Siempre me ha parecido muy curioso el rechazo que tienen las denominaciones protestantes por las doctrinas católicas relacionadas con la Virgen María. Las raíces de dicho rechazo parecen originarse en la desaprobación de lo que ellos consideran un “exceso” en la devoción católica por la madre del Señor. Este rechazo, que los lleva a alejarse de todo lo parezca “católico”, les dificulta aceptar todo razonamiento, por más bíblico que sea, que redunde en la veneración de la Virgen. En la mayoría de los casos, sobre todo las sectas[1], deforman la doctrina católica para hacerla parecer herética[2], llegando a afirmar que la Iglesia Católica enseña a “adorar” a María y que ella es una “diosa”.
Sin embargo, esto no ha sido siempre así. Muchos protestantes tienen por grandes eruditos bíblicos y modelos a imitar a los reformadores protestantes, quienes sentían un gran aprecio y veneración por la virgen María e inclusive aceptaban algunos de los dogmas de la Iglesia Católica al respecto.
Martín Lutero y la Virgen María
Hoy día el protestantismo entero desconoce que María es Madre de Dios, en su afán de disminuirla, le ha negado el título que la Iglesia le ha concedido desde siempre, comenzando por Isabel quien inspirada por el Espíritu Santo le llamó “Madre del Señor”[3] hasta la Iglesia primitiva que no dudaba en llamarla la Theotókos (Madre de Dios)[4]. Sin embargo, Lutero nunca dudó en darle este título que le concedió hasta el final de sus días:
“Así juzgó Dios a su Madre: 1) La ley de Dios la condenaba como adúltera. 2) Así quedaba maltrecho su honor. 3) Su vida quedó en peligro y su honor matrimonial dañado. María fue concebida en pecado como los demás hombres; y, aunque ella fuera purificada del pecado original, no le habría bastado para un tal nacimiento. Por eso, es el Espíritu Santo el protagonista, el que la purifica y toma las puras gotas de sangre de su corazón; pues todo tiene que ser purificado.”[5]
“Las grandes cosas que Dios ha realizado en María se reducen a ser la Madre de Dios. Con esto le han sido concedidos muchísimos otros bienes, que nadie podrá nunca comprender. De ahí se deriva todo su honor, toda su bienaventuranza y que ella sea en medio de toda la raza humana una persona del todo singular e incomparable. Ella ha tenido con el Padre celeste un niño, y un niño tal…Se comprende todo su honor, cuando se la llama Madre de Dios. Nadie puede decir otra cosa mayor de ella, aunque uno tuviera tantas lenguas como follaje tiene la hierba, como estrellas el cielo o arena las playas. Hay que meditar en el corazón lo que significa ser Madre de Dios.”[6]
Igual sucede con el dogma de la virginidad perpetua de María, negado hoy por la casi totalidad de los protestantes, sin embargo Lutero también creía firmemente en su virginidad antes y después del parto.
“Y ningún hombre, ni siquiera el demonio, tiene que saber cómo puede suceder que una mujer virgen quede encinta sin varón. Pues porque ahí estarán las Tres Divinas Personas. La obra ha de ser realizada por las tres, aunque esa actuación acabe únicamente en la persona del Hijo.”[7]
“se preocupa y pregunta cómo el Señor Jesús pudo tener hermanos, dado que él era el hijo único de María, y la virgen María no fue madre de ningún otro hijo. Entonces algunos responden que eran hijos de un matrimonio precedente de José, antes de estar con María; éstos fueron llamados después “hermanos de Cristo”; otros dicen que José tuvo junto con María otra mujer, tal como estaba permitido entre los judíos…Yo creo que hermanos aquí significa primos, dado que los judíos y la Sagrada Escritura llamaban a todos los primos hermanos.”[8]
“María permaneció virgen, pues tras sentirse madre del Hijo de Dios, no deseó ser madre de otro hombre, sino permanecer en esta gracia.”[9]
“A José le cabe un gran honor ante Dios. A él le fueron confiados el Hijo de Dios y su Madre. Así José es un carpintero, que actúa como cualquier hombre de pueblo y que trabaja en lo oculto. Pero quedó escrito para nosotros para que sepamos que Cristo vino y que su madre fue virgen, aunque bajo el velo de esposa se ocultaba la virgen antes y después del nacimiento.”[10]
“La carta a los Hebreos dice que Sara pidió por la fe la fuerza de la concepción, para que comprendas que ella quedó encinta de Abraham siguiendo el curso normal de la naturaleza, no a través de un milagro. Este sí aconteció en la virgen María que concibió en su seno, pero de su propia semilla, no de la semilla de un hombre. Para ello el Espíritu Santo la cubrió con su sombra.”[11]
Juan Calvino y la Virgen María
Calvino se pronunció frecuentemente en defensa de la virginidad de María, rechaza al igual que San Jerónimo más de un milenio atrás, el argumento de que Mateo 1,25 da a entender que José tuvo relaciones con María, y también rechaza la opinión de que María tuvo más hijos por haber sido llamado “primogénito”[12].
