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Apreciaciones en torno a la “Carta de la Tierra”

la “Carta de la Tierra”

Establecer la posible vinculación entre el trabajo desarrollado en pro de la aprobación de la «Carta de la Tierra» y la corriente New Age.

Análisis.

Los documentos a considerar son:

1. Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Río de Janeiro – 1992
2. Carta de la Tierra – Borrador de Referencia. 18 de marzo de 1997
3. Carta de la Tierra Latinoamericana. Mato Grosso – 3 de diciembre de 1998

Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo

Este documento es parte integrante del Informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, que tuvo lugar en Río de Janeiro entre el 3 y el 14 de junio de 1992. Se trata por lo tanto de un documento formal de las Naciones Unidas.

El informe completo ocupa 5 volúmenes. La mencionada Declaración, se encuentra en el 1º volumen del Informe. La parte substancial del mismo es el denominado «Programa 21» que presenta un preámbulo enunciativo y 39 secciones sobre temas específicos. La Carta de la Tierra no forma parte del Programa 21.

En términos generales, el contenido y lenguaje de este documento no presenta una diferencia significativa (en el aspecto considerado en esta evaluación) con respecto a otros documentos semejantes:

· Si bien esta declaración está centrada en el hombre -no simplemente como parte de un sistema más amplio- (Principio 1), carece de una visión trascendente del mismo y de la creación. Incluso la perspectiva de trascendencia histórica es muy escasa, particularmente si consideramos que se habla de una realidad cuyo entorno abarca todas las generaciones.

· Hay una clara preocupación por la perspectiva económica del problema del desarrollo sostenible. Esta dimensión del problema es soslayada en los documentos subsiguientes.

· El documento hace referencia a las mujeres, los jóvenes y las poblaciones indígenas, aunque solo de modo lateral.

· El mensaje se podría sintetizar: Debemos tomar conciencia de la necesidad de lograr un desarrollo sostenible; para ello es preciso erradicar la pobreza, tener una clara política de control poblacional, y fomentar una conducta solidaria entre los estados.

En términos generales, la Declaración de Río presenta sólo algunos términos que pueden ser asociados a la dinámica del pensamiento New Age:

· La mención «reconociendo la naturaleza integral e interdependiente de la Tierra, nuestro hogar…»

· La mención: «derecho a una vida
saludable… en armonía con la naturaleza».

· En el Principio 14 parece anteponerse la preocupación por la degradación ambiental al cuidado de la salud humana.

En consecuencia, no parece posible (a partir del análisis del texto), afirmar que hay una clara perspectiva New Age en el mismo. Las menciones antes referidas no parecen suficientes para sostener una relación especial.

Carta de la Tierra – Borrador de Referencia

El Borrador de Referencia de la Carta de la Tierra no es un documento emanado de una Asamblea de las Naciones Unidas, aunque es propuesto a partir de distintas organizaciones que operan en su entorno con la intención de que sea aprobado en una ocasión próxima. En su gestión hay que hacer particular mención del Consejo de la Tierra, con sede en Costa Rica.

Este documento presenta versiones «oficiales» en inglés, español, francés, portugués, chino, japonés y ruso. Es una expresión más de su «universalismo». Para comprenderlo en su contexto, es conveniente revisar también el «Resumen de Principios», que presenta versiones en inglés, español y francés.

El último documento mencionado, está dividido en 9 capítulos, es más extenso que el Borrador de Referencia y proporciona una serie de definiciones y precisiones que ayudan a entenderlo.

El «Borrador de Referencia»

Se trata de un borrador en busca de consenso con el objeto de lograr su aprobación en una próxima asamblea de la ONU. Su esquema formal es el mismo que el de la Declaración de Río: una breve introducción, seguida de una declaración de principios.

Este Borrador presenta diferencias muy notables con respecto a su predecesor de 1992:

· Hay un claro desplazamiento del antropocentrismo de la Declaración de Río. El «centro de las preocupaciones» ya no son los seres humanos, sino «la Tierra y la vida».

· En lo que se refiere al hombre, se contempla explícitamente su dimensión «espiritual» insistiendo en el concepto «bienestar espiritual», aunque sin definir claramente a qué se quiere aludir con esas referencias.

· Al mismo tiempo que se mantiene una visión inmanentista del hombre y la creación, hay una mayor atención a su dimensión histórica.

