Llamamos “escritores eclesiásticos” a todos aquellos escritores de temas eclesiásticos (doctrina, historia, liturgia, disciplina, etc.) que desarrollaron su actividad en la larga etapa de la Iglesia conocida como época Patrística[1].

Dentro de este grupo de escritores ocupan un lugar especial los llamados “Padres de la Iglesia” los cuales son reconocidos como los más insignes pastores, generalmente obispos, de la Iglesia de los primeros siglos, cuyo conjunto de enseñanzas son considerados el fundamento de la fe y la ortodoxia en la Iglesia.

Para que un escritor eclesiástico fuera considerado Padre de la Iglesia, era necesario que cumpliera cuatro criterios fundamentales, a saber, antigüedad, ortodoxia, santidad y aprobación de la Iglesia. No todos los escritos de los Padres son ortodoxos sino sólo aquellos en los que hay común acuerdo.

Los Padres se distinguen entre griegos (procedentes del Este) y latinos (del Occidente). Generalmente se considera que el último de los Padres latinos es Isidoro de Sevilla (560-636) y el último de los Padres griegos es San Juan Damasceno (675-749). Dentro de los Padres de la Iglesia ocupan a su vez un lugar especial los llamados “padres apostólicos”, los cuales son aquellos escritores cristianos del siglo I o de principios del II que fueron o discípulos directos de los Apóstoles, o de algún otro relacionado especialmente con ellos.

En los distintos capítulos de este libro se encuentran numerosas citas y referencias a los padres de la Iglesia. La razón es que gracias a sus escritos podemos conocer de primera mano el pensamiento de los primeros cristianos, su visión e interpretación de las Escrituras y la Tradición. Dado que algunos de ellos fueron discípulos directos de los Apóstoles y sus sucesores, su opinión sobre los puntos fundamentales de la doctrina cristiana es de capital importancia si queremos remontarnos a los orígenes y fundamentos de la más pura doctrina cristiana.

Al final del presente libro encontrará el lector una muy breve descripción de algunos Padres de la Iglesia, como una referencia de la que pueda servirse a medida que sean citados a lo largo del libro. En caso de necesitar información más detallada, se recomienda consultar la obra del profesor Johannes Quasten Patrología editada por la Biblioteca de Autores Cristianos.

La Didaché o doctrina de los doce Apóstoles

Es uno de los escritos cristianos no-canónicos más antiguos del grupo de los padres apostólicos, considerado anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento. Fue escrito entre el año 65 y 80 e impreso en el año 1883, diez años después de haber sido encontrado en la biblioteca del Monasterio del Santo Sepulcro, en Constantinopla.

Clemente Romano (? – 101 d.C.)

San Clemente Romano fue obispo de Roma y tercer sucesor de San Pedro. En el tiempo de su pontificado tuvo que enfrentar una rebelión ocurrida aproximadamente en el año 96, donde se despojaron de sus ministerios a los presbíteros legítimamente constituidos en la comunidad de Corinto.

Martirio de Policarpo (155 d.C.)

Es una carta perteneciente al grupo de los padres apostólicos de la Iglesia de Esmirna a la comunidad de Filomelio donde se narra el martirio de San Policarpo, discípulo directo del Apóstol San Juan y obispo de Esmirna.

Papías de Hierápolis (69 – 150 d.C.)

Uno de los padres apostólicos canonizado como santo. Nació en el año 69 y murió en el año 150. Según San Ireneo, fue discípulo de San Juan y amigo de San Policarpo.

El Pastor de Hermas (141 – 155 d.C.)

El «Pastor de Hermas» es un libro que fue muy apreciado en la Iglesia primitiva, hasta el punto de que algunos de los Santos Padres llegaron a considerarlo como canónico, esto es, perteneciente al conjunto de la Sagrada Escritura. Sin embargo, gracias al Fragmento Muratoriano (un pergamino del año 180 que recoge la lista de los libros inspirados, descubierto y publicado en el siglo XVIII), sabemos que fue compuesto por un tal Hermas, hermano del Papa Pío I, en la ciudad de Roma; por tanto, entre los años 141 y 155.

Ignacio de Antioquía (? – 107 d.C.)

Discípulo de Pedro y Pablo, segundo obispo de Antioquía y mártir durante el reinado de Trajano aproximadamente en el año 107. Cuando fue condenado a muerte se le ordenó trasladarse desde Siria a Roma para ser martirizado. De camino a Roma escribió siete epístolas dirigidas a las iglesias de Éfeso, Magnesia, Tralles, Filadelfia, Esmirna, Roma y una carta a San Policarpo.

