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Daniel Sapia No Dice la Verdad Parte III

Papa Francisco

Ataques al Carisma Petrino. 

Ubi Petrus, Ibi Ecclesia (Donde Pedro está, allí está la Iglesia) — San Ambrosio, Obispo de Milán (ca. 382 A.D.)

San Ambrosio

Los siguientes pasajes, extraídos por Sapia de la obra anticatólica de Dave Hunt «A Woman Rides the Beast» («Una Mujer Cabalga Sobre la Bestia»), es lo próximo que se nos cita para tirar abajo nada menos que al mismo Apóstol Pedro. Este libro es una mescolanza de teorías fundamentalistas sin ninguna seriedad exegética, ¡lo único que falta es que nos citen de «La Atalaya»!

Además esto no es nada nuevo; veamos lo que los herejes del primer siglo hacían y veremos que estos atacantes de Pedro aparte de ser tardíos también carecen de originalidad. Esta vez el registro patrístico nos dice en una carta de San Cipriano del año 252:

«Con un falso obispo elegido de entre ellos mismos por herejes, se atreven a echarse a la mar y traer cartas de cismáticos y blasfemos hasta la misma silla de Pedro y a la Iglesia Principal en la cual la unidad sacerdotal tiene su fuente; ni siquiera piensan que estos son Romanos, cuya fe fue elogiada y predicada por el Apóstol y entre los cuales no es posible que la perfidia tenga entrada»

Con esto introducimos al lector a los «iluminadores» conceptos sobre la falibilidad de San Pedro como ser humano que nos presentan este «investigador evangélico». Se atreven a atacar a Pedro que, falto de educación y con un carácter fallido como el de cualquier ser humano, fue inspirado por el Espíritu Santo para escribir dos bellísimas epístolas a toda la Iglesia.

52. ¿Fue infalible el Apóstol Pedro? (Extractos de «A Woman Rides the Beast» – Dave Hunt – Harvest House Publisher – 1994)

53. Si las palabras de Cristo en Mateo 16:18 hicieron a Pedro el primer Papa infalible, entonces existe un gran problema. Las siguientes palabras, de los labios de Pedro, negaron el corazón mismo del evangelio cristiano, declarando que Cristo no necesitaba ir a la cruz: «Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto [la muerte en la cruz] te acontezca» (v.22). El Señor respondió: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!» (v.23)

54. Aquí estaba la declaración ex cátedra inicial de Pedro a toda la iglesia (que está registrada en La Biblia) sobre fe y moral (trata del medio de salvación), y esto no era infalibilidad, sino herejía. En el capítulo siguiente, Pedro comete otro grave error, con otro pronunciamiento hereje. Coloca a Cristo en el mismo nivel con Moisés y Elías:

55. «Señor… si quieres hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» (Mateo 17:4). Esta vez es Dios mismo que desde el cielo reprende al «nuevo Papa»: «Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a Él oíd» (v.5) Más tarde, temiendo por su vida, Pedro niega con juramento y maldiciones que conocía a Cristo. De nuevo una declaración sobre «fe y moral», a toda la iglesia, al negar a Cristo mismo. Aun si los papas fuesen sus sucesores, Pedro difícilmente podría pasar a ellos una infalibilidad que él mismo obviamente no poseía.

[pp. 52-55] Improcedente. El lector, ya prevenido de lo que es en realidad una declaración ex cathedra no necesita muchas luces o excesiva buena fe para darse cuenta de lo torcido de estos razonamientos de Dave Hunt. Si es cierto que Pedro negó tres veces al Señor, luego es asimismo cierto que tres veces el Señor le entregó el pastoreo de su Iglesia (Juan 21:13-19).

Note el lector la centralidad de Pedro en el capítulo 21 del Evangelio Según San Juan y en los Hechos de los Apóstoles. Es obvio que la decisión del Señor de entregar la incipiente Iglesia a Pedro no fue ignorada por los Apóstoles ni dejaron de registrarla debidamente todos los autores del Nuevo Testamento, en donde se ve a Pedro con frecuencia tomando la posición de liderazgo entre sus hermanos apóstoles (Gálatas 1:18, Hechos 2:14; 3:11-25; 4:8; 5:27-33, 10:1-44).