“A partir de Mateo 1,25 Elvidio creó mucha confusión en la Iglesia, porque de él dedujo que María había permanecido virgen únicamente hasta el primer nacimiento y después tuvo otros hijos con su marido. La perpetua virginidad de María fue defendida vigorosamente por Jerónimo. Es suficiente decir que es insensato y falso deducir de estas palabras qué sucedió después del nacimiento de Cristo. Es llamado el primogénito no por otra razón sino para que sepamos que él nació de la Virgen. En este texto se niega que José hubiera tenido concurso marital con María antes de nacer el niño; todo está limitado a este tiempo. Pero nada se dice de lo que sucedió después.”[13]
“Es indudable que el profeta habla de una auténtica virgen, que ha de concebir no según las normas de la naturaleza, sino a través de la actuación de gracia del Espíritu Santo. Este es el misterio, que Pablo magníficamente ensalza: “Dios ha aparecido en la carne.”[14]
“Cuando María supo que de ella nacería el Hijo de Dios, recibió un mensaje inaudito, y ésta fue la razón por la que excluyó la relación sexual con un hombre. Por eso exclamó desconcertada: “¿Cómo sucederá esto?”…No era ésta una pregunta contra la fe. La hizo movida por la admiración; no por la desconfianza.”[15]
“¿No es este el hijo del carpintero? (Mateo 13,55) Por designio admirable de Dios vivió Cristo hasta los treinta años en lo oculto de la casa de sus padres. Esto fue extraña e injustamente motivo de tropiezo para la gente de Nazaret, en lugar de conocerlo con temor como enviado del cielo. ¡Si hubieran descubierto que era Dios el que actuaba en Cristo!
Pero intencionalmente ellos pensaban en José, en María y en todos los parientes y sus relaciones entre ellos, para ocultar la luz que se manifestaba. Como “hermanos” eran designados –según la costumbre judía- sobre todo los parientes de sangre. Pero de ello dedujo ignorantemente Elvidio que María había tenido más hijos, porque alguna vez habla de hermanos de Cristo.”[16]
H. Zwingli y la Virgen María
Zwingli explica que el matrimonio con José fue únicamente para que José apareciera como esposo y la protegiera de la ley, y así poder dar al niño y a ella protección y cuidado.
“Cuando se cumplió el tiempo designado por Dios, envió a su mensajero Gabriel a la joven María (Magd María), que estaba desposada con el piadoso José. La sabiduría divina se muestra en que el desposorio con José no pretendía establecer una relación matrimonial entre ellos en orden a engendrar hijos, sino para que la hija María, después de encontrarse encinta, no fuera apedreada según la ley judía, que estaba establecida para quienes concebían sin marido. El que José apareciera como esposo, la protegía de la ley. También se desposó con él para que ella y el niño encontraran en él un protector y cuidador.”[17]
Explícitamente declara que es virgen, antes, en y después del parto:
“Hay que considerar aquí el honor que el evangelista Lucas y también Mateo le tributan por su elevada pureza; ella es joven pura e intacta antes del parto, en el parto y después del parto, es decir, siempre. Entre los hombres es imposible que una madre sea al mismo tiempo virgen; para Dios todo es posible, porque todas las criaturas obedecen a su voz.”[18]
Hoy en día muchos protestantes piensan que el católico cree que María permaneció virgen porque nunca se ha encontrado con los pasajes bíblicos que hablan de los “hermanos” de Jesús. La mayoría desconoce que todos esos argumentos sí fueron analizados y rechazados por los cristianos a lo largo de toda la historia, incluyendo a los reformadores protestantes. No se trata así, de que las doctrinas católicas contradigan lo que enseñan las Escrituras, sino que son una interpretación en armonía con la fe que la Iglesia ha profesado desde sus orígenes, y que ha sido compartida en parte, por los padres del protestantismo.