· Se mantiene la mentalidad controlista en materia poblacional, pero ahora en otro marco: «modos de consumo, producción y reproducción que respeten y salvaguarden los derechos humanos…». Es decir, se equipara la dimensión reproductiva de la naturaleza humana con su capacidad de producción y consumo de bienes y servicios, y se la considera como un parámetro más a considerar -entre otros de tipo económico- al hablar de desarrollo sostenible. De este modo, la misión del hombre ya no se comprende como «Creced y multiplicaos… «, sino como la preservación de «las capacidades regenerativas de la Tierra».

· La preocupación por la faceta económica del desarrollo sostenible es notablemente relegada.

· La referencia a los «pueblos indígenas y tribales» adquiere mucho mayor relieve y centralidad.

· Se avanza de enunciar que «Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente…»[1] a afirmar que «la igualdad entre los géneros es un requisito previo para el desarrollo sostenible». De este modo se acentúa el carácter andrógino de la propuesta.

· En contraposición con la Declaración de Río, en el Borrador abundan expresiones y conceptos de origen claramente New Age:

· Se considera al planeta como una realidad viviente. «La Tierra misma está viva» .

· El hombre ya no es el centro o cúspide de la creación sino simplemente un miembro más de una realidad viviente mucho más amplia que es la Tierra: «somos parte de una comunidad de vida interdependiente…»; «comunidad terrestre»; «familia terrena»; «comunidad de la Tierra»; «comunidad de la vida». Como tal, la humanidad está sometida a las mismas leyes que el resto de los seres; y la ley básica es el cambio comprendido como evolución: «Somos parte de un universo en evolución».

· Se anula o minimiza la diferencia esencial existente entre la vida humana y las otras formas de vida. Un modelo de esto es el principio 15: «Dispensar a todas las criaturas un tratamiento compasivo y protegerlas de la crueldad y del aniquilamiento arbitrario». No se establece diferencia de ningún tipo entre el valor de la vida humana y las otras formas de vida: «La Tierra, cada forma de vida y los seres humanos son poseedores de valor intrínseco y gozan…»

· Del mismo modo que no hay una expresión clara de la diferencia entre un ente animado y uno inanimado, se tiende a una actitud cuasi-religiosa (en términos New Age debería hablarse de «espiritual») ante lo que difusamente denominan «vida»: «… compartimos una reverencia por la vida…».

· La exigencia de un «cambio fundamental» como condición para el progreso humano.

· Si bien parece que se atiende a la dimensión religiosa del hombre, en realidad se refiere difusamente a «lo espiritual», y se lo coloca en un mismo plano con otros aspectos de la vida humana: «proteger y restaurar lugares de destacada significación ecológica, cultural, estética, espiritual y científica».

· «… diversidad y unidad…»

· «… las potencialidades del ser humano en armonía con la comunidad de la Tierra.»

· «… una fe inquebrantable en las posibilidades del espíritu humano y un profundo sentido de pertenencia al universo.»

En conclusión

Del mismo modo que respecto a la Declaración de Río sostuvimos que no era posible afirmar con claridad que hubiera una clara conexión con el movimiento Nueva Era, podemos ahora aseverar que el Borrador de la Carta de la Tierra está redactado desde una arquitectura conceptual claramente Nueva Era. Esto es evidente ya desde la lectura del preámbulo.

El lenguaje empleado, los conceptos vertidos, la cosmovisión que intenta imponer -particularmente en lo relativo al papel del hombre en la creación-, son todos elementos que nos permiten afirmar que el Borrador de Trabajo de la Carta de la Tierra está redactado desde una perspectiva cultural claramente identificada con el movimiento comúnmente denominado «Nueva Era».

Esta situación aleja claramente al Borrador de Referencia de su propuesta inicial de «… involucrar a las religiones de todo el mundo, organizaciones interreligiosas y destacados pensadores religiosos y éticos…». La recta comprensión de este objetivo supondría adoptar una perspectiva integradora que asumiera toda la riqueza del diálogo interreligioso.

Pero la New Age no es una propuesta integradora -aunque sus defensores puedan afirmar lo contrario-, sino que es una alternativa excluyente que en muchas de sus proposiciones entra en colisión directa con el Cristianismo (Cf. «Frente a una Nueva Era – Desafío a la pastoral en el horizonte de la Nueva Evangelización», Comisión Episcopal de Fe y Cultura, Argentina, 1993)

Carta de la Tierra Latinoamericana

Se trata también de un «Borrador de trabajo para Latinoamérica y el Caribe», asumido como documento final de la Conferencia de las Américas que tuvo lugar en Cuiaba, entre el 30 de noviembre y el 3 de diciembre de 1998.
Siguiendo el esquema de los documentos anteriores este Borrador también presenta un breve preámbulo, seguido de la enunciación sintética de 10 principios.