El punto, que algunos intelectuales cristianos de nota (como Chesterton que citamos al abrir este artículo) comprendieron sin ningún problema, le resulta tan difícil a Dave Hunt que tiene que arremeter contra el mismo Apóstol Pedro. Hunt concluye que nada bueno puede hacer Dios con alguien falible y humano. Quizás Dios debiera elegir a algún ser angelical para prevenir a su Iglesia del error. Esto sería magnífico si no fuera antibíblico e imposible.

Pedro pasó a sus sucesores la autoridad que de Cristo recibió, esto es lo que todos los cristianos han creído por mil quinientos años antes de la aparición de Martín Lutero. Pedro es un pecador, como yo, como cualquier prelado que lo sucediera. Si estos señores esperan que Dios les haga una iglesia sin pecadores, que comiencen a leer la Biblia de nuevo porque Dios tiene otros planes de los que ellos no se han enterado. Jesús se sienta a comer con pecadores y publicanos aún hasta el día de hoy no importa lo que los fariseos digan escandalizados. Esto no tiene nada que ver con la infalibilidad en materias de fe y moral.

Veamos lo que dicen los escritos patrísticos del asunto, por ejemplo Tertuliano que madruga a Hunt por solamente algunos siglos:

«Además, si Pedro reprochado [por Pablo] porque, habiendo vivido con los gentiles, luego se separó de la compañía de ellos por respeto a [otras] personas, su falta ciertamente fue de proceder y no de doctrina» (Utque conversationis fuit vitium not praedicationes»). [1]

Esto es prueba de que un obispo puede estar en desacuerdo con el Obispo de Roma sin salirse de debajo de su autoridad. También es prueba de que estos ataques no son nuevos. Lo que era irrazonable en el tiempo de Tertuliano hoy es irrazonable también.

56. Hans Küng, un destacado teólogo católico actual, recientemente destacó que: «El principal texto de prueba citado en el Concilio Vaticano I a favor de la infalibilidad papal, Lucas 22:32 («pero yo he rogado por ti, para que tu fe no falte») jamás fue usado siquiera por los canonistas medievales para documentar este dogma, incorrectamente hecho. En este pasaje, Jesús no promete a Pedro libertad de error sino gracia para perseverar en la fe hasta el fin.» (August Bernhard Hasler, How the Pope became infallible, 1981, p.8 en la introducción)

[p. 56] Improcedente. No viene mal desmentir a Hunt, Küng y Hasler en la misma pasada. Küng podrá ser un destacado teólogo, pero de católico, repitamos que no tiene nada. Küng no es católico. El asevera que su interpretación personal de Lucas 22:32 es más acertada que las conclusiones patrísticas que hemos citado antes y que vuelvo a citar ahora. Preste atención el lector al antecedente histórico, San Cipriano de Cartago en 256, San Agustín de Hipona (n.354- m.430) y Sixto III en 433, unos mil seiscientos años antes de que Hans Küng nos «iluminara» a nosotros y a millones de cristianos que han vivido desde entonces y que aparentemente según él, no captamos el punto. Creemos que el doctor Küng ha llegado un poco tarde.

Como las «verdades» que los fundamentalistas «descubren» por inferencias erróneas al leer las Escrituras veinte siglos después de los hechos… el razonamiento de Küng ignora lo que creen y declaran personas más cercanas a Cristo en el tiempo y la distancia. El hecho de que sus elucubraciones contradicen la sincera declaración de fe de todos los doctores de la Iglesia y de los cristianos de veinte siglos… no lo detiene de hacer declaraciones impropias de un estudioso formado en teología.