Notas
- Se debe diferenciar entre lo que son sectas protestantes y lo que son comunidades eclesiales protestantes. ↩
- Falacia del muñeco de paja: Consiste en deformar las tesis del contrincante para debilitar su posición y poder atacarla con ventaja. Se diferencia de la falacia ad hominem en que ésta elude las razones para concentrarse en el ataque a la persona. La falacia del muñeco de paja ataca una tesis pero antes la altera. Para ello, disfraza las posiciones del contrincante con el ropaje que mejor convenga, que suele ser el que recoge los aspectos más débiles o menos populares. ↩
- Lucas 1,43. La expresión “Madre del Señor” es equivalente a “Madre de Dios”, ya que en el Nuevo Testamento el título Señor (del griego Kyrios) se da a Cristo, quien es Señor y Dios. De la misma manera la Septuaginta (versión griega de los Setenta del siglo II a.C.) traduce Yahveh por “Señor” (del hebreo Adonai). Ver por ejemplo como en el mismo capítulo el ángel le dice: “el Señor está contigo” para referirse a Dios. ↩
- Según sabemos ya Alejandro de Alejandría habría llamado a María “La Theotókos” (Cf. «Nuestro Señor Jesucristo ha recibido real y no aparentemente un cuerpo de la Theotókos»: Alejandro de Alejandría. Ep. Ad Alex. Const. n.12 en Teodoreto. Historia eclesiástica, I,3: OG 82,908), aparece también en un papiro egipcio que registra una de las oraciones marianas más antiguas «Sub tuum praesidium» (Cf. G. Giambernardini, Il Sub tuum Praesidium nella tradizione egiziana, en Mar 96 (1969), 324-362. Testimonios numerosos también de Gregorio Nacianceno, en su carta a Cledonio (Carta 101: Patrologia Series Graeca 36,181), Cirilo de Alejandría, Orígenes (Según el historiador Sozomeno (Hist. Eccl. 7,32: EG 866)), San Ambrosio, etc. ↩
- Martín Lutero, 24 Dezember 1539: Luther Werke 47,860
José C.R. García Paredes, Mariología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2001, pág. 232 ↩ - Martín Lutero, Auslegung des Magnificat, 1522: Luther Werke 7,572
Ibid., pág. 249 ↩ - Martín Lutero, 28 Dezember 1544: Luther Werke 49,646
Ibid., pág. 232-233 ↩ - Martín Lutero, 1537/1538: Luther Werke 46,723
Ibid., pág. 241 ↩ - Martín Lutero, Tischrede n.4435 Ergänzungen, 1539: Luther Werke 48,579
Ibid. ↩ - Martín Lutero, Predigt 24 Dezember 1540: Luther Werke 49,174
Ibid. ↩ - Martín Lutero, 1535 bis 1545: Luther Werke 43,22
Ibid., pág. 233 ↩ - Los protestantes alegan que como Jesús es llamado unigénito del Padre (Juan 3,16.18) pero primogénito de María (Lucas 2,7) implica que Jesús es el primero de entre varios hijos. El argumento falla pues primogénito no implica necesariamente la existencia de otros hijos, es un término que referencia solamente al “primer nacido”, o “hijo preeminente”. Así mismo Cristo es llamado “primogénito” del Padre en Hebreos 1,6, siendo unigénito también. ↩
- Guilielmus Baum, Eduardus Cunitz, Eduardus Reuss, Ioannis Calvini, Opera Quae Supersunt Omnia (abreviado en adelante como JCO) 45,70; cf. JCO 46,271-272
José C.R. García Paredes, Mariología, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2001, pág. 240-241 ↩ - Juan Calvino, JCO (Verlag C. A. Schewedtke und Sohn, Braunscheweig 1863 ff.), Bände 45; Commentarius in Harmoniam evangelicam (“Harmonia evangelica” 1555), Band 46; Sermons sur l’Harmonie évangélique 1558, 1560, 1562. JCO 36,156
Ibid., pág. 233 ↩ - Juan Calvino, JCO 45,30
Ibid. ↩ - Juan Calvino, JCO 45,426
Ibid., pág. 241 ↩ - H. Zwingli, Eine Predigt von der reinen Gottesgebärerin María: ZSW 1,391-392
Ibid., pág. 242 ↩ - Ibid. ↩