran a los tribunales?[19]

Lo cierto es que helkuō significa sí arrastrar, atraer, pero no implica “con fuerza irresistible”. Un ejemplo lo tenemos en Juan 21,6 donde se utiliza la misma palabra:

“Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces.”[20]

Aquí se usa la misma palabra y se ve que no necesariamente implica que algo se arrastre con una fuerza “irresistible”, dado que los discípulos intentaban “arrastrar” (helkuō) la red, y no podían. Así, el hecho de que se intente “arrastrar”, “atraer” (helkuō) algo, no necesariamente implica que se va a mover.

Juan 21,6 puede utilizarse para probar que quien será salvado primero tiene que ser atraído, pero no para probar que todos los que son atraídos se salvarán.

Ciertamente el hombre no puede por sí mismo querer y perseverar en el bien sin ayuda de la gracia (lo contrario sería pelagianismo), pero también es cierto que es libre de dejarse mover por ella o rechazarla.

Que el hombre puede ya sea colaborar con la gracia (dejándose mover) o resistirla, es algo que está claramente revelado en las Escrituras. Esteban, por ejemplo, reprocha a los judíos “resistirse al Espíritu Santo”:

“¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros!”[21]

“Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, el día de la provocación en el desierto, donde me provocaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aun después de haber visto mis obras durante cuarenta años. Por eso me irrité contra esa generación y dije: Andan siempre errados en su corazón; no conocieron mis caminos.”[22]

“¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los Profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido!”[23]

“que bien advertí a vuestros padres el día que les hice subir de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz! Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de su corazón malo. Y así he aplicado contra ellos todos los términos de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron».”[24]

Ante textos como estos, quienes predican la doctrina de la gracia irresistible admiten que esta puede ser parcialmente o temporalmente resistida, pero nunca de manera definitiva. Esto quiere decir que la persona por más endurecido que tenga el corazón, terminará siendo ablandada y finalmente conversa. Lo exponen de la siguiente manera:

Que Dios, en el tiempo, a algunos conceda el don de la fe y a otros no, procede de Su eterno decreto. Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras (Hch. 15,18), y: hace todas las cosas según el designio de su voluntad (Ef. 1,11).

Con arreglo a tal decreto ablanda, por pura gracia, el corazón de los predestinados, por obstinados que sean, y los inclina a creer; mientras que a aquellos que, según Su justo juicio, no son elegidos, los abandona a su maldad y obstinación. Y es aquí donde, estando los hombres en similar condición de perdición, se nos revela esa profunda, misericordiosa e igualmente justa distinción de personas, o decreto de elección y reprobación revelado en la Palabra de Dios. La cual, si bien los hombres perversos, impuros e inconstantes tuercen para su perdición, también da un increíble consuelo a las almas santas y temerosas de Dios.”[25]

Sin embargo, hay numerosos textos bíblicos que muestran que la gracia puede ser resistida de forma definitiva:

“Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno».”[26]

El texto anterior no habla de alguien que no fue “lavado”, sino de alguien lavado que ha vuelto a ensuciarse rechazando y resistiendo la gracia.

La misma idea se mantiene en el capítulo 15 de Juan en la metáfora de la vid, donde se compara a Cristo con una vid y nosotros con sus ramas. Las ramas que se separan de ella dejan de producir fruto para terminar siendo cortadas.

“Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.”[27]

La enseñanza de esta metáfora para los cristianos que ya están unidos a Cristo es muy clara: hay que permanecer unido a Él, o seremos cortados. Pero si la gracia fuera irresistible, ¿cómo podría una rama que estuvo unida a la vid separarse y dejar de producir fruto?

Este y otros textos permiten darse cuenta de que la gracia puede ser resistida, no solamente antes de la justificación, sino después, al punto de caer del estado de gracia y posteriormente condenarse:

“Así pues, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad con los que cayeron, bondad contigo, si es que te mantienes en la bondad; que si no, también tú serás desgajado.”[28]

“Por tanto, es preciso que prestemos mayor atención a lo que hemos oído, para que no nos extraviemos. Pues si la palabra promulgada por medio de los ángeles obtuvo tal firmeza que toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo saldremos absueltos nosotros si descuidamos tan gran salvación? La cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron.”[29]

Quienes creen que la gracia es irresistible, también creen que Dios sólo derrama su gracia sobre los elegidos. Ellos son “atraídos”, y los demás (los no escogidos) no lo son y no reciben la gracia de Dios.