«A medida que los conceptos de la autoridad magistral de la Iglesia y de la primacía papal se hicieron más claros a los cristianos, también se les hizo más clara la noción de la infalibilidad papal. Esto ocurrió temprano en la historia de la Iglesia. En 433 el Papa Sixto III declaró que «el estar de acuerdo con las decisiones del Obispo de Roma es estar de acuerdo con Pedro, quien vive en sus sucesores y cuya fe no falla».

San Cipriano de Cartago, que escribiera alrededor del año 256, preguntó:

«¿Se atreverían los herejes a acercarse a la misma silla de Pedro de la cual se deriva la fe apostólica y desde la cual no puede emanar error?»

San Agustín de Hipona (n.354- m.430) resumió este antiguo concepto remarcando, «Roma ha hablado; el caso está cerrado.» [2]

57. La naturaleza anti-bíblica del cargo papal le da al hombre que lo ocupa un poder aun mayor que el de un tirano político. Y tanto la oportunidad como la tentación de abusarlo se aumenta inmensurablemente cuando el hombre se considera infalible, algo que ningún gobernante civil se atrevería a reclamar hoy.

[p. 57] Improcedente. Tenemos algunas noticias para el autor. La Iglesia no es la democracia norteamericana. Los Papas reinan y gobiernan, claro está que bajo la vigilancia de Alguien a Quien deben responder por sus acciones. Si el papado se ha ido definiendo con el tiempo es por necesidad. Los hebreos que llegaron con Josué a poseer la Tierra Prometida tardaron muchas generaciones en consolidar una forma de gobierno y una liturgia religiosa. La historia de los pueblos de Dios es dinámica y no hay nada en la Biblia, ni en la tradición que diga que la Iglesia debe «congelarse» y quedarse tal cual la dejó Jesucristo luego de su ascensión. Todo lo contrario, la Iglesia está para hacer «cosas mayores que éstas» y para declarar el Evangelio hasta las partes más remotas de la tierra.

Tentaciones de abuso y abusos ciertamente han existido y existirán pero la barca no se hunde porque Cristo está en ella. Si no fuera así ¿Cómo hubiera durado hasta hoy? ¿Cree el autor de esta cita que la Iglesia está equivocada en seguir el modelo que le impusieron los Apóstoles y debiera en cambio tener una democracia a la americana?

En el país del señor Hunt, no hace mucho tiempo, el presidente se vió embrollado en una situación francamente inmoral. Luego mintió para cubrir el vergonzoso hecho y finalmente arrastró al país por un proceso de juicio político que no fue para nada provechoso. Sin embargo, mientras todas estas cosas ocurrían, ese mismo presidente continuó dando órdenes a los militares, firmando leyes y haciendo todo lo que el primer ejecutivo de un país hace. A nadie se le hubiera ocurrido decir que las leyes que este hombre firmó son malas debido al episodio inmoral por todos conocido.

Ningún militar desobedeció las órdenes recibidas por esa causa. Las leyes de ese país están preparadas de tal manera que la vida personal de los legisladores, presidentes o jueces no afecta la creación o interpretación de las mismas. Los ciudadanos americanos obrando dentro de las leyes de ese país, no tuvieron ningún problema en separar la conducta imperfecta de su presidente de su efectividad y autoridad legal como jefe de estado.

¿Es tan difícil entonces, comprender que Dios haya hecho un arreglo efectivo para guiar a su rebaño sin depender de la pureza moral de los pastores? ¿Es posible para Dios escribir derecho en renglones torcidos?

58. Para poder ver el efecto devastador de atribuir semejante autoridad suprema a un mero hombre, solo se necesita observar la reacción servil de los que tienen la fortuna suficiente de conocer al Papa en persona, de estrecharle la mano o de tocarlo. Puede observarse el desbordante entusiasmo de las decenas de miles de personas que se reúnen cuando el Papa hace acto de presencia personal. En el servil reconocimiento de la infalibilidad hay una identificación indeseable de los fieles católicos romanos con el poder papal. Es una identificación que engendra, aún entre los miembros comunes de la Iglesia, un orgullo enceguecedor y destructor de pertenecer a «la Iglesia mas antigua y mas grande… la única verdadera, fuera de la cual no hay salvación». Dicho engreimiento hace a los católicos, devotos insensibles a lo que de otra forma serían los evidente fracasos en su Iglesia, y los mantiene en su poder.