Justino Mártir (100 – 165 d.C.)

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165 (decapitado), es considerado el mayor apologeta del siglo II.

Perpetua (181 – 203 d.C.)

Santa Perpetua fue una mártir cristiana martirizada en el año 203 junto con otros cinco cristianos: Felicitas, Revocato, Saturnino, Secúndulo y Saturo.

Teófilo de Antioquía (? – ~185 d.C.)

Gracias al antiguo historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesarea, sabemos que fue obispo de Antioquía, el sexto después de San Pedro. Las mismas noticias nos transmite San Jerónimo. Es el único de los apologistas cuya obra apologética se ha conservado íntegra que estuvo revestido del carácter episcopal, y en una sede tan importante por su antigua tradición.

Tertuliano (160 – 220 d.C.)

Nació aproximadamente en el año 160 y falleció hacia el 220. Tertuliano no es considerado un Padre de la Iglesia, sino un apologeta y escritor eclesiástico de gran erudición. Al final de su vida cae en herejía y se hace montanista, pero fue muy leído antes de abandonar la Iglesia Católica.

Orígenes (185 – 254 d.C.)

Orígenes fue escritor eclesiástico, teólogo y comentarista bíblico. Vivió en Alejandría hasta el año 231, se pasó los últimos años de su vida en Cesarea del Mar, Palestina y viajando por el imperio romano. Fue el mayor maestro de la doctrina cristiana en su época y ejerció una extraordinaria influencia como intérprete de la Biblia.

Atenágoras de Atenas (siglo II)

Reconocido apologeta cristiano primitivo del siglo II. Debió de convertirse al cristianismo después de haber seguido estudios de retórica y de filosofía: sus escritos están llenos de erudición y de los recursos estilísticos propios de los oradores y escritores de la época.

Gregorio Taumaturgo (213 – 270 d.C.)

Nació en Neocesarea en el año 213 de familia de noble alcurnia. Se llamaba Teodoro. A los catorce años perdió a su padre, y ése fue el comienzo de su camino hacia la fe. Siguió la carrera de derecho y algunos cursos dictados por Orígenes que fueron decisivos en su vida, y en el bautismo recibió el nombre de Gregorio. Fue consagrado primer obispo de su ciudad natal. Por las leyendas vinculadas a su persona fue llamado Taumaturgo o Milagrero. Los Capadocios del siglo IV lo veneraron como fundador de la Iglesia de Capadocia.

Ireneo de Lyon (130 – 202 d.C.)

San Ireneo (obispo y mártir) fue discípulo de San Policarpo que a su vez fue discípulo del Apóstol San Juan. Es célebre por su tratado “Contra las Herejías” donde combate las herejías de su tiempo, en especial las de los gnósticos. En el año 177 era presbítero en Lyon (Francia), y poco después ocupó la sede episcopal de dicha ciudad. Recibió la palma del martirio, según se cuenta, alrededor del año 200.

Abercio de Hierápolis (? – 200 d.C.)

De San Abercio se sabe que fue obispo de Hierápolis en la segunda mitad del siglo II y comienzos del III. Se desconoce la fecha de su nacimiento y se estima que murió alrededor del año 200.

Clemente de Alejandría (150 – 215 d.C.)

Nació hacia el año 150, probablemente en Atenas, de padres paganos. Después de hacerse cristiano, viajó por el sur de Italia y por Siria y Palestina, en busca de maestros cristianos, hasta que llegó a Alejandría; las enseñanzas de Panteno hicieron que se quedara allí. Hacia el año 202, la persecución de Septimio Severo le obligó a abandonar Egipto, y se refugió en Capadocia, donde murió poco antes del año 215.

Su conocimiento de los escritos paganos y de la literatura cristiana es notable; según Johannes Quasten, en sus obras se encuentran citas de unos 360 autores clásicos, 1.500 del Antiguo Testamento y 2.000 del Nuevo.

Hipólito de Roma (? – 235 d.C.)

Se desconoce el lugar y la fecha de su nacimiento, aunque se sabe fue discípulo de San Ireneo de Lyon. Su gran conocimiento de la filosofía, los misterios griegos y su misma psicología, indican que procedía del Oriente. Hacia el año 212 era presbítero en Roma, donde Orígenes—durante su viaje a la capital del Imperio—le oyó pronunciar un sermón.