Pero esto también es falso, la Escritura no dice que solamente unos pocos son llamados y que ellos no podrán resistirse a este llamado, sino que “muchos son llamados, mas pocos escogidos[30]. El Apóstol Juan testifica que de la plenitud de Cristo “hemos recibido todos, y gracia por gracia”.[31]

Cristo enseñó que luego de su resurrección atraería a todos hacia él: “y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”. [32]¿De dónde concluir entonces que hay personas que no reciben las gracias suficientes para salvarse?

La parábola de los talentos encierra la misma enseñanza: No hay nadie a quien Dios no dé “talentos”. A unos les da uno, a otros dos y a otros quizá más, pero ninguno puede decir que no recibió de Dios nada.

Colaboración entre la gracia y el libre albedrío

Ciertamente la gracia puede ser resistida, y por eso el Apóstol exhorta a cooperar con ella, no a ser un simple receptor pasivo:

“Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios.”[33]

Así el hombre que se condena no lo hace por haber sido predestinado por ningún decreto inescrutable, sino por su propia elección:

“Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia.”[34]

Si Dios no diera realmente la oportunidad de salvarse a todos los hombres, estaría mintiendo al ponerle delante de sí la vida y la muerte (a la vez que le abandona sabiendo que no podrá salvarse). Pero eso es exactamente la consecuencia de la enseñanza calvinista que sostiene que aquellos que no son predestinados no pueden escoger realmente la vida porque Dios los ha predestinado desde la eternidad a la condenación y no les da oportunidad real de salvarse.

A pesar de todo esto, estos textos no hacen mella al calvinismo, que interpreta esto como que se ve a Dios como un mendigo ineficaz que le falta poder. Un ejemplo de esto lo tenemos en el artículo de Gise J. Van Baren sobre la gracia irresistible:

“La idea de que la muerte de Cristo indudablemente salvará a aquellos por quienes Cristo murió no es una idea popular en nuestros días. Se presenta a Cristo como un mendigo. Él promete; Él ruega; Él amenaza. Pero Él parece no tener poder para llevar a cabo aquello que aparentemente Él anhela mucho el hacer. Uno debería estar inclinado a preguntar: “¿Quién es este Cristo que está así tan obligado a rogar por la cooperación del pecador? …¿Es este el Jesús quien murió en el Calvario, el que así ruega?” Pero tal Jesús es débil; Él es ineficaz y le falta poder. Él está dependiendo completamente de la voluntad del pecador para permitirle a Él entrar al corazón.”

Estos textos nos hablan de un Dios que ha decidido respetar la libertad humana, don irrevocable que Él mismo ha concedido, y del cual el propio Cristo es quien da testimonio:

“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.”[35]

Leer en estos textos que Dios entra al corazón a la fuerza es francamente absurdo. Así, mientras la Escritura nos recuerda una y otra vez que “Dios quiere que todos los hombres se salven[36] los calvinistas han terminado creyendo todo lo contrario.

Notas

  1. 1 Juan 4,16
  2. Confesión de Westminster, 10,3-4.
    Biblioteca de la Iglesia Reformada, http://www.iglesiareformada.com/Confesion_Westminster.html
  3. 1 Timoteo 2,3-7
  4. 1 Juan 2,2
  5. 2 Pedro 3,9
  6. 2 Corintios 5,14-15
  7. Juan 3,16
  8. Hebreos 2,9
  9. Ezequiel 18,23
  10. Ibid., 18,32
  11. Ibid., 33,11
  12. Efesios 1,11
  13. 1 Tesalonicenses 4,3
  14. Juan 6,39
  15. Juan 17,11-12
  16. Romanos 8,38-39
  17. Juan 6,44
  18. Hechos 21,30
  19. Santiago 2,6
  20. Juan 21,6
  21. Hechos 7,51
  22. Hebreos 3,7-10
  23. Mateo 23,37
  24. Jeremías 11,7-8
  25. Cánones de Dort, 1,6.
    http://www.iglesiareformada.com/Canones_de_Dort.html
  26. 2 Pedro 2,21-22
  27. Juan 15,5-6
  28. Romanos 11,22
  29. Hebreos 2,1-3
  30. Mateo 22,14
  31. Juan 1,16
  32. Juan 12,32
  33. 2 Corintios 6,1
  34. Deuteronomio 30,19
  35. Apocalipsis 3,20
  36. 1 Timoteo 2,4