En este capítulo se recopilan algunos datos históricos que evidencian la fe de la Iglesia a lo largo de los siglos sobre la Virginidad de María.
Ignacio de Antioquía (? – 107 d.C.)
En su carta a los efesios afirma:
“Y quedó oculta al príncipe de este mundo la virginidad de María y su parto de ella, del mismo modo que la muerte del Señor: tres misterios sonoros que se cumplieron en el silencio de Dios.”[1]
El protoevangelio de Santiago (~ 150 d.C.)
Este escrito apócrifo habla del parto virginal de María[2]. En el capítulo 9 narra como José (un viudo anciano y con hijos) fue designado para ser el guardián de María, en un principio se resistió, pero al final la aceptó desposarla. En el capítulo 20 narra como una comadrona fue testigo de cómo María no perdió su virginidad incluso al momento de dar a luz.
Aunque este escrito pueda ser legendario, demuestra que ya en una época temprana, era creída la Virginidad de María. Resultaría poco probable que este escrito hubiera podido cobrar credibilidad si hubieran existido otros hijos de María (o para esta fecha nietos) circulando por allí.
Tertuliano (155 – 220 d.C.)
Tertuliano es una de las excepciones de los escritores eclesiásticos que afirmaban que María no había permanecido virgen después de parto. La razón para él es que la frase bíblica “aperiens vulvam”[3] implicaba que a partir del nacimiento de Cristo María tuvo el seno abierto.
Orígenes (185 – 254 d.C.)
Aunque Orígenes rechazaba la idea de que María permaneció virgen en el parto, defendió la virginidad después del parto:
“María conservó su virginidad hasta el fin, para que el cuerpo que estaba destinado a servir a la palabra no conociera una relación sexual con un hombre, desde el momento que sobre ella había bajado el Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo como sombra. Creo que está bien fundado decir que Jesús se ha hecho para los hombres la primicia de la pureza que consiste en la castidad y María a su vez para las mujeres. No sería bueno atribuir a otra la primicia de la virginidad.”[4]
Por tanto se opuso a Tertuliano afirmando que los hijos atribuidos a José no nacieron de María y que no hay ninguna Escritura que lo pruebe[5]
Clemente de Alejandría (150 – 215 d.C.)
De nombre Tito Flavio Clemente nació aproximadamente en año 150, de padres paganos. Una vez cristiano, viajó extensamente por el sur de Italia, Siria y Palestina. Murió poco antes del 215. Es un pionero de la ciencia eclesiástica. Tenía un conocimiento completo de la literatura cristiana primitiva, tanto de la Biblia como de todas las obras post-apostólicas y heréticas. Cita 1.500 veces el Antiguo Testamento y 2.000 el Nuevo. También conoce bastante bien a los clásicos, a los que cita no menos de 360 veces.
Acepta sin dudar la virginidad en el parto[6] y atribuye los hermanos de Jesús como hijos de José de un matrimonio anterior.
“Judas que era un hermano de los hijos de José, y muy temeroso de Dios, aún sabiendo su parentesco con el Señor, no dijo, sin embargo, que era su hermano ¿Que dijo en cambio? «Judas, siervo de Jesucristo, es decir del Señor, hermano de Santiago». Esto es ciertamente exacto; era su hermano por parte de José.”[7]
Efrén el Sirio (306 – 373 d.C)
Fue un defensor de la virginidad perpetua ante quienes se atrevían a decir que José pudo mantener relaciones sexuales luego de su matrimonio con María.
“¿Cómo hubiera sido posible que aquella que fue morada del Espíritu, que estuvo cubierta con la sombra del poder de Dios, se convirtiera en una mujer de un mortal y diese a luz en el dolor, según la primera maldición?…Una mujer que da a luz con dolores no podría ser llamada bienaventurada. El Señor que entró con las puertas cerradas, salió así del seno virginal, porque esta virgen dio a luz realmente pero sin dolor.”[8]
Gregorio de Nisa (331 – 394 d.C)
Vio en Isaías 7,14 la ratificación de la integridad corporal de María en el nacimiento del Señor:
“Por Isaías quedas informado previamente sobre la madre no desposada, sobre la carne sin padre, sobre el parto sin dolor y el nacimiento sin mancha.”[9]
Explica que cuando María dice que no conocía varón, se estaba refiriendo a su propósito de guardar la virginidad:
“El ángel le anuncia el nacimiento y ella se aferra a la virginidad porque piensa que mantenerse intacta es superior al mensaje del ángel. Pero tampoco se echa atrás de su decisión por la virginidad.”[10]
Epifanio de Salamina (315 – 403 d.C.)
Cuando tuvo que responder a los antidicomarianitas sobre el tema de los hermanos de Jesús adoptó la solución del protoevangelio de Santiago. Epifanio opinaba que José tenía 84 años cuando volvió de Egipto y que vivió todavía 8 años más. La función de José según Epifanio fue únicamente proteger a María. Epifanio llama a María en más de 16 ocasiones “virgen perpetua”[11].