Con ocasión del problema de la readmisión en la Iglesia de los que habían apostatado durante alguna persecución, estalló un grave conflicto que le opuso al Papa Calixto, pues Hipólito se mostraba rigorista en este asunto, aunque no negaba que la Iglesia tiene la potestad de perdonar los pecados. Tan fuerte fueron las diferencias que se separó de la Iglesia y, elegido obispo de Roma por un reducido círculo de partidarios suyos, se convertió en el primer antipapa de la historia. El cisma se prolongó tras la muerte de Calixto, durante el pontificado de sus sucesores Urbano y Ponciano. Terminó en el año 235, con la persecución de Maximino, que desterró al Papa legítimo (Ponciano) y a Hipólito a las minas de Cerdeña, donde se reconciliaron. Allí los dos renunciaron al pontificado, para facilitar la pacificación de la comunidad romana, que de este modo pudo elegir un nuevo Papa y dar por terminado el cisma. Murió en el año 235.

Cipriano de Cartago (200 – 258 d.C.)

Obispo de Cartago nacido hacia el año 200, probablemente en Cartago, de familia rica y culta. Se dedicó en su juventud a la retórica. El disgusto que sentía ante la inmoralidad de los ambientes paganos, contrastado con la pureza de costumbres de los cristianos, le indujo a abrazar el cristianismo hacia el año 246. Poco después, en el año 248, fue elegido obispo. Al arreciar la persecución de Decio, en el año 250, juzgó mejor retirarse a un lugar apartado, para poder seguir ocupándose de su grey.

Firmiliano de Cesarea (? – 268 d.C.)

Obispo de Cesarea y discípulo de Orígenes. Sólo se conserva de él una carta dirigida a San Cipriano, en la que se declara en su favor en la disputa sobre el valor del bautismo conferido por los herejes. Murió hacia el año 268.

Lactancio (250 – c. 325 d.C.)

Llamado el Cicerón cristiano por su elegante manejo de la lengua latina, Lucio Cecilio Firmiano Lactancio nació en el Norte de África, hacia el año 250, de familia pagana. Recibió una educación esmerada y adquirió cierto renombre como maestro de Retórica, por lo que el emperador Diocleciano le llamó a Nicomedia, para enseñar en la escuela que había fundado en la nueva capital del Imperio. Fue allí donde probablemente abrazó la fe cristiana. Durante la última gran persecución, hacia el año 303, se vio obligado a abandonar su cátedra y a salir de Nicomedia. Después del Edicto de Milán, Constantino le llamó a Tréveris para confiarle la educación de Crispo, su hijo mayor. Poco más se sabe de la vida de Lactancio, que murió después del año 317, probablemente hacia el 320 o el 325.

Eusebio de Cesarea (263 – 340 d.C.)

Teólogo e historiador nacido el año 263 y fallecido en el año 340. Es considerado el Herodoto de la historia de la Iglesia, debido a que gran parte del conocimiento que tenemos de la historia de la cristiandad de los primeros siglos proviene de su Historia de la Iglesia.

Jacobo o Santiago de Nísibis (? – 338 d.C.)

Desde antiguo se le considera una figura muy importante y venerada en el oriente, donde casi todas las Iglesias celebran su fiesta y su nombre aparece en el Martirologio Jeronimiano. Hacia el año 308, el santo fue nombrado primer obispo de Nísibis, en la Mesopotamia, y su discípulo San Efrén habla de los importantes servicios que prestó a su diócesis, ya que erigió una gran basílica y es posible que inaugurase la famosa escuela teológica. Santiago asistió al Concilio de Nicea, en el año 325, y San Atanasio, el historiador Teodoreto y otros dieron testimonio de la entereza con que se opuso al arrianismo. Se estima que murió en el año 338.

Atanasio de Alejandría (295 – 373 d.C.)

Santo, obispo de Alejandría y aclamado doctor de la Iglesia en el año 1568 por Pío V. Nació en Egipto, Alejandría, en el año 295 y falleció en el año 373. Es considerado el principal opositor de la herejía arriana.

Hilario de Poitiers (315 – 367 d.C.)

San Hilario nació en el año 315 y falleció aproximadamente en el año 367. Fue obispo de Poitiers, en las Galias (actual Francia), fue el más grande defensor de la fe católica expresada en el Concilio de Nicea, ante el avance de la herejía arriana, lo que le valió el apelativo de “Atanasio del Occidente”. Su obra más importante es su tratado sobre la Trinidad (De Trinitate), el cual escribió durante el tiempo que estuvo exiliado en el Asia Menor, entre los años 356 y 360.