Preámbulo

Se trata de un texto impregnado de lenguaje y conceptos nuevaeristas.

· Avanza notoriamente sobre el Borrador de Trabajo de la Carta de la Tierra incluyendo lenguaje propiamente religioso, como es el caso de «Madre Tierra» y la afirmación de que «… de esta percepción emerge la dimensión de lo sagrado y se manifiesta en las actitudes de reverencia, respeto y cuidado que fundamentan la propia vida…» (el subrayado es nuestro).

· El segundo párrafo es un exponente clásico del «examen de conciencia» nueva era: elaboración de responsabilidades globales, donde el «pecado» es amenazar «el tejido de la vida». En la raíz de esos supuestos pecados estaría el mal uso del conocimiento y del poder.

· La «necesidad» de un cambio que «mejore las relaciones entre seres humanos y de estos con la naturaleza».

· Se globalizan las responsabilidades y las acciones: «iniciativa universal», «responsabilidad universal».

· Se mantiene el carácter difuso y ambiguo del concepto «vida» que ya anotáramos en el Borrador de la Carta de la Tierra: «la comunidad de la vida».

· Se insiste en una «ética» nueva.

Los principios

La sección así denominada es en realidad una colección de enunciados referidos a actitudes genéricas, que no se define claramente si están referidas a los individuos, los estados o la sociedad en general ya que el enunciado «nos comprometemos» no aclara si debe referirse a los participantes de la reunión a título personal, o en su carácter de representantes de distintas agrupaciones.

En ellos:

· Se mantiene la falta de jerarquías: la Tierra, la vida, la espiritualidad y la diversidad cultural deben ser respetadas por igual y sin establecer jerarquías de ningún tipo.

· Si bien aparecen entre los principios la solidaridad y el amor, subyace el a priori nuevarista que rechaza el amor-caridad ya que no se menciona en ningún momento al amor como acto de donación de sí. En este aspecto se va más allá que en documentos anteriores. Se habla explícitamente de amor, aunque no pasa de ser un afecto sin implicaciones reales.

Para cerrar la enunciación de principios y la carta, se propone un párrafo de lenguaje ambiguo, pasible de ser claramente comprendido en el contexto New Age: «crecer en una familia de culturas que permita desarrollar todas las potencialidades del ser humano en armonía con la Comunidad de la Tierra».

La interpretación nueva era de este párrafo no sería para nada arbitraria si consideramos el contexto del borrador en su conjunto y las apelaciones a «la comunidad de la tierra» y el «sentido de pertenencia al Universo».

En conclusión

Nos encontramos ante el borrador de un documento claramente desarrollado en un contexto conceptual o ideológico de corte nueva era. En este sentido se avanza sobre el Borrador de la Carta de la Tierra con un lenguaje explícitamente religioso y una conceptualización totalmente apartada de otros documentos internacionales precedentes.

Una nota adicional sobre la cuestión del indigenismo

A nuestro juicio, en el contexto de un análisis sobre la posible vinculación existente entre el Borrador de la Carta de la Tierra y el movimiento Nueva Era, parece conveniente prestar particular atención a la introducción de la cuestión de las culturas amerindias.

La propuesta Nueva Era para el continente europeo -de amplia penetración entre nosotros a través de diversa bibliografía- muestra una clara tendencia neo-pagana de la mano del retorno a mitos, creencias y prácticas rituales propias del paganismo europeo, generalmente pre-cristiano (celtas, cultos mistéricos griegos, paganismo renacentista, etc.).

Por su parte, en el Borrador de Trabajo así como en mucho del material que publica el Consejo de la Tierra, se insiste en la recuperación de las culturas indígenas y su posible aporte a un modelo social centrado en el concepto de «desarrollo sostenible» que viva en armonía con la «Madre Tierra».

Esta preocupación por la recuperación de las culturas amerindias coincide con una tendencia cultural tendiente a la revitalización de formas paganas pre-colombinas expresada en distintos modelos culturales actualmente en auge, de gran penetración entre nosotros a través de la televisión. Modelos de esto son series tales como «Archivos Secretos X», «Milenium», «Earth, Final Conflict», «Tierra II», » The Crow», etc.

Estas series están ya presentes en canales satelitales que entran en todas las redes de cable de nuestro país, y muchas de ellas han llegado a la televisión abierta con éxito diverso.

Autor: Oscar Gerometta

Fuente: Catholic.net

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