[p. 58] Falso. El «efecto devastador» está a la vista: la Iglesia ha prevalecido hasta el día de hoy. Allá se han ido los Césares de Roma, el Imperio de los Hasburgos, Napoleón, Hitler, la Unión Soviética y muchos herejes que tenían ideas parecidas a las de Dave Hunt… ninguno de ellos más o menos sapiente que los que formaban la Iglesia de sus tiempos correspondientes. Sin embargo ellos no están y la Iglesia está ahí. Cristo derrotó a César y se quedó con su capital, su idioma, la púrpura imperial, el título de Pontifex Maximus y con el imperio entero. Ah! ¿Usted lee en eso una derrota? ¿»Evidentes fracasos» dice usted? Pues no se preocupe, espere otros veinte siglos que quizás se caiga como se cayeron las falsas iglesias edificadas sobre la arena del tiempo y no sobre Cristo. Por el momento, antes de creerle a usted, le creo a Jesús, que dijo «no prevalecerán».

En cuanto al cariño católico por el Papa (a mi me caía simpático aún antes de yo ser católico), creo que detecto un poco de envidia en estas palabras. Hemos tenido pontífices fríos y distantes y otros cercanos y cálidos al afecto popular. Son seres humanos que han renunciado a todo para heredar la hermosísima promesa del Señor a Pedro: «No hay nadie que haya perdido casa, hermanos, hermanas, madre, padre or tierras por mi causa o por causa del Evangelio que no reciba el céntuplo en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierra -junto con persecuciones- ahora y en el mundo por venir, también vida eterna». Junto con el amor de su grey, Juan Pablo II ha heredado las balas de Mehmet Alí Agca y los agravios que usted le envía entre otras pruebas tremendas. Pero el amor permanece más que los insultos y los ataques no prevalecen. Además, cuando el Papa habla, el mundo escucha. La unidad de la Iglesia bajo el Papado está «puesta en un lugar alto, para que ilumine toda la casa».

Aun Dave Hunt ha podido notar «el desbordante entusiasmo» de los católicos por nuestro Padre en Cristo. Eso, lo hacemos porque lo amamos, como bien se puede ver. Lo que usted llama engreimiento nosotros lo llamamos fidelidad y está bien justificada pues no tenemos que figurarnos quién de entre las decenas de miles de «pastores» protestantes nos puede orientar un poco en materia de salvación: confesamos sin problemas: extra ecclesiam nulla salus. ¿Qué tiene que ver el entusiasmo católico por el Papa con la infalibilidad de éste en cuestiones de fe y moral? Fallo en verlo. No hay «dominación», no hay «temor», tan solo amor (1 Juan 1:18)

59. Los apologistas católicos se jactan en marcar la diferencia que existe entre «infalibilidad» e «impecabilidad». [1] (¿Cómo borrar 1500 años de historias truculentas, de homicidios, adulterios, asesinatos en masa?). Lo inconcebible es que acepten que estos mismos pecadores hayan sido infalibles cuando hablaban ex cátedra -es decir, cuando hicieron pronunciamientos dogmáticos sobre fe y moral a toda la Iglesia. Estos apologistas católicos arguyen que hay una diferencia entre «impecabilidad en carácter y conducta», algo que los papas ciertamente no tuvieron, e «infalibilidad en fe y moral», que todo católico debe creer que tuvieron [2] (Extractos de «A Woman Rides the Beast» – Dave Hunt – Harvest House Publisher – 1994)