Ambrosiaster (366 – 384 d.C.)

Es un autor anónimo, conocido con tal nombre a partir de Erasmo, autor de un importante comentario a las cartas de San Pablo. Era atribuido antiguamente a San Ambrosio de Milán.

Juan Crisóstomo (347 – 407 d.C.)

Santo, Patriarca de Constantinopla y doctor de la Iglesia, nacido en Antioquía, Siria en el año 347, es considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente. En la Iglesia Ortodoxa griega es reconocido como uno de los más grandes teólogos y uno de los tres Pilares de la Iglesia, juntamente con San Basilio y San Gregorio.

Jerónimo (340 – 420 d.C.)

Uno de los cuatro doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín (La Vulgata), nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340, estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del Papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde, se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén en el año 420.

Cirilo de Alejandría (370 – 444 d.C.)

Es uno de los Santos Padres más celebrados de la Iglesia Oriental antigua. Fue, durante treinta y dos años, patriarca de Alejandría. Su actividad literaria coincide con el siglo de oro de la literatura patrística. Nació en el año 370 y murió en el año 444.

Dídimo el Ciego (313 – 398 d.C.)

Escritor eclesiástico y jefe de la escuela catequética de Alejandría. Era considerado un guía doctrinal y espiritual de mucho renombre. Nació hacia el año 313 en Alejandría y murió hacia el año 398. A la edad de cuatro o cinco años quedó ciego para toda su vida, pese a lo cual sobresalió como uno de los hombres más eruditos de su tiempo.

Basilio de Cesarea (329 – 379 d.C.)

Santo y obispo de Cesarea y doctor de la Iglesia, nació en el año 329 y falleció en el año 379. Es reconocido como uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente, junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo.

Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.)

Santo y doctor de la Iglesia, es reconocido como uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia Latina. Nació en el año 354 y fue obispo de Hipona durante treinta y cuatro años. Combatió duramente todas las herejías de la época y murió el año 430.

Efrén de Siria (306 – 373 d.C.)

San Efrén fue un diácono de la Iglesia en Siria nacido hacia el año 306 en Nisibis, ciudad de Mesopotamia. San Efrén ocupa un lugar privilegiado entre los Santos Padres tanto por la abundancia de sus escritos como por la autoridad de su doctrina. Prueba de ello es que muchos de sus himnos forman parte de diversas liturgias orientales desde el siglo V. Gracias a esto se ha conservado gran parte de su ingente obra. Falleció en el año 373.

Afraates el Sirio (? – 350 d.C.)

El más antiguo de los Padres de la Iglesia de Siria, llamado “el Sabio persa” por los escritores sirios posteriores. Muy poco es lo que conocemos sobre su vida. De sus escritos podemos concluir que nació en el paganismo y que, al convertirse, abrazó la vida religiosa o de asceta. Se estima que vivió entre el año 280 y el 350.

Epifanio de Salamina (315 – 403 d.C.)

Nació aproximadamente en el año 315 y falleció en el año 403. Fue hecho obispo de Salamina y, por tanto, metropolitano de Chipre, en el año 367. Era un hombre austero y de buena doctrina, pero agresivo y desmesurado; tuvo una intervención importante en la primera controversia antiorigenista y, sin advertirlo, se vio implicado en manejos contra Juan Crisóstomo. En su obra rechaza la cultura griega, la especulación filosófica y teológica, y la crítica histórica; sus obras son sin embargo importantes por las muchas citas que hace de escritos perdidos.

Basilio de Seleucia (? – 469 d.C.)

Fue arzobispo de Seleucia aproximadamente desde el año 440. Actuó de un modo extraño en los acontecimientos que desembocaron en el concilio de Calcedonia del año 451. Primeramente, en el sínodo de Constantinopla del año 448, votó en contra del monofisitismo; en el “latrocinio” de Efeso, el año 449, se declaró en favor de Eutiques, y, en cambio, en Calcedonia puso su firma en el tomo del Papa León Magno Ad Flavianum que condenaba a Eutiques y a Dióscoro. Murió hacia el año 469.

Cirilo de Jerusalén (315 – 386 d.C.)