Basilio de Cesarea (329 – 379 d.C.)
Hace otro tanto al defender la virginidad de María. Reconoce que en la Escritura no hay argumentos para probar apodícticamente la virginidad post-parto y por eso recurre (como ilustración y no como prueba) a la narración apócrifa de Zacarías. Pero el argumento más fuerte según su opinión era que los fieles “no soportan que se diga que la Theotókos dejó de ser virgen en un determinado momento”[12].
Agustín de Hipona (354 – 430)
En su escrito Sobre la Virginidad y en su sermón 291 defendió la virginidad de María profundizando en el propósito de su virginidad.
Jerónimo (340 – 420 d.C)
Combatió ferozmente a Elvidio cuando negó la virginidad de María. En su obra Contra Elvidio presentó una refutación bíblica detallada a los argumentos presentados por éste en aquel momento. La obra mantiene especial valor porque analiza los mismos argumentos que sostienen los protestantes hoy en día, pero hace más de 1500 años. Una traducción realizada por uno de nuestros colaboradores en apologeticacatolica.org la tenemos publicada en nuestro sitio Web.
Otros padres que enseñaron la virginidad de María
Otros padres que enseñaron la virginidad en el parto tenemos también a Atanasio, Basilio, Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno, Zenón, Cirilo de Jerusalén, Epifanio, Ambrosio, Agustín, Jerónimo[13]. Cabe resaltar que ya en el año 390 en el sínodo de Milán presidido por San Ambrosio, y un sínodo de Roma bajo el Papa Siricio (año 393) se presentó oficialmente la virginidad en el parto como doctrina de fe de la Iglesia[14]. Esta enseñanza se confirmó también en una carta dogmática de León I «Ad Flavianum» en el canon 6 del II Concilio de Constantinopla, año 553 y en los cánones 2-4 del sínodo lateranense bajo el Papa Martín I el año 649.
Detractores de la Virginidad de María
En el año 385 un monje reducido al estado laical (Joviniano) se opuso al ideal de la virginidad y negó la virginidad de María en el parto. Ambrosio lo combatió con argumentos escriturísticos[15] y con el símbolo apostólico[16].
Un año más tarde surgieron otros adversarios que incluso afirmaron la existencia de hermanos de Jesús (Bonoso de Naiso y Elvidio a que acabamos de mencionar). Ambrosio les respondió en De institutione virginis et S. Mariae virginitate perpetua.
Notas
- Ignacio de Antioquía, Carta a los Efesios XIX,1
Daniel Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, Biblioteca de Autores Cristianos 65, Quinta Edición, Madrid 1985, pág. 458 ↩ - Una copia de este apócrifo está publicada en http://escrituras.tripod.com/Textos/ProtEvSantiago.htm ↩
- Lucas 2,23; cf. Ex 13,2.13.15 ↩
- Orígenes, In Mt. comm 10,17: Die Griechische christliche Schriftsteller 10,21
José C.R. García Paredes, Mariología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2001, pág. 238
New Advent, Fathers of the Church, http://www.newadvent.org/fathers/101610.htm ↩ - Orígenes, In Lc. 7: Die Griechische christliche Schriftsteller 9,45
Ibid., pág. 239 ↩ - Cf Clemente Alejandrino, Strom 7,16,93 Die Griechische christliche Schriftsteller 3,66
New Advent, Fathers of the Church, http://www.newadvent.org/fathers/02107.htm ↩ - Clemente Alejandrino, Frag, in Jud. ep.: Die Griechische christliche Schriftsteller 10,21
New Advent, Fathers of the Church, http://www.newadvent.org/fathers/0211.htm ↩ - Efren, Diatessaron, 2,6: Sources Chrétiennes. 121,69-70; cf. ID., Himni de Nativitate, 19,6-9: Corpus Scriptorum Christianorum Orientalium 187,59
José C.R. García Paredes, Mariología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2001, pág. 236 ↩ - Gregorio de Nisa, De virg. 19: Patrologia Series Graeca 46,396
Ibid., pág. 237 ↩ - Gregorio de Nisa, Hom in Nativ. : Patrologia Series Graeca, 46,1140s
Ibid., pág. 240 ↩ - D. Fernandez, De Mariología sancti Epiphanii, 148
Ibid., pág. 239 ↩ - Basilio, Hom. de Nativitate: Patrologia Series Graeca 31,1468s ↩
- Cf. K. Rahner, Virginitas in partu, en Escritos de Teología IV (Taurus, Madrid 1962), págs.177-211 ↩
- Karl Joseph von Hefele-Henri Leclercq, Histoire des conciles d’après les documents originaux II (París 1907), 78ss; cf. J.A. Aldama ↩
- Lucas 1,37; Isaías 7,14; Ezequiel 44,2 ↩
- Cf. Ambrosio, Ep 42,4: PL 16,1173B y Ambrosio Ep 43,5: PL 16,1173CD ↩