[p. 59] Faltan pruebas históricas. «Homicidios, adulterios y asesinatos en masa» todo se ofrece al lector como si fuera un hecho histórico de dominio público y sin molestarse por documentar nada. Pareciera que es innecesario ya que el reo, la Iglesia, es declarado culpable antes de entrar en esta corte. Seria interesante que se defina lo que es un «asesinato en masa» y que se expongan fechas, cantidades de víctimas y presuntos responsables. Hasta ese día, no se puede refutar este cargo hecho en el aire pero que le permite a Hunt seguir haciendo dinero con su acusatorio «best-seller». Quizás pudiéramos aducir que las conocidas irregularidades sexuales y financieras de ciertos tele-evangelistas americanos privan al neo-fundamentalismo americano de cualquier autoridad moral…

En cuanto a la diferencia entre impecabilidad e infalibilidad, si al señor Hunt le parece inconcebible no es por falta de explicaciones católicas. Reproduzco aquí la contestación de Karl Keating y recomiendo la lectura cuidadosa del capítulo XVIII de su libro, traducido en este mismo sitio.

La infalibilidad del Papa es con certeza una doctrina que se ha desarrollado con el tiempo, pero no es algo que saliera súbitamente de la nada en 1870 sino que está implícita en los siguientes textos petrinos: Juan 21:15-17 («Alimenta a mis ovejas»); Lucas 22:32 («He orado por tí para que tu fe no falle»); Mateo 16:18 («Tu eres Pedro…»). Cristo instruyó a la Iglesia a predicar las buenas nuevas (Mateo 28:19-20) y prometió la protección del Espíritu Santo «para guiarlos en toda verdad» (Juan 16:13). Ese mandato y aquella promesa garantizan que la Iglesia nunca se apartaría de sus enseñanzas (1 Timoteo 3:15), aun cuando ciertos católicos individualmente pudieran hacerlo. La incapacidad de la Iglesia de enseñar error es en sí la infalibilidad y es una protección por pasiva. Significa que lo que se enseñe oficialmente no puede ser erróneo. No significa que los maestros oficiales tendrán la inteligencia de ponerse de pie y enseñar lo correcto cuando sea que se necesite enseñar algo. [3]

En definitiva Daniel Sapia no nos ha presentado nada nuevo, repite los mismos gastados argumentos, destinados a ensuciar, calumniar y vilipendiar aquello que no comprende por carecer de inteligencia o de buena voluntad para aplicarse al estudio. Habiendo leído todas las afirmaciones que hace en su panfleto encontramos que miente, falsea, tuerce, reproduce irresponsablemente y afirma sin mostrar pruebas fidedignas. Haría bien en consultar fuentes de verdadera seriedad académica, que no faltan ni son difíciles de encontrar cuando uno de veras quiere «conocer la verdad».

Concluyo citando a un apologista protestante que leo con asiduidad y admiro por su integridad y valentía, así como por su profundo sentido ecuménico y por su vasta cultura. Exhortándonos a vivir la verdad, nos dice:

«Si la llamada divina no nos vuelve mejores, nos vuelve peores. De todos los malos hombres, los hombres malos y religiosos son los peores. De todos los seres creados el más malvado es uno que originalmente estuvo en la inmediata presencia de Dios. [4]

Referencias

[1] Tertuliano «Adversus Omnes Haereses». William A. Jurgens, «Faith of the Early Fathers». Lithurgical Press, Collegeville Minnesota, Vol. I p.84 ¶ 295. Edición de 1970. Comentario de Tertuliano sobre la reprensión paulina a Pedro (Gálatas 2:11-14). Traducción del Autor.

[2] (Karl Keating, «Catolicismo y Fundamentalismo, EL ATAQUE DE LOS «CRISTIANOS BÍBLICOS» AL «ROMANISMO» Ignatius Press) Ver traducción en este mismo sitio.

[3] (Karl Keating, «Catolicismo y Fundamentalismo, EL ATAQUE DE LOS «CRISTIANOS BÍBLICOS» AL «ROMANISMO» Ignatius Press) Ver traducción en este mismo sitio.

[4] C.S. Lewis de «Reflections on the Psalms» cap. 3, par. 20, p. 32. Traducción del Autor.

Autor: Carlos Caso-Rosendi

Fuente: Voxfidei.com

CONTINUA…

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