Nació en Jerusalén o en sus cercanías, hacia el año 313 o 315 y se estima que murió en el año 386. Fue Padre de la Iglesia y arzobispo de Jerusalén. Sus padres eran cristianos y le dieron una excelente educación. Conocía muy bien las Sagradas Escrituras y las citaba frecuentemente en sus instrucciones. Se cree que fue ordenado sacerdote por el obispo de Jerusalén San Máximo, quien le encomendó la tarea de instruir a los Catecúmenos, cosa que hizo por varios años. Sucedió a Máximo en la sede de Jerusalén hacia el año 350 y fue obispo de esa ciudad por unos 35 años. Por su defensa de la ortodoxia en la controversia arriana, se vio más de una vez condenado al destierro.

Gregorio Nacianceno (329 – 390 d.C.)

Fue llamado el Demóstenes cristiano por su elocuencia y es conocido en la Iglesia Oriental como “el teólogo”, por la profundidad de su doctrina. Es uno de los Padres Capadocios, muy cercano a los hermanos San Basilio y San Gregorio de Nisa, con quienes cooperó para derrotar la herejía arriana. Es uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia Griega. Nació en Capadocia (hoy en Turquía) en el año 329 y falleció el año 390.

Gregorio de Nisa (331 – 394 d.C.)

Nació entre los años 331 y 335. Fue profesor de Retórica, pero animado por sus amigos, en especial por el que luego sería San Gregorio Nacianceno, se retiró al monasterio de Iris, en el Ponto, para dedicarse a prácticas ascéticas y al estudio de la Teología. Su hermano Basilio, metropolita de Cesarea, le consagró obispo en el año 371, para ocupar la sede de Nisa. Por su fidelidad al Concilio de Nicea fue depuesto por un sínodo de obispos arrianos celebrado en su ausencia con la ayuda del gobernador del Ponto. Muerto el Emperador Valente, que era arriano, San Gregorio volvió a su sede. En el año 380 fue elegido, contra su voluntad, arzobispo de Sebaste, sede que administró sólo unos meses, y en el año 381 tomó parte muy activa—con San Gregorio Nacianceno—en el Concilio I de Constantinopla, que resolvió definitivamente la cuestión arriana, reafirmando la fe de Nicea y exponiendo la divinidad y consustancialidad del Espíritu Santo. En sus últimos años redactó los escritos más memorables de su doctrina espiritual, hasta su fallecimiento en el año 394.

Ambrosio de Milán (340 – 397 d.C.)

Considerado uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia Latina. Nació en Tréveris, probablemente el año 340 y falleció el 397.

Nilo de Ancira (? – 430 d.C.)

Era abad o archimandrita de un monasterio cercano a Ancira (Ankara), que vivió a fines del siglo IV y principios del V, muriendo poco después del año 430. Sus cartas atestiguan que consideraba a Juan Crisóstomo como a su maestro.

Teodoreto de Ciro (393 – 458 d.C.)

Nació en Antioquía hacia el año 393 y se educó en los monasterios de aquella ciudad. En el año 423 fue elegido obispo de Ciro y gobernó su diócesis durante treinta y cinco años.

León I Magno (400 – 461 d.C.)

Nació en la región de Toscana, y en el año 440 fue elevado a la cátedra de Pedro, ejerciendo su cargo como un verdadero pastor y padre de las almas. Trabajó intensamente por la integridad de la fe y defendió con ardor la unidad de la Iglesia. Escribió contra las herejías del Nestorianismo, el Monofisismo, el Maniqueísmo y el Pelagianismo. Murió en el año 461.

Gregorio I Magno (540 – 604 d.C.)

Es el cuarto y último de los originales doctores de la Iglesia Latina. Defendió la supremacía del Papa y trabajó por la reforma del clero y la vida monástica. Envió a Agustín de Canterbury a evangelizar Inglaterra, impulsó el canto gregoriano y la reforma litúrgica, y escribió obras fundamentales como los Diálogos, los Moralia in Job y la Regla Pastoral. Nació en Roma alrededor del año 540 y murió el 12 de marzo del año 604.

Beda el Venerable (672 – 735 d.C.)

Monje benedictino en el monasterio de Saint Peter en Wearmouth (hoy en día parte de Sunderland), y de su monasterio adjunto, Saint Paul, actualmente Jarrow. Es conocido como escritor y erudito, siendo su obra más conocida la Historia ecclesiastica gentis Anglorum (Historia Eclesiástica del Pueblo de los Anglos), que le valió el título de “Padre de la Historia Inglesa”. Beda escribió sobre muchos otros temas, desde música hasta religión. Nació en el año 672 y murió en el año 735.

Notas

  1. Época que se extiende desde los tiempos apostólicos hasta aproximadamente el siglo VIII